El pintor del barrio
Entrevista con Alfredo Vilchis

Alfredo Vilchis (Ciudad de México, 1960) es uno de los pintores de ex votos más importante del México actual; cada año sus trabajos se exponen en diferentes galerías de Francia. Es como todos los profetas que no se jactan de serlo: en su país casi nadie lo conoce o reconoce su trabajo. De esto se dio cuenta con un nudo en la gargante una noche en París cuando de forma simultánea se exhibían en cuatro espacios de arte; dice que él estaba solo, era el único mexicano entre extranjeros que aplaudían y reconocían sus retablitos –como también los llama. En ese vacío que le causó dolor salieron de pronto los acordes de El Rey, la canción del poeta popular José Alfredo Jiménez. Esa noche era el rey, pero solo, sin los suyos.

–Me da mucho coraje que me den más espacios en París que en México.
Aquí en el México no tiene la fama que debería contar un artista como él: forjado a mano, autodidacta, emergido desde el subsuelo del barrio; no entiende las causas de este frío mirar hacia sus dibujos y sus crónicas urbanas. Desde hace muchos años impulsó el comercio de los ex votos desde su puesto callejero en el tianguis de La Lagunilla, en la ciudad de México; él fue de los primeros, siempre solo, en abrir camino. Ahora ya cualquiera copia y realiza ese mismo trabajo, pero sin en carácter social, filosófico y ético que pone en cada lámina, madera o cartón en donde se plasman sus personajes que confiesan sus fechorías o milagros de forma indirecta.
Vilchis es para los galeristas europeos el Da Vinci de los retablos. El Leonador Da Vilchis que creó el Arcángel del Barrio para proteger a toda la gente. En la monstruosa Ciudad de México ya no basta con sólo la ayuda de San Judas Tadeo y la Santa Muerte para proteger a los que más lo necesitan. Una ocasión, recuerda, Carlos Monsiváis le dijo que sus piezas son la crónica de la ciudad porque son la historia de un pueblo que se ha ido perdiendo y le anticipó que algún día iban a hablar de él por su labor artística. Lo que no le advirtió el gran intelectual mexicano en ese entonces fue que hablarían de él pero no a la frecuencia de sus necesidades. Sus temas son la prostitución, drogadicción, la revolución mexicana, el futbol, los toros, amores clandestinos. Esas escenas las ha ido documentando desde hace 30 años.



Este pintor de ex votos que parece más un boxeador retirado o un rockero urbano de los años 80 en su natal Tacubaya que se dejó el look del cabello largo. Sus manos son gruesas y fuertes como de un noqueador que tuvo que abrirse paso en el barrio, sólo que no vence a sus rivales en el cuadrilátero imaginario de las calles sino en esa capa social donde sus ex votos buscan round a round poner sobre las cuerdas la indiferencia y falta de reconocimiento hacia ello. Desde el primer capítulo de esta larga pelea los ha puesto contra las cuerdas y no los ha dejado defenderse. Como un gran peleador no busca el golpe matador desde los primeros minutos, quiere que la batalla se extienda. El Arcángel del Barrio, sí sale a masacrar a sus oponentes, pero otro de sus heterónimos, El Loco Soñador disfruta el momento, no importan que todos finjan a su alrededor que no lo ven. “Para mí si aplica eso de que nadie es profeta en su tierra”, dice, sus ojos se vuelven más oscuros y profundos como la noche porque ha dejado de ver a su entrevistador y se ha regresado a ese mundo en donde se siente acompañado. Seguro ya está bocetando en su mente el siguiente cuadro que aplaudirán los europeos y que los mexicanos en su ignorancia sumergida en futbol y telenovelas se impedirán ver.
