Panóptico cúbico en movimiento y el desastre como opción

Te subes al Metro a las 6:34 de la mañana. El vagón está hasta la madre incuso a esa hora donde muchos como yo, miles, millones, van hacia sus trabajos. Entre estaciones, en un túnel iluminado sólo por el tren solo en ese ducto y una lámpara de neón que quien sabe cambia cada vez que se funde. Un tipo tose una vez, luego, casi de manera performática una señora muy perfumada también tose pero ella sin poder contenerse de ese ataque del que todos se asustan como si estuvieran en medio del contagio de una enfermedad postapocalíptica. Todos enmudecen y activan sus esquizoide soliloquio mental implorando que ya de una vez por fin avance el alargado carro naranja sobre los rieles para llegar pronto a la estación y salir vomitado del vagón lo más rápido posible.