Vivimos en medio de grandes paradojas. Mientras que la vida se vuelve más cómoda y sencilla producto de muchos avances tecnológicos, cada vez nos alcanza menos el tiempo y cada vez corremos más por la vida.
La parashá de esta semana narra la historia de Balak, rey de Moav, quien se atemoriza por la inminente llegado de Israel a la tierra de Canaán. A pesar de que Moisés enviaba a cuerpos diplomáticos para evitar el enfrentamiento militar, pocos creían, tanto ayer como hoy, en la diplomacia.
Sabiendo Balak que por la via militar iba a fracasar, decide una estrategia diferente. Le solicita a Bilaam, mago o brujo, hombre respetado de la época, que maldiga a Israel. El misterioso Bilaam, hijo de Beor, no pertenecía al pueblo de Israel, ni tenía relación con Moisés. A pesar de todo esto, era capaz de comunicarse de manera directa con D´s.
Por esto, se preguntan los exegetas:
¿En qué se diferencia Bilaam de los profetas de Israel? ¿Por qué Bilaam es presentado por nuestra tradición como un hombre malvado?
EL Jafetz Haim, un famoso rabino del siglo XIX , se detiene en la siguiente observación:
Cuando uno lee la Torá desde su rollo, se encuentra con que entre sus letras existen espacios. Cada silencio refleja, como una nota musical, parte del relato, el cual no puede eliminarse.
¿Qué es lo llamativo de esta parashá? Desde que Balak se preocupa por Israel, hasta el final de la profecía de Bilam, en el texto no encontramos ningún espacio, ningún momento de silencio, el texto no se interrumpe en ningún momento.
En cambio señala el Jafetz Haim, siempre que D`s habla con Moisés son frecuentes las interrupciones en el texto. ¿Qué significan esas interrupciones? El tiempo y espacio necesario para digerir lo que se está diciendo, para comprender y captar el mensaje, para lograr una verdadera transformación y no ser sólo un instrumento de otras manos.

Bilaam era un hombre de mundo, práctico, exigente , eficiente. Bilaam quería cumplir con su misión sin detenerse a observar lo que hacía. Cada mandato debía ser cumplido a la perfección. El pensaba que podía controlar la realidad, hasta el punto de decidir cuándo hablar o no con D´s, y su desgracia, es que sin darse cuenta cuanto más pensaba que controlaba las cosas, más en autómata se transformaba. De hecho ya ni podía controlar las palabras que salían de su boca. Su cuerpo terminó siendo tan sólo un instrumento. De hecho Bilaam no discutía con D`s mientras Moshé sí se atrevió a hacerlo.
Hasta que algo cambió. Vaysa Bilam et Einav. Alzó Bilaam sus ojos.
Contempló lo que tenia alrededor, contempló la inmensidad de la Creación, contempló lo valioso de la vida, y dejó esta vez que hable su corazón y no aquello que tenía programado. Sus palabras fueron tan sinceras, tan plenas, que las repetimos cada vez que ingresamos en la sinagoga. Ma tovu Oaleja Iaacov. Bilaam se permitió un respiro, un espacio, un silencio, al cúmulo de palabras, tiempos, aceleración. Fue ese momento de reflexión, de detenerse, de contemplar lo que lo acercó a Moisés.
Y somos nosotros Bilaam cuando corremos sin saber a dónde vamos, cuándo cumplimos, sin saber por qué lo hacemos, cuando ni siquiera nos damos el tiempo necesario para elegir nuestras palabras.
Y retornamos a la tradición de Moisés, cuando aceptamos que los silencios, el detener y detenernos , el aceptar nuestros tiempos para ser capaces de escuchar el mensaje que nos da la vida, de crecer y transformarnos, de entender que como decía Benedetti que no por cuanto más fuerte se hace el trazo más se camina.
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