Igualdad abstracta e igualdad concreta

Uno de los muchos problemas que afectan a nuestra sociedad tiene que ver con el concepto que tenemos acerca de la igualdad entre todos los que conformamos el género humano. La igualdad de todos es un concepto abstracto por más que muchos se esfuercen en presentárnoslo como algo concreto y palpable. Y mientras su pretensión parece triunfar cuando nos presentan como seres que tenemos piernas y brazos, dos ojos, boca y capacidad de hablar y además andamos erguidos y somos capaces de hacer cosas con las manos y de organizarnos en sociedades, en cambio fracasa estrepitosamente cuando afirman que todos tenemos parecidas capacidades cognitivas y las mismas cualidades humanas y anímicas. Y es vox populi que la gran mayoría de ese humanidad que ellos pregonan como igual y homogénea en todo lucha día tras día por diferenciarse del prójimo y que es muy consciente (o al menos así lo pregona una y otra vez) de que es evidente que existen diferencias en nosotros.

Este es el fundamento por el que el comunismo fracasó, al no centrarse exclusivamente en conseguir la igualdad de derechos y deberes y querer convertir a todo el mundo en un conjunto homogéneo de humanos iguales, uniformados, asexuados y desposeídos de su particular identidad. Por supuesto, la intelectualidad y el corpus ideológico que conformaban aquellos que impulsaron esta teoría social acabaron por ver su error casi a la par que construían su utopía nacida de una feroz revolución. Con prontitud tuvieron que reconocer que existían diferencias y que había que estructurarlo todo atendiéndose a esa natural manifestación.

Ya de muy antiguo se sabía que la humanidad no era homogénea, es decir su simiente, siendo de naturaleza humana, no era — en cambio — originaría de una misma fuente o lugar de origen. Esa es la primera diferenciación que produjo las razas. Afirmar que las razas humanas son fruto de las particulares características ambientales del lugar donde éstas han sido originadas no es errado si se circunscribe lo expresado a un escenario que abarque otros mundos, además de la Tierra. Lanzar hipótesis que abren la posibilidad a que en el pasado se produjeron mutaciones genéticas que causaron las diferentes razas de humanos no es tampoco descabellado si introducimos el término “manipulaciones genéticas” llevadas a cabo por un propósito inteligente. Y si pensamos en términos evolutivos darwinianos imaginando que las razas son el resultado evolutivo de diferentes especies de hombres monos que lograron sobrevivir a las numerosas vicisitudes acontecidas en cientos de miles de años, quizás nos acerquemos a la más razonable de las hipótesis aventuradas por los científicos en la actualidad. Incluso explicaría el hecho de la extinción de otras especies o razas humanas en el pasado como los cromagnones, neanderthales, etc.

Podríamos hablar mucho con respecto al origen de las diferentes razas, no obstante no es el tema a tratar aquí y por tanto solo lo mencionamos para exponer una de las diferencias físicas más palpables que podemos observar en nosotros mismos. La segunda es, sin duda, el sexo. La humanidad se divide en hombres y mujeres y, es evidente a todas luces, que somos diferentes anatómicamente y también lo somos en lo mental y en lo anímico. Todo el mundo sabe esto, sin embargo existe un desmesurado esfuerzo por parte de cierto sector de poder apoyado por un grupo de ideólogos que viven de ellos que se dedican sin descanso a introducirnos en la mente algo diferente a lo que la naturaleza nos muestra constantemente. Han conseguido tanto éxito en Occidente con sus propósitos que ya son una gran mayoría los que se sienten ofendidos y te califican si afirmas que el hombre y la mujer son diferentes. Y han conseguido su propósito al confundir el término igualdad con dos conceptos que son antagónicos. Por un lado, se entiende por igual algo que es en todo semejante a otra cosa.

Científicamente hablando una cosa igual a otra sería una replicación, algo sumamente raro en la naturaleza. La filosofía nos diría que no existen dos cosas iguales y, por lo tanto, estaríamos hablando de una abstracción. La otra cuestión es la igualdad social que proclamaría que todos somos iguales ante la ley y la justicia y que tenemos iguales derechos y deberes. La segunda acepción está en el campo de lo concreto y, por tanto el término igualdad aquí se entiende sin fisuras. Al meter en el mismo saco lo uno con lo otro, lo único que se pretende, una vez más, es desvirtuar conceptos que, por separado, todos hemos tenido bastante claro. Que se diga: EXISTEN LAS RAZAS! No significa que se esté haciendo predica del racismo y que se grite: LOS HOMBRES Y LAS MUJERES NO SON IGUALES! No nos sitúa entre los sexistas más activistas. Es natural y parte crucial de nuestra supervivencia que existan hombres y mujeres para, a partir de su unión, poder generar nuevos hijos y, entre los dos, dar sustento y criarlos. Esto ha sido así durante miles de años y seguirá siendo a pesar de los maquiavélicos planes de algunos que pretenden destruir el núcleo familiar que no la generación. Y ¿porqué pretenden destruir el núcleo familiar que es, en esencia, la tribu? pues porque las personas desarraigadas de sus lazos familiares están solas, huérfanas y buscan el calor y el abrigo de alguien, o de un grupo. Estas personas son emocionalmente muy manipulables, llenas de temor y es fácil dominarlas. El que está fuera de la tribu, es un lobo solitario, presa fácil, vulnerable. En la antigüedad las culturas eran por igual, matriarcales y patriarcales pues las áreas de influencia en el quehacer diario estaban establecidas con igualdad y según las cualidades intrínsecas en cada sexo. Nunca la mujer fue inferior al hombre y viceversa. La desigualdad de género proviene de las culturas Patriarcales sin olvidar que también hubo culturas de Amazonas o matriarcales donde el hombre fue relegado a un nivel inferior. El equilibrio es lo justo, pero eso no es lo que busca el feminismo más recalcitrante de hoy en día. En cuanto a las razas, estas existen y son un hecho al igual que existen diferentes razas de gatos y perros y de numerosas otras especies animales y vegetales. Y además, es evidente que hay diferencias en cuanto a constitución física, cualidades y aptitudes, etc. entre ellas. Eso es sabido por todo aquel que ha decidido investigar esto. Cada raza debe estar orgullosa de ser lo que es y admitir sus cualidades y también sus carencias y defectos. Lo que marca la desigualdad no es eso sino el hecho de que una u otra raza se erija como superior a la otra y, en posesión del poder maltrate, rebaje y esclavice a las demás. Y esto, no solamente es aplicable a los blancos, ya que en otros periodos de la historia han sido otras razas las que han aplicado su suplemacía sobre las demás.

Nuestros antepasados tenían bastante más claras las cosas y su conocimiento estaba íntimamente unido a la observación de la naturaleza. Lejos de imaginarlos como seres simples y carentes de una elevada inteligencia tal y como a menudo nos los pintan en los libros de texto de las escuelas, nuestros ancestros tenían gentes de gran inteligencia y sabiduría que guiaron sus vidas y dieron forma y orden a sus civilizaciones. Hoy también existen mentes brillantes y sabias que intentan guiarnos, el problema es que el orden natural por el que se organizaba una sociedad ha sido en buena manera encubierto y tergiversado. Porque los hombres, además de ser de diferentes razas y fruto del mestizaje de unas con las otras, además de ser unos machos y otros hembras, además de ser altos y bajos, gorditos y flaquitos, somos diferentes en nuestras cualidades mentales y anímicas. Ello significa que no todos tenemos la misma capacidad intelectual ni las cualidades intrínsecas a nuestro carácter anímico y ello supone que nuestras aspiraciones vitales se inscriben dentro de un marco interpretativo y de actuación específico.

Al respecto se pueden establecer cuatro niveles de desarrollo humano y según estos, la mayoría de la humanidad pertenecería al primer nivel: el de los instintivos cuya voluntad está supeditada a las apetencias corporales más vitales. Para ellos, su marco de realidad es la riqueza, la seguridad, la prosperidad y el «bienestar»; los demás valores son secundarios y por tanto no tiene fe en ellas en su fuero interno; su imaginación alcanza pleno desarrollo en el plano de la estabilidad económica, del perfeccionamiento en el área laboral y el rendimiento, lo cual, transpuesto al plano religioso, impulsará la perspectiva de acumular méritos con miras a conseguir una plaza segura en la otra vida.

El segundo grado del desarrollo humano está conformado por un grupo de hombres más reducido en número que los del primer nivel. Su parte instintiva está aún muy presente pero su marco de realidad se centra más en lo sensible y existe en ellos una inteligencia y razón que intenta profundizar en la naturaleza de las cosas pero bajo una concepción material. Son temperamentales y apasionados y en este nivel es común que encontremos a hombres de guerra que tienen elevados sentimientos del honor y del deber, pero también hay artistas y poetas. La mayoría de los hombres de letras y de los eruditos pertenecen a este grado. Aquí se da el tipo “caballeresco”, el hombre que se embarca en nobles cruzadas, la inspirada Juana de Arco, el romántico amante. Tienen, por lo común, una inteligencia aguda y analítica que dedican a la acción y a llevar a cabo múltiples propósitos.

El número de hombres del tercer nivel de desarrollo es aún más reducido que los del segundo nivel. Son hombres cuyo principal marco de lo «real» es lo inmutable, lo trascendente y no creen, en su fuero interno, ni en la «vida» ni en la «tierra»; hay algo en ellos que permanece ajeno al los eternos cambios y a lo efímero de la materia. Por tanto, se esfuerzan por arrancar a su mente de la tiranía de las pasiones y de los límites que nos impone la materia. Su visión de las cosas y de los hechos es macrocósmica, atemporal, universal. Son capaces de vislumbrar las Leyes Universales que rigen el Cosmos e interpretarlas en lo vital. Son los sabios. Esos hombres conforman el grueso de los héroes épicos, de los martires de grandes causas, de los verdaderos filósofos y sabios, los que según Pitágoras y Platón deberían gobernar a la Humanidad. En estos hombres aún la pasión no se ha extinguido porque sin ella nada puede hacerse; no obstante, han conseguido que esta pasión sea sierva de la inteligencia. Los del segundo y tercer nivel son hombres idealistas, pero mientras que los primeros lo son a un nivel humano o egocéntrico, los segundos lo son en un plano de desapego y de servicio desinteresado.

Existiría un nivel de desarrollo donde se reúnen el sumum de las cualidades a las que puede aspirar un HOMBRE en mayúsculas. Un ser que incluso transciende lo humano y que es escasísimo de encontrar. De hecho es tan raro toparse con uno de ellos que se les puede contar a través de la historia. Se dice de ellos que encarnan al Hombre Primordial, al modelo arquetípico perfecto y puro, el Hombre Original. En ellos se manifiesta el control absoluto de la Conciencia espiritual, la Suprema Inteligencia, sobre el alma y sobre los instintos. Este control absoluto le confiere el poder de manifestar el poder de la Voluntad sobre todo su ser. Poseen el dominio sobre todas sus facultades y por tanto son Reyes de si mismos. Su marco de realidad se circunscribe a otros planos de manifestación creativa que se manifiestan más allá de lo material y son capaces no solo de ver y comprender las Leyes Universales que rigen el Cosmos sino que además operan e interactúan con ellas para producir cambios en el campo vital de los seres y de las cosas. Este nivel es tan excepcional que a menudo se les separa de los otros tres como si representase un punto y aparte en la evolución humana.

Por tanto, nos ceñiremos a hablar de los Sabios, los Intelectuales y los Instintivos que conforman tres grados diferenciados y que, socialmente hablando, estructuran nuestra sociedad dotándola de un orden natural de gobierno. En la India se tiene tan en cuenta está gradación del desarrollo humano que se estipularon las castas según los mismos. Por supuesto, todo se desvirtúa y acaba por sucumbir al deterioro y la perversión y el sistema de castas de la India no ha estado exento de ello, siendo hoy inaceptable en muchos aspectos por haber perdido su espíritu original. Pero, la esencia de las castas se fundamenta en el hecho incuestionable de que existen estos tres grupos de hombres. Cualquier analista del carácter y psicólogo puede confirmarnos lo que estamos diciendo. Quienes argumentan que esto es hacer apología del clasismo se equivocan. No hablamos de clases sino de niveles de desarrollo humano. Es de razonamiento común que los más avanzados en ese desarrollo dirijan y aconsejen a los que no lo están tanto. Las clases sociales son grupos de poder que han transgredido el natural orden social para dirigir a las masas con un objetivo que no es otro sino el de erigirse como dueños del mundo y someter a los demás a su voluntad. Los verdaderos Sabios y Filósofos jamás tuvieron tal motivación y, en cambio si abogaron y lucharon por liberar al hombre de las tiranías y de la esclavitud, además de incentivar el desarrollo anímico e intelectual de la Humanidad. Las clases sociales son un invento antiguo, de lo que se deduce que las civilizaciones de los Sabios pertenecen a los tiempos perdidos más allá de la historia. Lo que ocurre es que los Sabios han sido reemplazados por gobernantes de nivel instintivo, más interesados en su supervivencia, en el dinero, el poder y las riquezas que en sus semejantes. Ayudados por los del segundo nivel intentan mostrarnos un aura de sabiduría, nos engañan haciéndonos creer que ellos poseen sabiduría, pero sus actos los delatan como bien podemos ver cada día en la cantidad de injusticias y abusos que se cometen en nuestras sociedades.

Quienes ahora nos gobiernan no son ni Sabios ni Iluminados (aunque algunos se hagan llamar así). Han usurpado el lugar que legítimamente les corresponde a otros mediante el poder, las intrigas, la violencia, el miedo y el terror. Han vuelto la historia del revés, han desvirtuado términos tan importantes como Libertad, Igualdad, Justicia y han mancillado lo más sagrado con el fin de engañarnos a todos, de doblegar nuestras voluntades y de idiotizar nuestra inteligencia. No dudamos de que hoy tienen el poder pero ello no significa que poseen la legítima autoridad. Quieren a toda costa conseguir la legitimidad divina de sus actos y fechorías, pero eso es imposible, por que lo divino y lo mundano no se entremezclan.

Y, como ellos no nos pueden dar la igualdad concreta, la de ser todos juzgados y tratados con iguales derechos y deberes, ya que ello obraría en contra de sus intereses, han intentado a toda costa darnos una igualdad abstracta, así nos entremezclan interculturalmente no para salvaguardar las culturas sino para diluirlas en una sola. Abogan por el mestizaje masivo para que ya no haya razas sino solo una, no se cansan en repetirnos que hombres y mujeres somos iguales hasta conseguir que seamos todos sexualmente ambiguos, y usan sus medios de comunicación para darnos la imagen del humano homogéneo que ellos quieren: en definitiva un ser sin desarrollo anímico-espiritual, un sub-humano, un esclavo. Pero, aunque han conseguido muchos de sus objetivos, todavía chocan con los niveles de desarrollo anímico-espiritual, algo que es muy difícil de manipular y que escapa al marco físico-material en el cual se han movido hasta hace poco. Por ello intentan no ya manipular nuestras mentes sino dominar nuestras almas. ¿Lo conseguirán? Eso está en nuestras manos. Mientras tanto, seguirán habiendo sabios, apasionados soñadores entregados a nobles causas, artistas, poetas, científicos, filósofos, grandes artesanos, comerciantes, técnicos, ingenieros, labradores, pescadores y ganaderos, hombres y mujeres, blancos, negros o amarillos, todos diferentes pero integrantes de esa gran familia humana que espera ser IGUAL EN DERECHOS Y DEBERES y que no siente vergüenza de ser como es: DIVERSA EN SU UNIDAD.