Gendarmes presos del estrés: 22 funcionarios se han suicidado en los últimos siete años

Valeria Vivar
Aug 22, 2017 · 13 min read

22 gendarmes se han suicidado en los últimos siete años. Colina 1 es el centro de reclusión que registra la mayor tasa de suicidios a nivel nacional. Asociaciones sindicales, como la ANFUP y la ANSOG, apuntan a las malas condiciones de trabajo, el consumo de drogas y la falta de apoyo psicológico. También, reclaman por la falta de interés de Gendarmería y del Estado por solucionar esta problemática.

Por Liana Vega y Valeria Vivar

Oscar Benavides, sexto director de la Asociación Nacional de Funcionarios Penitenciarios (ANFUP), se prepara un café en la oficina del sindicato. Mientras revuelve el azúcar, conversa con Juan Carlos Orellana, presidente de la ANFUP, sobre las condiciones laborales de Gendarmería.

“Las condiciones laborales en una cárcel son absolutamente infrahumanas. Todo es agresivo. Todo es pena. Todo es tristeza. Son seres humanos que están ahí, muriéndose, contaminándose todos los días. Tú te llevas ese impacto para la casa todos los días”, cuenta abrumado Benavides. Dice que el sindicato lleva décadas pidiendo mejoras laborales para Gendarmería, para combatir las tasas de depresión, estrés y suicidios.

De acuerdo a datos obtenidos por Ley de Transparencia, Gendarmería registra 22 suicidios en los últimos siete años. (ver documento)

Las asociaciones sindicales de la institución explican que esta alta cifra es el resultado de la falta de personal, el exceso de licencias médicas, los turnos de trabajo extendidos, el deficiente apoyo psicológico y el desarraigo familiar. Aseguran además que ese nocivo contexto golpea especialmente a funcionarios que recién ingresan a la institución y se desempeñan como centinelas, vigilantes del perímetro de la unidad penal.

Déficit de personal

Existen dos regiones que concentran la mayor cantidad de suicidios de gendarmes entre los años 2012 y 2016: la Región Metropolitana con siete y la Región de Valparaíso con cinco.

Son esas regiones las que precisamente reúnen el 47% de la población penal del país con 20.869 reos. En cambio, la cantidad de funcionarios, específicamente suboficiales y gendarmes, es de 3.855.

Dirigentes de la ANFUP aclaran que lo ideal es que haya un funcionario cada cinco reclusos. Gracias a datos obtenidos por el Departamento de Recursos Humanos de Gendarmería y la planilla con la cantidad de reclusos -correspondiente al mes de abril- obtenida vía Ley de Transparencia, se pudo calcular la proporción estimada entre reclusos y suboficiales y gendarmes por regiones. Sin embargo, este dato no es preciso, ya que Gendarmería no puede especificar vía Ley de Transparencia la cantidad de funcionarios por recinto penitenciarios porque “afecta el debido cumplimiento de las funciones de este Servicio y la Seguridad de la Nación”. (ver documento), (ver documento)

En la Región Metropolitana hay 15.910 reclusos y 2.695 suboficiales y gendarmes. En la Región de Valparaíso hay 4.959 reos y 1.160 suboficiales y gendarmes. Según cálculos, la proporción entre recluso y funcionario de la Región Metropolitana es seis de uno y en Valparaíso es cuatro de uno, por lo tanto, ambas cifras estarían dentro del rango establecido.

Sin embargo, Froilán Lagos, dirigente de las unidades penales de la Región Metropolitana, explica que las tareas de los funcionarios penitenciarios son variadas. No siempre todos los funcionarios se dedicarán a vigilar reclusos, por lo que muchas veces un solo gendarme debe ocuparse de 10 reos.

Esta situación se repite en regiones de la zona norte. Por ejemplo, en la Región de Arica y Parinacota hay 470 suboficiales y gendarmes para 2.261 reos. Por lo tanto, la proporción indica que hay un gendarme para cinco reclusos. Lo mismo ocurre en la Región de Tarapacá, donde hay 552 funcionarios para 2.567 reos. La proporción es la misma que en Arica y Parinacota.

No obstante, la zona sur tiene mejor proporción entre funcionarios y reclusos. Por ejemplo, la Región de Magallanes cuenta con 290 funcionarios para 374 reclusos. Esto quiere decir que cada un gendarme hay un reo. En la Región de Aysén sucede algo parecido: hay 621 suboficiales y gendarmes y 280 reclusos. En este caso, los funcionarios superan a los reclusos.

Lagos culpa a la institución por la mala distribución del personal a nivel nacional. “En Colina 2 en la guardia interna trabajan 45 funcionarios al día para cuidar a 2600 internos, y tenemos unidades penales que para el sur tienen 100 internos y cuentan con 80 funcionarios”, dice.

También, Ricardo Riveros, tercer director de la ANSOG, atribuye la falta de personal a la baja postulación a Gendarmería que presenta la zona centro-norte versus la zona sur. “La mayor cantidad de personas que postulan a Gendarmería son de la zona sur y la mayoría de los funcionarios que ingresan a la institución son de la séptima, octava y novena región”, dice. Además, hay que destacar que la población penal en el sur es más escasa que en la zona centro norte.

Último gendarme caído en Colina 1

El Centro Penitenciario Colina 1 es el que presenta más casos de suicidio en los últimos siete años: uno en el año 2013 y dos en el año 2016. El último suicidio que se registró en esta unidad penitenciaria fue el de Felipe Quintana (20), quien le arrebató el arma a su compañero de servicio y se propinó un disparo en la cabeza el 22 de agosto del 2016.

Felipe Quintana y su madre, Tatiana Espinoza (45) son oriundos de San Javier, Región del Maule. Tatiana fue la que le propuso que postulara a Gendarmería. A Felipe le agradó la idea de ingresar a la institución, pues su primo era uno de sus miembros. Luego de egresar de la Escuela de Gendarmería, Felipe fue trasladado a Colina 1. En ese lugar, Felipe solo alcanzaría a trabajar ocho meses y un día. Tatiana no tenía ningún indicio de que seis días después de tener el último contacto con su hijo, éste decidiera terminar con su vida.

La madre de Felipe cuenta que su hijo trabajaba cuatro horas en garita como centinela -vigilancia del perímetro de la cárcel-, en un espacio de 3x3 metros. Luego tenía cuatro horas de descanso, que muchas veces no se concretaba, debido a que tenía que realizar otras tareas. “Cada 15 días trabajados, más o menos, le daban un día de descanso”, dice Tatiana, refiriéndose a los días libres que su hijo tenía en su trabajo. Además, cuenta que muchas veces su hijo le decía que estaba muy estresado. Que necesitaba descansar un par de días.

En Gendarmería, por regla, los turnos se reparten en cuatro horas libres por cuatro horas trabajadas, sin embargo, la falta de personal provoca que los funcionarios también deban cubrir otros tipos de turnos, como ir al hospital, ir a tribunales, cubrir motines y peleas en sus horas libres.

Oscar Benavides explica que el funcionario depende del relevo de su compañero para descansar, por lo tanto, si no hay nadie que lo sustituya, el gendarme puede pasar uno o más días trabajando sin descanso. “La administración se aprovecha del eterno argumento de que el descanso va a estar supeditado a la disponibilidad del personal. O sea, si no hay personal disponible, no hay descanso, así de simple. Y como no hay personal, nadie descansa”, enfatiza.

Según Tatiana, Felipe contrajo una serie de enfermedades en Colina 1. El joven sufrió una intoxicación debido a la picadura de chinches que estaban presentes en la cama que él dormía. Felipe estuvo con licencia por este episodio. También presentó dos licencias más por sufrir de una celulitis bacteriana en el pie.

Otro factor que gatilla la sobrecarga laboral y el estrés en la institución es la alta tasa de licencias médicas. Según datos de la ANFUP, el año 2014, a nivel nacional, un 10% de los funcionarios de Gendarmería presentó licencias médicas, y el 60% corresponden a enfermedades de carácter psicológico y psiquiátrico.

Tatiana dice que su hijo sufrió presiones de parte de sus compañeros por presentar tantas licencias. “Mi hijo me dijo: ‘Mamá, estos hueones me paquean mucho por mis licencias’. A él le hacían burla. Eso fue lo único que me contó”, recuerda.

Para obtener la versión de Gendarmería, se intentó contactar en dos ocasiones al alcaide de Colina 1, el coronel Víctor Vera; una vía telefónica y otra a través de una carta a la Dirección Regional de Gendarmería. En la primera no se obtuvo respuesta y en la segunda se denegó la autorización, por “las cargas de trabajo, personal disponible y por razones de seguridad”.

El consumo

Según Tatiana, Felipe consumió drogas antes de dispararse. Su madre aclara que el consumo de estupefacientes se habría dado un mes previo a su muerte, ya que si hubiese venido de antes, ella se habría percatado de lo que pasaba con su hijo.

“Yo creo que lo indujeron a las drogas por ser pollito nuevo. Él nunca decía que no, así que lo mandaban”, cuenta la madre de Felipe. Además, Tatiana sospecha que los mismos funcionarios del recinto le facilitaban drogas para que él hiciera de “burrero”. Esto quiere decir que ingresara y sacara drogas de la unidad penal.

La versión de Tatiana toma fuerza a la luz de un dato clave: 25 días después de que Felipe atentara contra su vida, en Colina 1 detuvieron al subteniente Eladio Barra por traficar drogas entre funcionarios y reclusos. Tatiana, además recuerda que la misma noche que su hijo se disparó, encontraron droga botada en el establecimiento de Colina 1.

Froilán Lagos cuenta que Gendarmería no realiza periódicamente control de drogas. Además, dice que cuando estos controles se realizan, se hacen de forma aleatoria y no a todo el personal. “Como funcionarios públicos deberíamos tener control de drogas, por lo menos una vez al año para darle más transparencia a la labor que realizamos”, enfatiza.

María de la Paz Maino, psicóloga clínica de la Universidad Católica y profesora del curso “Detección y manejo del riesgo suicida”, señala que las drogas y el alcohol cumplen un rol anestésico. “Cuando estás en condiciones de vida desagradables, no estás contento. ¿Cuál es la forma más rápida de evitar esto?, el consumir sustancias”, dice. La profesional agrega que el consumo de estupefacientes genera una dificultad al momento de tomar decisiones y disminuye la capacidad de control de impulso en los individuos.

Psicólogos ausentes

Tatiana asegura que Felipe Quintana fue sólo una vez al psicólogo mientras trabajaba en Colina 1. Ella no sabe si su hijo asistió a una consulta en la institución o a una particular, porque no hablaron mucho del tema.

Otro déficit presente en la institución, según dirigentes de la ANSOG y de la ANFUP, es la falta de un departamento o programa especializado en el área psicológica y psiquiátrica para el personal de Gendarmería.

Según Benavides, el año pasado y luego de varias reuniones con representantes de la institución pudieron crear una política de salud en Gendarmería para que los psicólogos y asistentes sociales que trabajan con los internos, puedan asistir a los funcionarios, en caso de que suceda una emergencia.

“Esto aún sigue siendo insuficiente, porque a nivel nacional son 15 mil funcionarios y el área de salud que tenemos nosotros, aún sigue siendo reactivo, pero no realiza un proceso preventivo, que es lo que queremos”, explica Oscar Benavides.

Por otro lado, dirigentes de la ANSOG se reunieron en mayo con el Comité de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados para hablar sobre las condiciones de trabajo de los gendarmes y la salud, tanto física como psicológica de los funcionarios.

“Generalmente el personal de Gendarmería no cuenta con la dupla psicosocial en todas las unidades penales del país, solamente las direcciones regionales que no dan abasto para atender a nuestro personal”, explica Ricardo Riveros, tercer director de la ANSOG.

Froilán Lagos concuerda sobre este punto y explica el déficit que existe en cuanto al servicio psicológico en los centros penitenciarios. “Tenemos dos psicólogos en la Región Metropolitana. Estos profesionales son los encargados de cubrir las necesidades del personal de todos los centros penitenciarios en la Región Metropolitana, que son más de 25. Ninguna unidad tiene psicólogos estables, sino que existen dos para toda la región”, sostiene.

Cambio generacional

El cambio generacional dentro de Gendarmería, también es un factor importante a la hora de analizar los problemas psicológicos de los funcionarios. Juan Carlos, presidente de la ANFUP, explica que las generaciones de ahora tienen otras preocupaciones y otras metas que hace 20 años no existían. Oscar, además explica lo difícil que es adaptarse al mundo penitenciario. “Hoy día los jóvenes quieren un estándar de vida mejor, un trabajo que sea más llevadero, imagínate un niño de un hogar donde no exista tanta violencia y llega a la cárcel y se encuentra con que todos los días hay peleas, intentos de motines, de fuga, riñas, agresiones a los funcionarios”, dice.

Froilán Lagos habla sobre el desarraigo familiar que viven los gendarmes más jóvenes. “La juventud ahora es distinta. Yo salí a los 18 años de mi casa, llegué a Colina 1 y también hacía turnos largos. Pero los chiquillos no se acostumbran a trabajar de esa forma, además, estar lejos de la familia, trabajar día y noche, son factores que gatillan el tema del suicidio”, aclara.

La psicóloga Maino, también explica el tema del desarraigo como un factor de riesgo importante, debido a que salen de su lugar de origen, se alejan de sus familias y llegan a una zona poco estable. “En el fondo llegan a hacerse cargo de un tipo de trabajo que de por sí es bastante hostil, o sea, tener que estar a cargo de personas privadas de su libertad que tienen características violentas, obviamente es un estresor para estos jóvenes”, dice.

Evaluación y posibles soluciones

Según la visión de psicólogos, el sistema de ingreso a Gendarmería, también genera ciertas problemáticas en la institución, que podrían relacionarse a eventos de suicidio.

La escuela de Gendarmería dura dos semestres académicos. Uno de los requisitos es que los postulantes tengan entre 18 y 25 años. Una psicóloga de Gendarmería, que pidió reservar su identidad, reveló que, debido a la falta de personal, muchas veces la institución se ve obligada a graduarlos antes de tiempo.

Esto es considerado por profesionales como un factor que puede gatillar problemas psicológicos debido a la corta edad de la persona, el perfil del trabajo y el poco tiempo de preparación en la escuela. Además, a esto se le suma la pérdida del seguimiento psicológico que tenía el postulante durante su breve proceso educativo, debido que al entrar a trabajar en las unidades penitenciarias este seguimiento se termina.

Maino explica que la corta edad de los funcionarios sí es un factor de riesgo para quienes trabajan en cárceles, debido a la carga laboral y a la inmadurez. “La edad va proporcionando experiencia y prudencia. Uno va incorporando la noción de que los problemas tienen solución, que pueden ser pasajeros. Por otro lado, entre más jóvenes son, menos experiencia tienen y existe más intensidad de la emoción. Todo se vive blanco y negro”, aclara.

Ricardo Bascuñan, psicólogo de la Universidad Central, plantea que el fenómeno de prisionización no tan solo se da en la población penitenciaria, sino que también en los mismos gendarmes. “El sistema de selección y la formación que está realizando Gendarmería puede que esté entrando en crisis. Por lo tanto, es necesario empezar a detectar aquellos funcionarios que tengan mayores probabilidades de desarrollar riesgo de suicidio”, enfatiza. Según el profesional, esto se podría mejorar con la aplicación de test como la “escala del SAD PERSONS”, el que permite determinar el nivel de suicidabilidad que presentan los postulantes y funcionarios de la institución.

Dos psicólogos de Gendarmería, que también pidieron reservar su identidad, concuerdan hasta cierto punto con la visión de Ricardo Bascuñan. Ellos consideran que estos test deberían aplicarse cuando la persona ya se vio enfrentada al trabajo, puesto que la práctica en la escuela es muy distinta a la realidad que se vive en las cárceles. Además, puede que un postulante, al momento de ingresar a la institución no sufra de alguna patología o depresión y que luego, estando ya en labores, la desarrolle.

Por otro lado, los dirigentes de la ANFUP también tienen su crítica al proceso de admisión. Benavides dice que es esencial que el perfil del gendarme se cambie, para que así la rehabilitación del recluso sea efectiva. “Se apunta a buscar perfiles psicológicos de personas que sean más duras y menos sensibles al sistema, pero el sistema penitenciario tiene que apuntar a humanizar el tratamiento, tiene que apuntar a rehabilitar y ojalá a sensibilizar respecto de las posibilidades que podemos darles a las personas que están privadas de la libertad”, explica.

Según la psicóloga Maino, Gendarmería, a fines del año 2016, se mostró interesada en el curso sobre prevención de suicidio que ella, junto a otros académicos de la Universidad Católica, dictaban. Esto, para capacitar a gendarmes mayores para manejar y detectar situaciones de riesgo suicida entre los gendarmes más jóvenes. Sin embargo, la psicóloga aclaró que nunca se consolidó la iniciativa. “Al menos tenían la intención de hacerse cargo, ya que, para ellos, de verdad era una realidad latente y preocupante”, señala.

“Funcionarios no son parte del país”

Las asociaciones sindicales de Gendarmería critican la falta de interés por parte del Estado, sobre los problemas que se viven actualmente en la institución. Después de la cuenta pública de Michelle Bachelet, el fanpage en Facebook de la ANSOG publicó un comunicado. (ver documento).

“Hoy en una nueva cuenta pública los funcionarios de Gendarmería de Chile sienten con todo derecho que no son parte de este país, ya que permanentemente reniegan de su existencia en materia de políticas públicas y no son considerados en el circuito de seguridad ciudadana”, dice el manifiesto.

Por otra parte, Óscar Benavides, expresa su descontento hacia los proyectos de combate de la delincuencia del Estado. Dice que el gobierno aporta en funcionarios de Carabineros y de PDI para resolver las temáticas de delincuencia; sin embargo, no se refuerza a los profesionales que rehabilitan a los reos ni tampoco al personal de Gendarmería.

Gendarmes movilizados

La mañana del miércoles 28 de julio un grupo de 20 gendarmes aproximadamente se encadenó a las puertas del Ministerio de Justicia, en modo de protesta. Ellos exigen que sus demandas sean escuchadas por el ministro de Justicia, Jaime Campos. El movimiento busca mejorar las condiciones laborales, elaborar un estudio de la carrera funcionaria y la regulación de las pensiones, debido al reciente caso de los “jubilazos”, en el que se vieron involucrados altos oficiales de Gendarmería.

También se difundió un video a través de las redes sociales, en donde funcionarios de Gendarmería de Arica Parinacota critican al ministro de Justicia por no escuchar las demandas sindicales de la institución. En el video, un gendarme dice que el ministro Campos mantiene una actitud dictatorial y agrega que es peor que la del general Pinochet.

“Los gendarmes ya perdimos el miedo hace mucho rato. Y usted con esa actitud que es peor que el general Pinochet, que ustedes mismo lo han utilizado como un eslogan para posicionarse en el poder en este país y abusar de todos los trabajadores”, dice el funcionario en el video.

El director de la ANFUP, Juan Carlos Orellana explica que estas medidas se toman para que el ministro comprenda lo que es la labor de Gendarmería de Chile. Además, agrega que si sus demandas no son escuchadas no descartan la posibilidad de un paro nacional.

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