¿Qué quieres ser de grande?

No tengo muchos recuerdos que me refieran a esa pregunta, no sé cuantas veces me la hicieron ni muchas de las respuestas que pude haber dado.

Cuando era pequeña pensaba en ser veterinaria, me parecía bonita esa profesión de cuidar la salud de los animalitos. Sin embargo ese sueño terminó cuando en una profunda reflexión de infante caí en cuenta que el ser veterinario no era darle cariñitos a animalitos que no eran tuyos, para eso vete al Parque México y acaricia a perritos extraños. De manera burda, ser veterinario es ser doctor de los animales y a esa edad lo único que me podía imaginar con eso era un perrito con sangre. Aún no sé si abandoné esa idea porque me daba ‘cosa’ la sangre y las vísceras o porque me ponía triste ver a un perrito malito.

Entre mis 8 y 10 años mi madre me inscribió en clases de violín, supongo que con la idea de que eso me daría cultura así como conocimiento y habilidades para el futuro; o tal vez ya no sabía que hacer conmigo y mató dos pájaros de un tiro. No lo sé, luego le pregunto. La verdad es que solo fui dos o tres meses a dichas clases; creo que mi mente llena de tareas de primaria y caricaturas no estaba preparado para algo tan complejo como las escalas y los compases en 3/4… ni hablar de las síncopas. Lo importante aquí es que a pesar de desertar pude ver en la música una opción a lo que me podría dedicar.

En algún momento de mi infancia y pre-adolescencia mi sueño era ser chef, como Gordon Ramsay o los que ahora salen en Chef’s Table presumiendo sus estrellas Michelin. Siempre me ha gustado cocinar, ahora disfruto mucho de probar cosas nuevas y experimentar con ellas; pero si a mis 12 añitos hubiera puesto un restaurante lo único que hubiera ofrecido serían nuggets y hamburguesas para niños melindrosos como la yo de ese momento.

La idea de estudiar gastronomía de manera formal fue descartada, sin embargo cocino casi todos los días y lo disfruto mucho. Soy la chef de mi casa y la mayoría de las veces mis comensales quedan muy satisfechos con mis platillos.

En mi adolescencia retome la educación artística.

Por un lado volví al mundo de la música en una escuelita del rock de Azcapotzalco. Ahí adquirí casi todo el conocimiento musical que hoy poseo y desarrollé mis habilidades con un instrumento muy distinto al violín: la batería. En esos tiempos pensaba en hacer una banda y volverme rockstar. Me decían que me veía ruda cuando tocaba la batería. Yo que siempre me he visto más pequeña (de lo que en realidad soy) y con cara de bebé me sentía halagada cuando daban esos comentarios.

Por el otro, cursé la preparatoria en el Centro de Educación Artística (CEDART) del INBA. Durante tres años estuve expuesta a la danza, el teatro, las artes plásticas y la música. En esos tiempos el arte que más llamó mi atención y el cual elegí para ‘especializarme’ fue el teatro. Pensé que era una de las formas de expresión más completas, y de alguna forma dentro de ella podían converger otras artes. Una de las cosas que más me gustaba era leer obras de teatro e imaginar como se resolverían ciertas escenas, desde la actuación hasta los trazos, la escenografía y la música. Por ello la clase que más disfruté fue la de Dirección, tener la idea de como serán las cosas y hacer todo lo necesario para crearlo y recrearlo me parecía magnifico.

En el último año, que es donde uno se pone a pensar que es aquello a lo que se va a dedicar y cual es la mejor escuela donde aprenderlo decidí estudiar Ciencias de la Comunicación. Me gustaba la radio y me gustaban mucho los formatos de Rock 101 y Radiactivo, que de hecho ya no sonaban pero pude conocer gracias a mi papá y sus grabaciones de cassette. Recuerdo que en varias ocasiones me compartía música que le gustaba y algunas de las canciones tenían las viñetas de Rock 101, a partir de esas cosas me contaba las historias de los programas que escuchaba.

La decisión estaba tomada, Ciencias de la Comunicación era el mejor camino para algún día hacer radio de manera profesional y la UAM fue la universidad que hasta el día de hoy me ha enseñado lo que tiene que saber una comunicóloga.

Estoy a un año aproximadamente de terminar la carrera y hay muchas cosas en las que siento huecos que no creo llenar en el tiempo que me queda. Me comienza a preocupar el qué voy a hacer cuando ya no tenga que estudiar. ¿De qué voy a trabajar? ¿Me van a correr pronto? ¿Dónde voy a vivir? y demás cosas que supongo todos se han preguntado. Gente mayor me dice que siempre es difícil y que a veces tienes que sacrificar cosas, como aguantar un trabajo en el que no te sientes cómodo pero te pagan bien o a menos lo suficiente, ó terminar trabajando en algo que nunca imaginaste pero así es la vida y hay que adaptarse.

Cosas como esas no te dan muchos ánimos para continuar y te generan más miedo, pero espero poder ser y hacer algo bueno. Los próximos meses serán emocionantes y preocupantes, primero necesito terminar la tesis y a la vez hacer un plan para lograr lo que quiero. Mi sueño es algún día ser productora de radio o hasta musical, divertirme en el trabajo y crear cosas que hagan más llevadero este mundo que obvio no sean memes o gifs para Facebook (sin ofender a aquellos que trabajen en eso).

Es mi primer post en Medium, los comentarios y sugerencias serán bien recibidos.

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