Vaderedrum
Aug 8, 2017 · 6 min read

Los consumos culturales también son una opción

Un clásico que hacemos es el de mandar el llanto a cuenta y, cuando vienen los usureros emocionales, nos desvalijan, aprovechamos la volteada para sentirnos más livianos. A veces no viene nadie a cobrar, no sé si es porque una sabe como esconderse o cada tanto los encontrás en un buen día y deciden hacer la vista gorda. Cuando eso pasa yo creo que se arma otra dinámica, creo que se nos bifurcan los sentimientos, y se intensifican emociones random, a veces al punto del absurdo. Ejemplo: la forma en que hoy, un padre le sostenía la mano a su hijo en el subte. Un padre alto y robusto, un niño como cualquiera. Un padre que alternaba su entretenimiento de padre en viaje entre cosquillas y acomodamientos de campera varios, pero sin jamás, ni por un segundo, de sostener su mano. Dudo dramáticamente seria que algún día entienda lo que es tener unx hijx, pero, y con esto ya puedo sentir la abucheada general del ministerio fundacional de padres y madres por lo minimalista de mi metáfora, me parece que es “algo así como” (anoten bien, queridxs ministrxs) tener una tarea asignada de vida o muerte para toda la vida (o la muerte). No digo tampoco que no haya cosas lindas, pero no estoy escribiendo acá para evaluar las bondades y desperfectos de traer a una persona a este siniestro mundo. El compromiso de contrato irrenunciable de ese hombre se notaba. Y a mí se me dislocó la cara, pero de adentro. Algo.

Ayer fui al cine. Los horarios que había para elegir eran pocos y más que cuestionables, pero tenía muchas ganas de ver Baby Driver y ahí estábamos, unas chicas que entraron corriendo hacia las primeras filas para buscar almohadones “de ayudita”, los amigos de combo, a los que les gustó mucho “Dioses Americanos” porque “tiene muy buena calidad de imagen” pero “no la pude seguir demasiado porque si no leo el libro no le saco la trama, viste?” y yo, con mi agua comprada en Carrefour, de camino al Hoyts. También llega una pareja que se sienta a mi izquierda. Compraron pochoclos aunque su masticar se mantiene dentro de un rango civilizable. Con lo que me cuesta mantener esa tolerancia. Pasaron los comentarios del público, Listorti explicando el sorteo por entradas gratis, sorteo del que nadie debe participar nunca, y se proyectó la película. Ahora es como si un adolescente encabronado disputara su entrada al boliche con un seguridad al que se le podría calcar el mapa subterráneo de Tokyo en la cara, haciendo juego con sus cicatrices. Toda esa riña, justo en mi pecho. No deben ir ni 20 minutos de la peli. No no, no es angustia, eh. Es esa sensación de estar viendo algo que es tan bueno que asusta, y asusta de lindo. El dulce sabor que la Villavicencio Sport, encastrada en el brazo del asiento, no me da.

El sábado hice tortilla. Un plato clásico, simple y noble a la vez. Un plato que nunca había hecho. Un plato al que le tenía “respeto”. Jaja, bueno tanto no. Pero en estos días que vengo viviendo de hacer cositas nuevas a ver si salen, o por qué no? Que ya desde la consigna implica una intención HEROICA de mi parte, en donde la misión, la heroína y el ser a rescatar son todas yo, hacer mi primera tortilla era algo coherente. Busqué una con mil secretos, los seguí con el rigor de un proyecto interplanetario y salió. Sí. Ah, pero mirá que locura sería si pusieras este ahínco en cosas un poquito más arriesgadas y otro tanto menos carbohidratosas? Apa. Se me amedrenta el ligue de huevos.

Hoy tuve que ir a hacerme una tomografía. Tenía miedo porque nunca me habían hecho una y no quise googlear para evitar que me crezca más el julepe. Mientras espero, como no tengo libro qué leer y el celular me aburre, me pongo a mirar a la gente. Una señora de zapatos altos se sienta a mirar una novela desde youtube, o eso parece, no alcanzo a mirar. Por el tono de las voces, debe ser alguna brasilera. También tiene una valija con perritos, de muchos colores. Hay varias personas, muchas esperas. Mujeres embarazadas con sus maridos, mujeres embarazadas solas, amigas, señores con la oficina pegada al cuerpo. Pregunto si falta mucho para mi turno, voy media hora de retraso. Parece que tenía que anunciarme para que me llamen. Nunca me lo dijo él, el mismo chico que me dio el turno la semana pasada. Tiene cara de cansado y tímido, yo lo soy más así que no le digo nada. Me llaman a los 5 minutos. El estudio dura aún menos. Llovizna. En el camino compro cosas para una nueva receta que quiero probar. Tiene un nombre italiano y aunque es posible que lo haya inventado la chica argentina del sitio, lo tano suena a golpe de suerte, a táctica efectiva, medio torpe pero que funciona, cortita y al pie.

Antes, en el camino al sanatorio, me cruzo con un chico que vende medias y me pide que por favor no lo ignore como hacen todos. Y me siento para el culo, por no poder comprarle y porque también siento que es una forrada darle monedas o la comida que dejaste en el plato cuando pasa alguien cuando estás comiendo, como si alguien mereciera sobras. Y como si el rumbo de tu vida dependiese por escuchar los 15 segundos del pregoneo urbano de la persona. Creo que esta reflexión se solapa a a la cantidad de señoras que me vengo encontrando en el Día% que no llegan a juntar el dinero de la compra que quieren llevar. Y pensar que hace un par de años la política me aburría.

Nuevos formatos, nuevas costumbres, nuevas conductas. Entré (de nuevo y con mayor decisión) al entrañable mundo de los podcast. Me gusta que haya gente no famosa haciendo cosas por las suyas. Llevo dos al día y escuché un par de un tercero. Descarté un cuarto porque me aburrió y, honestamente, me alteraba el tono de la chica que formaba el dúo. En estos días que corren encontrar consumos culturales que te interesen es tan abrumador que me cuesta seguirle ritmo. Es por eso que me gusta encontrar una suerte de escuadrón cultural que me vaya tirando puntas de las cuales guiarme. Eso, sumado a mis pistas propias, me da un respetable resultado.

También me suscribí a varios newsletter. Pasa un poco lo mismo que con los podcast, leo cuando quiero y valen la pena no solo los contenidos, también los posibles disparadores. Me vengo llenando de listas y eso puede ser alarmante, pero también otras van bajando.

Ya no sé mucho que venía a decir acá. Creo que estos formatos (que hace rato no son nuevos) me dan esa calma de estar escuchando a alguien que puedo conocer, que no está subido arriba de un banquito (sí, también hay podcast de esos fanfarrones, pero los podemos evitar, se los prometo) y, aún con conocimientos técnicos, estéticos y otros no menos criteriosos, te cuentan sobre pelis, series, libros, y cientos de opciones temáticas hechas a la medida de cada cual. Las finalidades de los podcast asumo que deben se igual de variadas que su público, el mío como oyente es de abultar mi cabeza, aprender, admirar a la gente, divertirme, y aprender un poco más. Pero en los programas que elegí no se namedroppea, no se subestima al oyente, en parte porque se sabe que quienes llegamos ahí, no entramos para ver qué onda. Le huyo a la solemnidad porque la siento inútil y engañosa, es el disfraz que los que se quedaron sin vuelto artístico (algunos incluso consiguieron que le fiasen) usan para despistar. En una época te compraba el juego entero, hoy sigo de largo. En parte, porque entendí que no tiene nada de malo en gustar de lo mainstream o mirar algo que se clasifica dentro del concepto “entretenimiento”. Más tanques y menos solemnidad (la pochoclera ya la tengo en casa y es preciosa, gracias mamá).

Desde hace unos meses que no puedo parar de pensar en el cine y en lo grosso que es que algo así me altere orgánicamente (redundante, no?). Todavía creo que no he podido vincular algo en especial con lo que implica sentir “pasión”. Pero esto se debe acercar bastante. Y eso que vinculo la pasión con el deporte y cosas más repulsivas. Por ahora (cuando digo por ahora es ahora mismo, son estos días, estas semanas de agosto pronto en las que como gomitas ácidas y tengo un mini tender exclusivo para mis bombachas) estoy aprovechando el impulso que estos movimientos me despiertan. Con un freezer lleno como en postnavidad (spoiler: viviendo sola esto es la navidad en NY de las comidas stockeadas) sigo buscando cositas, lo importante ahora es no desentenderme en el ritmo.

Vaderedrum

Written by

Childish Gambitas.