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La gestión de compra de pasajes por Internet es tediosa pero ligera de permisos: se imprime una hoja sin mucho signo de documento importante, se exige información específica que luego no es verificada de ningún modo, tan sólo se destroza con desgano por el conductor que toque. O mejor dicho, el acompañante del conductor, ese que te reparte la vianda, el diario, los alfajores o la almohadilla, en el mejor de los casos. Mi servicio favorito es el de una empresa que tiene cortinas divisorias en cada asiento. La privacidad justa. Lo malo es que tiene muy pocos horarios por día y no suelen convenirme.

Mi asiento favorito: el más rechazado por respeto al peligro. Primer piso, adelante de todo. Mi amiga se pone el cinturón y me doy cuenta que jamás lo usé en micros de larga distancia. Prefiero seguir invicta. En la mini tele, de esas que se aseguran con una esfera plástica logrando que la imagen se espeje más y junto con el reflejo del sol y los subtítulos en un braile visual, la película que pasen sea un decorado, tal vez el único dentro de ese lego de adultos que no suelen arriesgarse al juego.

Pusieron El hobbit. Mi amiga siente una especie de contención irremplazable por la tele, no importa cuál sea el programa o película, lo necesita. Según ella es una manía que adquirió de un ex. Como el tamaño del televisor es poco más grande que un cubo Rubik y ella está más alejada, intercambiamos lugares.

Duermo por minutos, voy alternando con miradita de árboles hechos por encargo, cambio de pierna cruzada y disco sonando. Llegamos sin contratiempos, es por eso que me puteo con una señora que intenta aplanarme con su chango de viaje. Así que con un “vieja maleducada, eso es lo que es” inauguro mi estadía. Porque así como el boleto que compré no es real, no tiene sello ni tampoco ha sido recitado por la empleada de la boletería, con ese cuentito en el que te subestiman y usan los rayones de lapicera como las azafatas se valen de sus propios brazos, tampoco este es un vieja verdadero, tampoco son unas vacaciones genuinas, tampoco logro descansar, y mucho menos encuentro ese bonus track que antes me calmaba por un ratito. Me quedé sin resto.

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