Basura Rubia

O de la generosidad como condición para la creatividad.

Era un domingo de esos que odio, tenía doce años y una mesada que gasté, entre otras cosas, en un número de La Mosca en la Pared. Me enojé con el voceador porque yo quería una con la portada de Placebo y sólo tenía una de “las chicas en el Rock” un material valioso pero insignificante para cualquiera cuyas sus referencias se limitaban a pop de goma de mascar.

El conteo era más bien arbitrario pero de su mano conocí a Diamanda, Cadaveria, The Agonist y muchas más voces que no abandonarían nunca mis listas a partir de entonces. Recuerdo con especial emoción dos artículos: el primero decía al subtítulo “Ella es leche” y el segundo ocupaba el top 1 del conteo.

Shirley y Debbie entraron en mi vida como un trueno. Lo que al principio vino de una sobreexcitación por encontrar tamaños portentos de sensualidad y fragilidad, de freakness y apropiación, se quedó como un referente de música y posibilidades infinitas.

“Quiero un hombre que me deje orinar en su ombligo” declaró la Manson al reportero, a la par que contaba como sufrió bullying por “ser demasiado fea, con ojos de pescado”. Algo se rompió dentro de mí, incluso antes de sufrir el acoso y la violencia más duras de mi vida, sentí un abrazo oscuro y reconfortante, como cuando un par de raros cómplices coinciden en su exilio.

A este descubrimiento le siguieron “The world is not enough” (Bond es un ícono para mí) y “Androgyny”, acá donde se juntaron Garbage y Blondie para mí. “Maria” y su ritmo pegajoso, la Harry y su voz andrógina me hicieron fan de por vida. Había más sobre hombres y mujeres que lo que me enseñaron en la escuela.

Más de quince años después, en su concierto, brillaron las palabras de ambos grupos, se dijeron cosas sobre la generosidad, compartir el escenario con tus ídolos, proteger la naturaleza y ser creativxs.

Esto último fue revelador, las ideas no se desgastan al compartirlas, no hay trueque de ideas del que no puedas salir enriquecidx si haces un ejercicio consciente y de corazón abierto.

La generosidad no es un acto vertical, es el reconocimiento de que también existimos en lxs otrxs, es un resonar, es respetarnos, es también una forma de amar nuestras fracturas.

Gracias Debbie, gracias Shirley, gracias todxs los demás, anónimxs o conocidxs que me ayudaron a saber que, cuando menos por una noche, ser la basura rubia que soy, es algo increíble.