La mera verdad.

Porque es más sencillo cerrar el telón.

Es bastante sencillo caer en depresión. Una y otra vez, realmente facilita las cosas porque nos permite incapacitar nuestros motores de vida para deternos a pensar en porque esa vida no puede seguir el rumbo que dibujamos. Todo cae con ella, viene la lastima sobre nosotros y nos abraza aunque nadie más que nosotros mismos la sienta. Estamos ahí, la lastima y yo mirandonos la cara. Preguntándonos quien va a ser el siguiente para dar el paso y salir a escena, improvisar con lo que venga y recibir ese aplauso que tanto necesitamos, aunque solo sea de esa persona que se encuentra frente a nuestro espejo.

Puede que un día esa depresión se vaya pero deje dentro de nosotros detonantes dispuestos a llamarnos para cuando sea necesario refugiarnos del rechazo. Y es ahí cuando la depresión vuelve, envenenando cada parte de nuestro organismo, puede que vuelva y nos recuerde el porque decidimos dejarla o puede que vuelva y nos recuerde lo mucho que la extrañabamos.

La depresión se convierte en ese elemento que no queremos tener cerca, pero necesitamos para de vez en cuando procesar que con ella o sin ella la vida sigue, desafiando nuestros bocetos y coloreando fuera de la linea. Podemos cerrar el telón cada vez que se nos olvide como sonreir en una comedia o buscar un detonante entre ese monton que nos dejó la depresión para lograr la mejor puesta en escena y sonreir como si esa vieja amiga nunca hubiera llegado a revolcar los porques de tan indefinida vida. Es ahí cuando comenzamos a entender que no hay opciones hay acciones y la mera verdad es que el actor dirige el rumbo de la escena.