Periodismo “palo selfie”

Las coberturas electorales de las elecciones en los Estados Unidos siempre son terreno para la innovación periodística en el que es, sin duda, un evento informativo global.

Este año, la polémica (a parte del fallo generalizado en las proyecciones de los resultados publicados por los medios) ha llegado de más cerca. La Sexta (Atresmedia) ha incorporado a su cobertura los “Walking Lives” (tuit inferior): directos realizados a través de un dispositivo móvil y un “palo selfie” operado por el mismo periodista o el productor/a. Sin cámaras.

Presentado como una experiencia piloto por parte de la cadena para flexibilizar las coberturas, el hecho es que han generado malestar entre los profesionales de la imágen en un momento crítico para el sector. En la era del 4k, el ultra HD, los televisores curvos y las pantallas retina, los Walking Live llegaron con problemas con la imagen en movimiento, pixelación y problemas de iluminación en prime time, lejos de los estándares de calidad de emisión de imagen en televisión.

Uno de los argumentos de la cadena para el uso de este sistema son los altos costes de emisión en directo. Según cuentan, el coste de un directo tradicional es de unos 1000 euros y en un despliegue prácticamente ininterrumpido durante días, este es completamente inasumible. La parte que no explican es cuál ha sido el retorno publicitario dados los buenos datos de audiencia que está cosechando la Sexta y, especialmente, sus espacios informativos. A tenor de las tarifas publicadas en su web parece que suficiente para garantizar un mínimo de calidad técnica en todas sus emisiones.

Cabe decir también que estas retransmisiones móviles, estaban acompañadas mayoritariamente de emisiones convencionales con su correspondiente cámara, pero no ha sido la única práctica del Grupo Mediapro en el ahorro de personal. De hecho, recientemente, han anunciado que están en condiciones de hacer retrasmisiones deportivas (uno de los contenidos más rentables y que más recursos humanos emplea) sin técnicos.

Todo esto se produce en un contexto de precarización brutal en la profesión periodística, con unas tasas de paro y temporalidad que convierten el ejercicio de esta profesión en un acto de vocación y prácticamente de devoción. El periodismo está en crisis antes que el resto de la economía y en un contexto de presunta recuperación económica sigue acumulando ERES, cierres, privatizaciones, un deterioro brutal y premeditado en los medios de comunicación públicos (cuando no directamente su cierre como en RTVV) y una concentración de medios preocupante para la salud democrática. Con miles de excelentes periodistas, cámaras, fotoperiodistas o técnicos expulsados de sus trabajos no cabe entender los avances técnicos como un pretexto para seguir perjudicando a los profesionales, que son, no lo olvidemos nunca, indispensables para un buen periodismo. Y ya se sabe que sin periodismo no hay democracia.

En este proceso de deterioro de la profesión corremos el riesgo de caer en el “periodismo de palo selfie”, prescindiendo del seniority y el background de los profesionales más veteranos expulsados, en muchos casos, de las redacciones. Un periodismo sin tiempo suficiente para levantar nuevos temas y contrastar informaciones, con la presión de crear multitud de contenidos que generen buen nivel de tráfico y priorizar el Comscore y el share (importantes sin duda para la rentabilidad de un medio de comunicación) por encima de lo demás. No es solo “más periodismo” sinó “mejor periodismo”, y todos los que elegimos esta vocación estamos llamados a reflexionar sobre ello.

EL PERIODISMO MÓVIL COMO OPORTUNIDAD

Esta reflexión no va, en ningún caso, contra el periodismo móvil y las nuevas narrativas: al contrario. Su potencial es tan tremendo (recomiendo seguir a Carmela Ríos de El Mundo para conocerlo mejor) que es necesario dotarlo de medios, espacios y una relación estrecha con el resto de la comunicación. Usarlo como pretexto para el ahorro en medios y personal es colocarlo en una posición subsidiaria de “donde no lleguemos” cuando cada vez tendrá una función más troncal.

En el tiempo de la disrupción y la multipantalla las nuevas narrativas, el big data y el periodismo móvil son claves para la adaptación de los medios tradicionales a las nuevas audiencias y soportes. Contenidos de calidad y transmedia que aporten contexto, análisis e información complementaria a los espectadores y lectores para entender un mundo que cambia a pasos agigantados frente al ruido de las decenas de miles de impactos que recibimos a diario.

En los últimos 10 años hemos vivido cambios tremendos en la manera que tenemos de informar y estar informados, y en los próximos 10 aún vendrán cambios mayores. Puede que tenga razón Kapuściński cuando dijo que “Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante”, pero vale la pena asumir el reto, independientemente del formato, de cumplir con la función social del periodismo.

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