Caterine Ibargüen

Hace días tengo entre pecho y espalda una cuestión. La respuesta de los que se han enterado de mi molestia o decepción ha sido: debes tener fuerza mental, no te dejes afectar por lo que dice la gente y debes estar segura de lo que eres.

Tuve la bendición de crecer en una familia que sólo que me exigió estudiar y ser feliz, sin necesidad de ser la mejor en el colegio y tener notas extraordinarias, ser una deportista destacada o tener un cuerpo escultural.

Traigo esto a colación para evidenciar que si un comentario puede dañar a una persona común como yo, sin ningún protagonismo o reconocimiento público, ¿qué impacto pueden tener miles de internautas con verborrea que juzgan a un deportista desde la comodidad de su cama?

Recuerdo un Giro de Italia en el que Nairo Quintana no tuvo una muy buena participación. Yo, sin vergüenza alguna, dije que él ya no servía para el ciclismo, que no demostraba pasión por lo que hacía, y que Colombia y los colombianos merecíamos deportistas que lo entregaran todo.

Si va a leer hasta aquí, lo entiendo y le pido disculpas a usted, a Nairo y a todos los deportistas por haber sido parte de ese porcentaje que habla por hablar y critica cuando sólo ha montado en bicicleta en una ciclovía.

Los años, aunque en mi caso sólo se necesitaron días, se encargan de hacernos tragar las palabras.

Comencé a montar en bicicleta con mi papá y en la primera loma, que para mi fue como escalar el Everest, le dije a mi papá:

NAIRO QUINTANA ES UN VERRACO, ESTO ES MUY DURO!!!!!

Ahora no me pierdo una etapa de Nairo, escucho a Mario Sabato a punto de infartarse, como papas boyacenses para ver si logro subir las lomas del Eje Cafetero, y pongo a todos los Santos a empujarlo a él, a Rigo, y a todos los escarabajos que dejan el país por lo alto.

Ningún deportista me genera mayor emoción que Caterine Ibargüen, desde que invita al público a aplaudir, luego muestra una sonrisa que no se desdibuja ni en el aire luego de haber saltado y aterriza en la arena mostrando la fuerza de lo que es el feminismo real.

El jueves pasado me enteré por Twitter, no por los medios de comunicación tradicionales que están hasta el cuello de amarillismo, que la Negra de Oro había ganado en la Liga Diamante en Salto Triple… nuevamente el viernes había ganado medalla de oro, pero esta vez en una prueba que no es la de ella, Salto Largo. Volvió y volvió con todo.

Mientras buscaba más información sobre las nuevas victorias de Caterine Ibargüen, me encontré con una entrevista que le hicieron en el periódico El Colombiano titulada La Confesión de Caterine Ibargüen: “pensé en retirarme”

La sociedad que tanto nos exige pero poco nos da, demanda perfección y no perdona el más mínimo error mientras intentamos satisfacerlo. No se da cuenta del daño que causa.

Hace un año, Yulimar Rojas,una venezolana que siempre demuestra su fortaleza y su deseo de ganar, se llevó la medalla de oro en Salto Triple. Evidentemente quería que fuera la Negra de Oro la ganadora de la medalla de oro y nos mostrara con su sonrisa la explosión de sentimientos que sólo quien cumple sus sueños puede sentir; pero, ¿no sería tal vez mayor la alegría de un pueblo venezolano en medio de la tristeza causada por la tiranía de su dictador que no da tregua? La medalla de Yolimar tal vez alivió un poco, así fuese por unos segundos, la desazón de ver un país que se pierde en manos de los corruptos.

Lo que para Caterine Ibargüen fue un fracaso, pues así lo describe ella en su entrevista, miles de inescrupulosos lo acrecentaron con comentarios desobligantes, ignorantes y sin sentido.

¿Cómo es posible que digamos que un deportista ya no sirve para esto o aquello, que un periodista debe irse o que una modelo ya no tiene curvas?

El hecho de ser personajes públicos no nos da derecho a destruirlos con comentarios o a atacar a sus familiares como si fueran propiedad nuestra. Somos nosotros quienes les debemos a ellos, no ellos a nosotros.

La crítica hace parte de nuestra sociedad, eso es indiscutible, así como el hecho de que el escrutinio público debe ser aceptado por quienes quieren tener reconocimiento de la sociedad y están obligados a tener una fuerza mental superior a la de cualquier otro ser humano.

Con todo eso, nada no nos da derecho a destruir a Pekerman, James, Caterine o Rigoberto. ¿Por qué no mejor aprendemos a criticar sin destruir?

Valentina Ramírez Zapata

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Aprendiendo a escribir, es mi pasión. Learning how to write, it’s my passion.

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