Valentina Sama
Aug 9, 2017 · 2 min read

Y como esas tardes cálidas de verano, me descalcé y dejé que mis pies sintieran la irregular textura del pasto. Que sintieran la naturaleza en su máximo esplendor.

Verde fuerte, verde vivo.

Mis ojos plantados en el cielo celeste encandilante que junto con las nubes blancas pomposas formaban una combinación perfecta de colores y unidad.

No podía dejar de asombrarme con los matices, las magnitudes, la belleza. Era simplemente perfecto. Un momento capturado por mi corazón.

El destello de una vida plena y feliz. Un instante de simplicidad pero a la vez, cargado de tanto significado.

Estaba viva.

Podía decidir, disfrutar, bailar, cantar… hacer cualquier cosa que me haga realmente feliz porque dependía única y exclusivamente de mi misma.

Mientras contemplaba el jardín, una mariposa naranja vivo y negro se posó en mi mano derecha. Aleteaba sin parar. Me entregó el disfrute de verla gozar y voló.

Voló tan lejos, que se convirtió en un punto en el inmenso cielo. Hasta que desapareció por completo.

Pero me había dejado algo al irse.

Porque así, de eso constaba la vida. Las personas, los problemas, las cosas, lo que nos pasa a diario… luego se esfuma.

Pasa a ser algo que queda en el olvido, que queda en el cajón de recuerdos o simplemente se desecha. Y es ahí cuando vemos que poco importante que era con respecto a cómo lo veíamos en el momento.

Seamos capaces de mirar el mundo y no con los ojos sino con el alma. Más allá de todo lo real. Todo tiene una enseñanza para dejarnos.

El misterio es parte de estar vivos, aprendamos a dejar cerradas algunas puertas.

Quien sabe que algún día se puedan abrir y mostrarnos un mundo nuevo, que nunca creíamos descubrir.

Valentina Sama

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Vivir con el fin de hacernos fácil la vida🌹