Casi una crónica.

Primera Parte: Digresión

Una chica joven sentada sin ningún pedido mira su celular y sonríe con picardía; después de media hora sigue viendo su celular, con la otra mano se muerde las uñas; se levanta nerviosa.

Un hombre calvo con camisa jala un carro que tiene cajones de pan, en total el montón de panes hace dos metros.

El hombre calvo sale empujando el carro que ahora está vacío.

Una mesera de tez morena y rulos se pasea, no sabe con claridad qué es lo que busca o qué hace. Un viejito canoso le sonríe y le apoya la mano al hombro; la mesera le devuelve la sonrisa, luego hace un gesto de negación y se marcha.

El guardia es viejo también, pasa los sesenta.

Estoy aburrida y la fotografía del lugar provocó que escribiera un poema:

Si digo que vi un hombre con pelo blanco como la nieve

miento

no conozco la nieve

quisiera tener la piel azul

y llevarte a la orilla de una playa del Caribe

ahí lavarte las penas y confundirlas en olas

enseñarte a nadar

y que me ayudes a soportar la arena pedregosa

miento

porque no conzco esos mares

sino unos turbios y frios

que acobardan por las noches

entonces nos la pasaríamos ebrios de tanta risa

con los ojos llorosos

como cuando se quiere demasiado

entonces miento

tampoco conozco eso.

Los tres viejitos amigos que estaban desde que llegué siguen ahí. Uno es totalmente pelado, la punta de su cabeza brilla con esplendor, el otro es más bien moreno y no tiene canas, el tercero es el mismo que coqueteaba con la mesera guapa.

Recordé esta frase: “Tan hermosa que duele.”

Segunda parte: Diáspora

Sentados frente a mí, hay cuatro hombres de diversas edades, a mi lado otros tres.

Entraron dos hombres más; salieron cuatro personas, entre ellas dos hombres y dos mujeres.

Recordé que dicen por ahí que hay más hombres que mujeres en Buenos Aires. ¿O en el mundo era?

*Nota: averiguar ese dato.

Hay un cuadro binario, dice: “Sonreir como”. En la pared dice: “vos querés”

Recordé la imagen de la protagonista de Les amoures imaginaires, que era tan seria u aburría que practicaba en el espejo la sonrisa. El francés es precioso, dulce como el quechua, hay que mover mucho la lengua.

Ahora al frente mío tengo una pareja melosa que se besa con dramatismo. Besos franceses.

Detrás de mí hay cuatro hombres.

De pronto me siento en una cápsula llena de machos.

Un muchacho que tiene el uniforme del trabajo se aproxima a las bicicletas estaionadas adentro.

Se pone un chaleco fluorescente, teien cara de culo. Pobre… yo estoy sentada con mi capucciono y no puedo evitar pensar en las relaciones de poder, pienso en la situación política de Brasil, en Chico Buarque, y que deberían poner sus canciones manifestantes en vez de esta música asiática espantosa.

Sale un niño, detrás de él sale un adulto joven, y detrás de ambos un anciano. La imagen es divertida.

El guardia hizo un ruido de satisfacción al tomar el café. Le sonreí, me sonrió.

Ya son las nueve de la noche y aún no hay señales de que cerrarán el local. Desde este lugar puedo observar la librería que queda cruzando la avenida Corrientes, y esta noche se ve especialmente hermosa.

Tercera parte: Dilución

Un adolescente con audífonos de tamaño descomunal pasa imitando un director de orquesta, va hacia la caja, vuelve con mucha comida y se dispone a comer sin quitarse los audífonos.

Pasa un anciano con boina azul oscuro.

Cuatro hombres ostentosos se acomodan a mi lado, me siento invadida. Hablan fuerte, se comen las eses y uno de ellos dice groserías respecto a una mujer. Parece despechado.

El adolescente raro se fue.

Un hombre solitario que toma café con medialunas me observa de lejos

Pasa un buen tiempo y me sigue observando. Vuelvo la mirada hacia el hombre solitario, ya no está.

Particular mente hoy hay mucha gente sola, menos el grupito de al lado a quienes, con esmero, dejo de prestar atención.

Gente sola que parece triste.

Afuera se puede apreciar una primavera adelantada; son las seis y no oscurece.

Los íconos del cartel de cumpleaños son en realidad espantosos, parece que estuvieran hechos por algún cincuentón deprimido a quién obligaron diseñarlos. Dice: CUMPLE MAGICO (así sin tilde) y el dibujo es una corona animada con gafas.

Con razón nunca hay niños ni niñas acá.