Seamos libres.


El taxímetro se enciende cuando Cerati canta en la radio: …carreteras sin sentido, religiones sin motivo. La ficha del conductor, pegada atrás de su asiento, dice “Eduardo Fabrizzi.”

Es tímido, quiere preguntar si la música tan fuerte es molesta, pero directamente le disminuye. Ahora el volumen acompaña con el acústico de Gustavo Pena: ..bajo un cielo claro de un pueblito por ahí. Una letra diferente a lo que la luna casi llena refleja. Las luces intensas de la ciudad, los edificios encendidos, el movimiento de la noche, la risa de los sábados. La 9 de Julio es transitable a las 12 am y el viento de la primavera adelantada se escucha cantar también, porque el camino está despejado y todos los semáforos le caen a Eduardo Fabrizzi en verde. Dobla en Villa Crespo. Estaciona en Corrientes.

Hay olor a tabaco, a pizza también.

La puerta de Corrientes 5426 está semiabierta, y deja escapar apenas unos ruidos de trompeta y guitarras, un pequeño cartel dice “La Quince”, una escalera iluminada conduce a una pareja sentada que cobra cien pesos. No hay ticket, no hay manilla, solo la sonrisa de ellos que a veces acompaña a las palabras: — Pasen. Que disfruten.

Llegan de a uno, de a dos, a veces en grupos reducidos. Los grupos buscan espacio entre las cuatro mesas rojas y unas pocas sillas de plástico. Los demás van a la barra.

Una chica dice: — Es nueva la barra, hace un mes vine y no estaba acá.

Es pelirroja, su compañera tiene un sweater largo y lentes vintage; se encoge de hombros y sigue caminando a comprar su vaso supergrande donde entra un litro de fernet. El sistema consiste en comprar primero el ticket en una punta de la barra y luego pedir el trago a uno de los bartenders en la otra punta. Las amigas comparten el fernet, separadas de las personas que empiezan a ondear sus cuerpos al ritmo de la música. Son como cincuenta. Cierran sus ojos. Bailan solos y solas, pero vibran en unísono.

Hay quienes están más cerca del escenario, y están más eufóricos también. Uno de ellos grita: — ¡¡¡Toto!!- Y el chico de la batería lo saluda con un movimiento de cabeza. …esperar que pase el tiempo o viajar a otra dimensión sin pensar en nada… canta el vocalista: Manuel. Le sigue el solo de guitarra, y cuando termina, Manuel recuerda al público, que la banda se llama Ciruelo y que los discos están a la venta en la mesita del rincón derecho. Agradece a una mujer que tiene una Canon, por la sesión de fotos de la noche. Ella se pone tímida. Está abrigada, está satisfecha con las fotos, va tomarse un vaso de Campari, lo va pedir sin hielo, tuvo un dia largo, va ser la primera en irse.

En la mesita del rincón derecho no hay nadie, solo los discos de Ciruelo. Pero de lejos la custodia una de las bartenders. Tiene puesto aretes grandes y peinado levantado, estilo Amy Winhouse. Si alguien se acerca muestra sus enormes dientes y asienta con la cabeza para que levanten los discos.

Hay un cuadro de Jimi Hendrix enfrentado a otro del Che, y una imagen en movimiento entre ambos cuadros: Un veinteañero alto, pelado, con un arete en la nariz. Está apurado, se dirige al baño.

El lavamanos y el espejo son compartidos por mujeres y hombres. El vidrio del espejo está invadido de calcomanías: FERIA AMERICANA; TALLER DE REVELADO; BIODANZA VILLA CRESPO; NO ESTÁS SOLA, PEDI AYUDA.

Una muchacha medio despeinada putea porque no puede verse, hace un intento vano de sacar una de las calcomanías con sus uñas: WALLY SE ENCONTRÓ A SI MISMO.

-Boluda qué haces, te estoy buscando hace un montón. — Le dice un chico con barba estilo candado. La toma de la Mano. Ella se ríe divertida y vuelven juntos a la pista.

Una chica alta dice — Permiiisoooo. — Entra al baño de hombres. A nadie parece extrañarle esa situación, a algunos les divierte. Cuando sale, su amiga le pregunta si hay papel, y entra al baño sin esperar la respuesta.

Para las 3 am lo que es la pista está repleta. Alguien amontonó las ocho sillas locas para hacer más espacio. Ahora hay como ciento veinte personas. En la barra solo queda cerveza. Hay bultos de camperas y bolsos contra la pared a los que nadie presta atención, están bailando, simulan un cover de lo que suena, Gilda, No me arrepiento de este amor.

Los integrantes de las dos bandas anteriores se mezclaron con el público, uno de ellos se ve desanimado, pero una mujer de pelo negro cortísimo va a hablarle al oído- de otra manera no se pueden escuchar entre ellos- para decirle que ambos tienen el mismo tatuaje de estrella y en el mismo lugar y que le encantó la banda, eso lo pone contento y le invita la cerveza que a él le habían invitado; ambos se sientan en la escalera a charlar y aunque son interrumpidos por las personas que van a la puerta de salida, sus rodillas se rozan, comparten un tabaco y el humo se va sin prisa por la puerta de entrada.

A las cinco ni siquiera hay indicios de asomarse el sol, pero la gente ya toma sus abrigos y desfila, a veces abrazada, a veces de la mano; hacia la salida, pasan de lado de la pared que tiene pintado: SEAMOS LIBRES.

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