No hay que olvidarse de las lecciones de una madre — 1

Mi hermano me suele reclamar por las pocas memorias que conservo de mi niñez. El lo recuerda todo. Yo lo olvidé casi todo. Pero guardé algunas lecciones de mi madre. Lecciones visuales.

Recuerdo 1: Sellos con papas. La mesa del comedor — una mesa larga de madera que aún conservamos- llena de papel blanco y de pinturas. Mi mamá había hecho sellitos de papas crudas: estrellas, corazones, círculos, rectángulos.

Recuerdo 2: Los interminables libros de arte. Pasar esas hojas couché, brillantes, pegajosas. Percibo de nuevo el crujir que hacían al despegarse y las historias de personas inmortalizadas.

Recuerdo 3: Encontrar un tesoro. Ver una y otra vez los negativos de las fotografías que mi mamá había hecho en la universidad. Una y otra vez, hasta el cansancio, para descubrir siempre historias nuevas.

No estudié diseño, ni pintura, ni historia del arte. Y tengo menos de un milímetro de conocimiento al respecto. Pero a veces una obra visual me emociona (ira, miedo, tristeza, paz, felicidad, euforia) tanto como escuchar música y, de vez en cuando, me acuerdo de las lecciones de mi madre.

Lección número 1: todo entra por la mirada (NO por los ojos), la mirada es la puerta al alma.

La mirada en el universo del arte(visual, música, literatura, drama, culinario) es un gran tema de estudio, se ha teorizado mucho al respecto. Pero me interesan varios parámetros:

Primero, ver no es lo mismo que mirar. Cuando ves, el objeto visto es pasivo, no devuelve nada. Cuando miras, el objeto mirado juega un papel pasivo (porque está siendo mirado) pero también uno activo (nos está mirando de vuelta) Por esa razón los amantes no se ven, se miran. Cuando miro (entiéndase mirar, escuchar, comer, etc.) una pieza de arte esta me mira a mi también.

Segundo, al sernos devuelta la mirada ocurre un efecto espejo: nos vemos a nosotros mismos. Y, considero que también es un efecto de sujetivización: nos vemos a nosotros mismos como otros, esta distancia nos permite ver lo que estaba oculto.

Tercero, mirar tienen un efecto retrospectivo. Mirar está ligado a la memoria. Cuando miramos recordamos lo que antes no estaba. Mirar está relacionado al deseo de saber y el saber siempre estará ligado a una sensación de vacío: nunca alcanzaremos a conocerlo todo.

Pero los personajes en una obra literaria también se miran y miran, en una pieza de arte visual los elementos se miran y miran, en un ballet los cuerpos se miran y miran, en la música, en una obra culinaria, en el teatro… No obstante, lo más siniestro y dulce, es que también nos miran. Es decir, nos dan y nos quitan algo.

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