La cultura puede salvar el periodismo, o parte de él

Imagen de una de las salas del Museo de Arte Moderno del artista Gerardo Chávez. Foto: Valery Bazán.

Si consideramos que la cultura es todo aquello que edifica en el espíritu del ser humano, todo aquello que suma en sus emociones –esas que ayudan a construir convivencia armoniosa-, todo aquello que incrementa su sentido y fondo humanista, si creemos que la cultura va por esa ruta, puede que nos acusen de discriminación.

En un escenario de especializaciones como el actual, los contenidos de calidad cultural y artística son difíciles de hallar. Planteemos un zoom. Arte, pintura, arte pictórico europeo, pintura española, pintura hispana del siglo XX, Pablo Picasso. Si algún profesional en crítica del arte quisiera, podría pasarse años enteros dedicados a descubrir el genio y demonio del andaluz de ojos saltones. La vida privada es, incluso, fuente importante de comprensión de la obra de un artista. Hurgar con pasión en sus memorias y en sus secretos, en busca de la raíz de su creatividad, es un trabajo de investigación al alcance de pocos.

En una sociedad como la peruana, donde perversos gobernantes han desdeñado las expresiones de arte quinquenio tras quinquenio, la defensa de la cultura y el arte son la antípoda de la política. Sumergirse en el reto de difusión de este tipo de contenidos tiene un toque quijotesco, pero el admirado por Sancho Panza era honesto, loco pero honesto. Parte del éxito del lanzamiento de Ananaw radica en la honestidad de su propósito y en la identificación de sus límites. En la búsqueda de lectores nuevos, no debemos olvidar que los antiguos son la principal fuente de confiabilidad.

Atraer a alguien a una lectura es mágico, es una brujería muy sencilla o muy compleja. Lograr que una persona lea un texto de principio a fin es, quizás, más difícil que lograr que compre un producto confiando en un spot publicitario. Vale la pena seguir confiando en las historias, están dando resultados, las personas somos historias con dni.

El periodismo aprende del marketing, de la publicidad, de la literatura y, ahora, es más comunicación que nunca. Y la comunicación, sea del contenido que fuere, está conectada a un paisaje llamado Contexto, así con mayúsculas, porque de él dependerá la relevancia de lo que contemos.

César Vallejo debe ser el poeta cuyo nombre ha sido el más manoseado del mundo. A los liberteños no nos deben volver locos sus poemas, no deben gustarnos, tampoco indignarnos, eso es cuestión de gustos. A mí, varios me ponen la gallina de piel. Pero los liberteños debemos saber cómo fue su vida, su travesía por Trujillo, sus motivos para emigrar, debemos reconocerlo como quien recuerda a un amigo del barrio. La proximidad nace con el conocimiento y la identificación de elementos comunes. Probablemente varias actitudes y hábitos de Vallejo eran las mismas que tenemos nosotros, saberlo terrenal y peruano ocasionará que lo estimemos y valoremos.

Debemos pasar más tiempo disfrutando de nuestros artistas, que intentando que los demás intenten disfrutar como nosotros. Casi seguro que cautivaremos más gente por nuestro ejemplo y acción que por nuestros intentos de persuasión. Si leemos con fruición, alguien que nos vea se sorprenderá y querrá adentrarse en ese libro que tan excitante parece ser. Que el encanto de visitar una galería de arte ocasione un contagio orgánico. También podemos optar por sacar las exposiciones de las salas hacia las calles, como se ha logrado con regular éxito.

Que la Orquesta Sinfónica de Trujillo y otras de similar calidad toquen al aire libre todos los fines de mes en un distrito distinto. Que Gerardo Chávez y los excelsos pintores peruanos valorados en el exterior dejen parte de su obra en sendas exposiciones en los principales jirones del Centro Histórico. Que a la Feria del Libro la respeten los coroneles que no tienen qué escribir. Que las sotanas no azoten la sexualidad del arte. Que los políticos sigan callando cuando no sepan entender un cuadro que los enmarca como lo que son.

La revolución digital viene dando paso a la transformación cultural, y visto que las otras revoluciones sólo sirven a cuatro gatos, es bueno comprender que nunca hemos tenido más información al alcance como en estos días. De cómo comprendamos nuestra realidad dependerá cómo comprendamos nuestro periodismo cultural. Tenemos material para producir 20 revistas culturales, 5 canales temáticos artísticos, 10 webs de periodismo cultural, 8 radioprogramas de debate de tendencias e historia socioculturales, en fin.

En la soledad del ser humano se esconde su deseo de trascender, de ser reconocido, conocer es trascender. En la saciedad de la masa es bueno ser consciente que la quimera de que todos adoren el arte es simplemente eso, una quimera. Para que haya cultura es necesaria la incultura. Para que haya periodismo es necesaria la ansiedad de saber.

El público se ha ido autosegmentando de un modo cada vez más intuitivo, a veces caprichoso. Tenemos clanes juveniles que aman la cultura coreana, treintañeras que disfrutan del cine iraní, mujeres de base cuatro que gozan del porno para madres (así lo llamó Stephen King) de “50 sombras de Grey” y profesionales que no son egresados de las escuelas de Literatura pero que escriben novelas policiacas de enorme potencial.

Tras las turbias siete inundaciones de marzo, las agendas culturales hicieron agua, los espacios acogedores de arte tuvieron que desenlodar la tristeza seca en sus porches. La segunda mitad del 2017 ha traído lindas bombas de color, una de ellas es Ananaw.