Memorias de ayer

La pesadez de un cuerpo que se sabe

viejo desde el nacimiento

una cruz insertada

en el hombro derecho,

un laberinto trazado

en el pecho

izquierdo que recorre

y nos recorre

las entrañas hasta llegar allí

sí, allí, a nuestros sexos

descoloridos e insomnes,

inodoros, incoloros, insípidos,

como el agua.

Dos piernas flacas y torpes deambulan

entre las calles de los veintes

sin saber qué rumbo tomarán

los treintas, los cuarentas

o si habrá alguna década, un año, un lustro más.

Pero no, no quiero

que se hable de décadas en este año,

está prohibido aquí

y allá por mí

y por ti.

Las palabras matan y tú

me asestaste una “Y” puñal, aquí

en el pecho flaco y duro que duele

en la garganta hasta llegar a las muelas y subir

por el oído donde nada se oye

donde los colores caminan sobre nosotros y no se sabe

a dónde y cómo ir.

¿A qué lugares?

Ya no hay sitio donde estar

las calles han desaparecido y los mapas

fueron borrados de las hojas,

las ventanas se vaciaron de paisajes y no

nos queda más que pasar los ojos por

el libro amarillento llamado

memoria.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.