Me sentía enferma y no entendía por qué
“El que el cuerpo esté enfermo, o goce de buena salud << depende enteramente de cómo lo percibe la mente, y del propósito para el cual la mente quiere usarlo>>. No es el cuerpo sino la mente lo que necesita sanación, y la única sanación es volver al amor” (Marianne Williamson. Volver al Amor p.62)

A mis 22 años, estaba próxima graduarme de la universidad como Profesional en Relaciones Económicas Internacionales, también tenía un empleo estable, una pareja con la que había compartido un poco más de 4 años de camino y contemplaba una relación matrimonial, así que estábamos en proyecto de adquirir una vivienda; aparentemente, o mejor, de acuerdo a los parámetros sociales, estaba siguiendo el camino indicado: estudio, trabajo, casa, familia.
“La enfermedad no es más que una señal de tu cuerpo”. (Lise Bourbeau, Escucha a tu Cuerpo. p.99)
Lo más interesante de todo es que también tenía: vértigos, quistes en los ovarios, hernia umbilical, miopía, estreñimiento, hemorroides, desorden en el colon, fuertes y constantes dolores de cabeza (migrañas, en ocasiones), frecuentes herpes labiales, infección urinaria, flujo vaginal, nódulos y pequeños ganglios en la piel, constantes torceduras de tobillos, variación en el peso (aumento, regularmente), gastritis, uñas descalcificadas, cabello maltratado con puntas abiertas, piel seca y deshidratada, manos y pies resecos, etc; estos síntomas no eran del todo evidentes para mí, hasta que esa relación, pasados los 5 años, ¡terminó!, allí, se despertó un holocausto de emociones, dolores y mal-estares.
Marianne Williamson dice en su libro Volver al Amor “No importa cuál sea la enfermedad, la adicción o la deformación física, su causa está en la mente y solo en ella se le puede sanar”

No sé que odiaba más, si verme al espejo o ir al médico, me sentía desagradable y solo ver mis kilos extra me generaba más y más rechazo, la ida al medico era pérdida de tiempo, la mayoría de exámenes arrojaban bienestar, sin contar con que cada vez, recibía la misma respuesta: “estas son dolencias típicas y habituales” (nada trascendental para el sector de la salud — si ésto es/era lo “normal” no me quiero imaginar qué pasará con lo atípico o anormal). La sensación era decepcionante y frustrarte, casi que sin solución, aun así, era una pesadilla mi situación: no me veía, ni me sentía bien, y adicional a esto, rechazaba la serie de síntomas porque de alguna forma creía ser reflejo de mi madre que durante muchos años ha contado con gran número de enfermedades.
“La enfermedad es un signo de cómo nos juzgamos a nosotros mismos” (Williamson, Volver al Amor)
Pasaron los meses y el malestar aumentaba (lo más evidente era el estreñimiento y el insoportable dolor causado por las hemorroides), no lograba bajar de peso a pesar de dietas de acupuntura, masajes o cualquier cosa que me sugirieran; también habían situaciones que interpretaba como cosas insignificantes (tropezarte y lastimarte un tobillo, se suele describir como torpeza), así que, en la gran mayoría de ocasiones solo me decía: “que torpe!” o “no es nada, ya se me pasará”, solo le restaba importancia o me criticaba.
Así que para finales del 2013 y por sinfonía de la vida leí que las carnes rojas afectaban el tracto digestivo e influían en problemas del colon y a su vez en el estreñimiento.
“La crisis trae su solución porque nos pone de rodillas, nos vuelve más humildes” (Williamson, Volver al amor).

Mis asuntos digestivos me hicieron suspender las carnes rojas, e incluso el cerdo; me limité a una dieta de verduras, pollo y pescado, casi habían pasado 6 meses y entrar al baño ya no era del todo un sufrimiento, lo que no había notado hasta que intente probar una costilla de cerdo,- gracias a la cual presente malestar estomacal más de una semana-, fue que mi cuerpo ya no toleraba este tipo alimentos.
“El cuerpo tiene una inteligencia propia” (Williamson, Volver al amor).
Me acercaba al año de no comer carne, atraída por un restaurante vegetariano, había pasado desapercibido para mí que llevaba meses sin comer de ningún animalito, en el intento de comer un poco de pollo y después con mariscos y pescados, reafirme que mi cuerpo se hizo intolerante a la carne animal, cosa que se veía reflejada en un cabello brillante y más saludable, una digestión óptima, ir al baño con facilidad, piel más hidratada y sentirme más ligera .
“Un curso de milagros, dice que <<la salud es el resultado de renunciar a todo intento de usar el cuerpo sin amor>>. el uso del cuerpo para cualquier otro fin que no sea expansión del amor es un pensamiento enfermo. está reñido con nuestra inteligencia natural y el conflicto que genera se refleja en nuestro estado, tanto mental como emocional” (Williamson, Volver al amor)
Reconocer que un simple cambio en mi alimentación mejoró más del 50% de mis malestares era milagroso. Sin embargo, ésto no cambió las demás molestias, aunque si bien se redujeron, no desaparecieron del todo hasta que descubrí qué cada malestar en mi existencia era un llamado de mi cuerpo para enseñarme una lección de acuerdo a cada zona afectada y estaba estrechamente enlazado con todos los sentimientos de miedo que me despertaban los momentos pasados o futuros.
“La sanación proviene de entablar una conversación con nuestra enfermedad, intentando entender que trata de decirnos” (Williamson, Volver al amor)
Así que después de unas sesiones de reiki más un curso de respiración conectada (rebirthing) basado en la técnica de su creador Leonar Orr me enteré de los asuntos que mi cuerpo me estaba invitando a sanar y como consecuencia llegué al asombroso trabajo de Louise Hay con su interesante historia y cómo sano un cáncer de útero a través de una serie de rutinas entre ellas las afirmaciones.
“Repitiendo afirmaciones una y otra vez, plantarás nuevas semillas en la fertilidad del suelo de tú mente subconsciente y se convertirán en verdad para ti” ♥, Louise Hay
Puedo decirte que llevo un camino de transformación durante los últimos tres años, acompañada de varias prácticas, autores, y rutinas que me han acercado a comprender y cuidar mi cuerpo y mi mente, hoy soy un ser reconstruido y me place decirte que es posible conseguir transformar y aprender de todo lo que parece hacernos daño.
“Cuidamos del cuerpo como una manera de cuidar mejor del espíritu” (Williamson, Volver al amor)
Gracias por tomarte el tiempo de leerme
Felicidades y luz para tú corazón!
Un abrazo, Vanessa!!!