Diseñando a través del miedo.

Ilustracion de Javier Velo Designit

Estamos en una era en la que nos encontramos sumergidos -por decir poco- en productos y servicios que prometen solucionar de raíz todas las problemáticas de nuestro día a día, o incluso quitarle complejidad, por fin, a nuestros caóticos y afanados estilos de vida modernos.

No sé si en algún momento las personas se han detenido a pensar qué tienen en común todos los productos y servicios que forman parte de nuestra cotidianidad, para que ni siquiera notemos que estén presentes.

Hasta puede parecer absurdo comparar una prótesis para seres humanos con productos lácteos o jeringas con zapatos deportivos? O para hacerlo más notorio, ¿unas cuchillas de afeitar con el sistema de salud?

Pues bien, si lo vemos de cerca y analizamos un poco, veremos que todos responden a una verdad común, responden a un tema que es general en las personas y que es precisamente uno de los temas que nos vuelve más humanos: nuestros miedos más profundos. Suena absurdo, ¿verdad?

Steve Albrecht en Psychology Today define cinco miedos básicos de todos los seres humanos que, si los analizamos, podremos ver que son una fuente inagotable de creatividad para imaginar nuevas soluciones y productos. De hecho, han sido a través de los años nuestro insumo mas preciado de diseño.

Vamos a explorarlos un poco:

  1. Miedo a la muerte:

Esta es “la madre de todos los miedos”, esa preocupación latente por cualquier tipo de sufrimiento, dolor, enfermedad, riesgo físico o emocional, como la posibilidad de la no supervivencia. Estos son sólo algunos servicio o productos que parten de ella:

  • Jeringas con agujas cada vez más pequeñas para evadir cualquier sensación de dolor, con tamaños y formas que facilitan su portabilidad y evitan errores humanos de aplicación con dosis previamente configuradas para que nadie puede matarte por error.
  • Coches más seguros que se conducen solos y se anticipan a cualquier escenario de accidente, además de frenos ABS y tecnología especializada que reduce los errores humanos en la conducción y minimiza las consecuencias de accidentalidad/muerte.

2. Miedo a la pérdida de la autonomía:

No podernos mover con facilidad o incluso no podernos mover en absoluto, sentirnos atrapados, perder el control, sentirnos a merced de algo, alguien, desprotegidos:

  • Movilidad a demanda para llegar donde necesitas, cuando quieras y como quiera. Es otra persona la que conduce pero eres tú, solo tú, quien tiene la última palabra de dónde comienza y termina tu trayecto, evitando la molestia de estar a volante en medio de un tráfico insolente, además de poder personalizar y controlar tu espacio al detalle. ¿Música? ¡Claro! ¿Que te hable el conductor? Uy, ¡no! ¿Agua para el camino? ¡Por supuesto!
  • Ropa deportiva con tecnología de secado rápido para tratar de desafiar y controlar al clima, además de microfibras que se adaptan a movimientos fluidos, por que Dios no quiera que quedes atrapado en las fibras de algodón mientras haces un squat profundo y media dignidad tuya esta afuera del pantalón como consecuencia.

3. Miedo a la soledad.

La pérdida de conexión con el mundo, ser esa persona que nadie quiere, nadie valora o, incluso peor, que nadie respeta. Este miedo también es conocido por sus compañeros derivados: el abandono, rechazo, desprecio, etc.

¿Se te ocurren algunos productos o servicios? A mí sí:

  • La ropa que te da un status social, recurrentemente el que deseas y no al que perteneces, por que debes reflejar tus ideales, no tus realidades. (Después de todo, si tienes los jeans de las kardashian eres alguien con aspiraciones, no?)
  • La almohada japonesa en forma de a-brazo (este un poco triste, si la tienes, por favor: tírala y sal en busca de un brazo de verdad, pegado a un humano claro está).
  • Tinder para conseguir “amigos” o amantes furtivos, pero a fin de cuentas tú controlas y dosificas tu propia soledad.
  • Todas las redes sociales y sus absurdos sistemas de valoración y aceptación social: Instragram para mostrar la vida perfecta que no tengo pero deseo y Facebook para… ¿Alguien aún lo usa?

4. Miedo a la mutilación

Ese profundo miedo de que puedan “dañarnos” en nuestro sentido más íntimo y personal, más allá de lo corporal. Por crudo y absurdo que suene, todos tenemos este temor de perder una parte de nosotros:

  • Seguros de vida para… eso. Para estar tranquilos de que vamos a vivir, o incluso mejor aún, para dejar un poco de tranquilidad a quienes se quedan una vez nos llega la hora.
  • Airbags en coches para evitar que, en caso de accidente, quedemos como cualquiera de los personajes de la franquicia “Destino final”.
  • Ascensores “smooth”que evitan la sensación de desprendimiento o caída y que además cuentan con sensores que evitan que te conviertas en sanduche humano cuando coincides con las puertas cerrándose contigo en medio.
  • Ropa interior anti-Violación, pese a lo absurdo que resulta, parece increíble que este tipo de cosas deban existir, pero en fin.

5. El miedo a daños o perjuicios al ego: el más temido por nosotros los diseñadores.

Sentir humillación, que nos desaprueben de alguna manera, ser avergonzados, conocido también como “muerte del ego”, es el miedo que responde básicamente a ser rechazados.

Por mencionar algunos:

  • Pasta de dientes para que nadie se aleje de ti -en el sentido más literal-.
  • El desodorante que atrae chicas y que a decir verdad no lo hace.
  • Las clases experimentales de perfeccionamiento o aprendizaje de idiomas para justificar ser más competente en tus labores diarias y ser un profesional con más posibilidades de asumir responsabilidades.
  • Centros de salud y deporte para construir “tu mejor versión”.
  • Eventos de premiación al mejor #aquientracualquiercosa del mundo, porque necesitamos avales, reconocimiento, que todos sepan nuestra valía. Necesitamos que sepan que deben aceptarnos y que mejor que a través del ¿respeto? ¿La admiración? No hay admiración a través del temor o la lástima, ¿verdad?)

¿Qué significa todo esto entonces? ¿Que diseñamos para que las personas respondan al miedo? No precisamente…

Cuando abrazamos nuestro aspecto más básico, más humano y sabemos a qué respondemos y por qué nos movemos cuando vivimos, cuando conocemos las historias que hay detrás de cada persona, cada grupo, es ahí precisamente cuando comenzamos a innovar, ese es el momento cuando realmente podemos dar respuestas acertadas de diseño, cuando navegamos primero adentro de nosotros como humanos, para luego poder explorar hacia fuera, hacia nuestro entorno.

Girar con mirada humilde hacia nosotros mismos, entender nuestra “humanidad” y por fin RE-CONOCERNOS como especie, saber de qué estamos hechos en el sentido más literal, conocer a qué le tememos y por ende, por qué nos comportamos como lo hacemos. Volver a lo simple, a nuestra raiz es mi invitación para enfrentar cualquier oportunidad futura de diseño

Entender nuestros temores no significa estar asustado, es precisamente hacernos fuertes, es hacernos mejores desde adentro, no desde lo que nos rodea.

“Diseñamos para sobrevivir, para no ser olvidados, para ser relevantes. Diseñamos para existir”

-Lo que sea que eso signifique para cada uno-.