Lado B

Fuimos masoquistas. Nos citamos para despedirnos, y anticipando el dolor, hicimos todo lo posible para asegurarnos indelebles.

La primera vez que estuve en su apartamento me fijé en esa tornamesa porque seguía girando, aunque el disco ya se había acabado. Y así ha pasado tiempo. A él no le gusta que las cosas se acaben, no le gusta que tengan un lado B. Entonces se queda así, escuchando el ruido blanco, como quien no quiere la cosa, como negando la mortalidad de un elemento que, además, le encanta coleccionar.

Porque él colecciona discos. Tiene cientos, y de la mayoría, solo ha escuchado una cara.

“white turntable on white wooden organizer with vinyl record sleeves” by taylor hernandez on Unsplash

Fuimos masoquistas y nos citamos en ese apartamento, nos sentamos en ese sofá y pusimos a girar esa tornamesa. Él es como la música, como la condenada tornamesa. Su presencia se siente en altísima definición. Si lo tocas con los instrumentos adecuados, te revela sus detalles más ocultos, sus imperfecciones perfectas que lo hacen único.

Cuando lo sabes tocar, él es una obra de arte. Yo fui un instrumento. Él el de los surcos que esconden secretos, yo, la aguja que lo hacía cantar.

Quererlo fue fácil, aunque él no es un hombre fácil de querer. Como el siseo del disco acabado, me di cuenta de que lo quería cuando ya no estaba. Cuando su ausencia se notaba.

Y fue así que vinimos a este apartamento, nos abrazamos en este sofá, nos sepultó el silencio cuando se terminó el disco que giraba en esa tornamesa. Y también fue ahí que yo me negué a aceptar el silencio, su renuencia a los finales, el despropósito de una colección escuchada a medias.

Me paré a voltear el disco, y cuando se termino, me paré a poner otro, y otro. Cuando llegó el momento, me fui, dejándolo a solas con su ruido blanco. Ya no lo soportaba más.

Porque llegamos a nuestro fin y el ruido blanco era muestra de eso. Muestra de nuestra mortalidad, de que somos finitos. De ser por él, seguiríamos girando y girando, dando vueltas durante horas, días, años. Más revoluciones silenciosas hasta que la aguja se quiebra, hasta que los discos se rayan.

Hasta que solo queda un silencio blanco. La ausencia que se siente cuando se agota, también, el lado B. Y duele.

Welcome to a place where words matter. On Medium, smart voices and original ideas take center stage - with no ads in sight. Watch
Follow all the topics you care about, and we’ll deliver the best stories for you to your homepage and inbox. Explore
Get unlimited access to the best stories on Medium — and support writers while you’re at it. Just $5/month. Upgrade