La generación que no puede tener algo estable

Desde hace algún tiempo quería compartir una reflexión o teoría que he tenido acerca de las relaciones sentimentales, y quizás peque de “hater” al publicar este escrito un 14 de febrero.

No es secreto para alguien que pase su vida principalmente en Facebook que este tema esté rondando en varios blogs y periódicos. Pero es una verdad actual y universalmente conocida que somos la generación que no puede tener algo serio (y en el caso de Venezuela: estable).

Los venezolanos, especialmente mi generación que son aquellos nacidos entre 1987 y la década de 1990, no conocemos lo que es la palabra “estabilidad”. En la Venezuela del 2017 no existe la estabilidad social, económica, política, laboral, alimenticia, cultural, profesional, familiar, y especialmente sentimental.

Mis razones son muchas, pero para efectos prácticos vamos a recrearlo con un ejemplo. Llamaremos a la protagonista de nuestra historia “Susy”, una chica entre los 18 y 25 años.

Susy, como todos los jóvenes poseía un grupo de amigos genial. Juntos iban a conciertos, rumbas, al cine, reuniones… totalmente inseparables. De repente, todo comenzó a cambiar. Primero fue fulanito que comenzó a buscar universidades en donde estudiar, luego fue sultanito a quien sus papás por seguridad lo mandaron a otro país. Conforme pasó el tiempo, los miembros de este grupo de amigos comenzaron a verse más seguidos, pero para encontrarse en despedidas.

“¿Vas a la despedida de “nosequien”? Sí, claro. Luego iré al aeropuerto a despedir a “fulanito”.

Los encuentros comenzaron a convertirse en citas, para ir a apostillar. Para ir a la universidad a buscar notas certificadas, a renovar el pasaporte, a presentar un poder. Las tardes de peliculas en una casa, se convirtieron en noches de Ron y tequeños, de comida venezolana preparada a duras penas por la excases de alimentos. Reuniones de “traje” lo que pude, solo para compartir una madrugada hablando de la vida contigo.

De un momento a otro, Susy comenzó a reunirse con sus amigos… a distancia, via Skype. Rogando de que el internet no se fuese, o que la luz llegara esa noche. Comenzo a conocer la nueva vida de sus amigos via Instagram Stories, videollamadas de WhatsApp y una que otra foto fugaz en un mensaje directo de Instagram.

Así se comenzó a quebrar la primera parte de la situación sentimental de Susy: la de los panas. Nuestra protagonista siguió con su vida, como todos los demás. Pero de repente, comenzó a presentar otro tipo de inestabilidad en su vida: la familiar.

Unas tres o cuatro veces al año, la familia de Susy se reunía para compartir entre primos y tíos, hablar de la vida y hacer una buena parrillada. De un momento para otro, las reuniones comenzaron a ser menos frecuentes. Las veces que se veían eran para despedirse un “adios”, un “hasta luego”, un “nos vemos pronto, visítame”. Las reuniones dejaron de ser en casa de la abuela, para ser en la zona de embarque internacional del aeropuerto.

Pero como dice la frase: “el show debe continuar”.

La estabilidad emocional

Con todo este “drama” que vivió nuestra protagonista a lo largo de los últimos cinco años, decidió comenzar a hacer nuevos amigos, a reunirse con los pocos familiares que le quedaban en el país y sobretodo sacar fuerzas de donde no las tenía.

De repente, así como pasan las cosas más lindas del mundo, lo conoció. Fue en una reunión, en una fiesta… eso no es lo importante. Lo conoció, y se enamoró. Tuvieron una relación como cualquier pareja de “novios”, hasta que el cuento de hadas dejó de existir.

La fractura de la relación no fue por una infidelidad, por falta de amor, por falta de confianza. Amor era lo que más existía entre ambos.

“Me voy del país”, le dijo tomándola de la mano y posteriormente, dándole un fuerte abrazo que no pudo unir lo fracturada que ya estaba por dentro.

Frases como estas se escuchan a diario en las calles de venezuela, en sus universidades, en sus plazas. El “socialismo del siglo XXI” ha hecho a nuestros jóvenes más inestables, en todos los sentidos.

¿Realmente vale la pena tener una relación sentimental en este país? Es algo que le he comentado a mis amigas a diario, si realmente vale la pena el esfuerzo sentimental.

Vivimos en un país en el que somos esfímeros, ya no es cuestión de que los de mi generación le temamos al compromiso. Temamos ser única y exclusivamente de una persona, ese no es el problema.

Hoy estamos, mañana no. La persona que conociste hoy puede que no la veas mañana, ya sea porque se va del país o porque una bala perdida le arrebató la vida. Vivimos en un país de una estabilidad inexistente, que no solo afecta nuestro desempeño material sino el espiritual, el del alma.

Hacer un nuevo amigo en Venezuela, es tan dificil como conseguir Harina Pan. Tan solo el hecho de tener un grupo de amigos “estable” es una bendición que no muchos tienen. Somos la generación de amigos virtuales, porque no tenemos de otra.

Capaz peco de “artificial” con mis comentarios. Pero no somos la generación que tiene “novios formales” somos la generación que “sale con alguien”. Disfrutar dos o tres días, y ya. Unos besos, una copa de vino, y una noche es más fácil que tres meses de noviazgo que terminan en un aeropuerto por un boleto de avión.

Es más sencillo no comprometerse y ahorrarse el sufrimiento. Pero al mismo tiempo es triste, ver que solo actuamos por impulso, ya no somos almas sino cuerpos que no quieren estar solos. Somos materialistas, no conocemos lo que es el “amor”, ni “una amistad para toda la vida”.

Somos la generación de “me gradúo y me voy”, de “no salgo con nadie, porque igual me voy”. Es increíble como la avaricia por el poder de nuestros gobernantes poco a poco quiebra lo que somos.

Tampoco digo que por estas razones no se pueda tener una relación sentimental en Venezuela. Solo me atrevo a llamar valientes a quienes la tienen.

En cuanto a mi, el consejo que les doy a todos aquellos que viven enrollados porque “no responde”, “qué le digo”, “qué oso decirle que me gusta”, es: solo vive. Hoy estamos, mañana no. No te quedes sin decir nada, somos esfímeros, somos una historia de Instagram en una noche de borrachera.

Somos muy jóvenes para vivir preocupados, para vivir amargados, no dejemos que la situación país destruya la poca fé que nos queda.

Disfruta cada minuto en el que tengas a esa persona a tu lado, y siempre vive el presente. No pienses en el futuro, porque quizás no lo hay.

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