Cumbre del clima en París

No termina nada, empieza.

Si los 157 países que presentaron sus compromisos voluntarios de mitigación frente al cambio climático cumpliesen sus objetivos en los próximos 20 años, Latinoamérica podría verse beneficiada por un cambio sustancial en la calidad del aire, un desarrollo importante de la movilidad eléctrica, y el posible tercer gran impacto que veríamos estaría relacionado al cambio en la matriz energética. Fuentes diversificadas y predominio de las renovables frente al esperable desplome de los combustibles fósiles. Los cambios se verán en la salud, la movilidad y los modos de procurarnos energía, un servicio vital para la supervivencia de la especie en un mundo interconectado, cambiante y con urgencias básicas por resolver.

El Comisario Europeo de Acción por el Clima y Energía, Miguel Arias Cañete, dijo este mediodía en teleconferencia con periodistas de Chile, Colombia, Paraguay, Perú y Argentina que se espera la “descarbonización” de la economía y que sería deseable que los países de la región propicien entornos favorables para las inversiones que hacen falta (seguridad jurídica, transparencia en las finanzas y predisposición al cambio de paradigma). El planteo parece razonable frente a la solicitud regular de pedir a los países ricos fondos y más fondos para mitigar.

Ciertamente sería muy bueno que, como pide el presidente de Bolivia Evo Morales, se constituya un Tribunal Internacional de Justicia Climática que determine las responsabilidades de aquellos que más contaminaron pero, por otro carril, todos los países -sin distinción- necesitamos impulsar agresivas políticas frente al aumento de la temperatura global. Esas acciones debieran traducirse en cambios rotundos ligados a los hábitos de consumo y producción. ¿De dónde proviene lo que comemos?, ¿Cómo ha sido confeccionada la camisa que acabo de ponerme?, ¿Qué tipo de transporte utilizo?, ¿Cómo me curo y dónde vivo? Y hay mil preguntas más que nos llevarán a recalcular. También las empresas locales están obligadas a involucrarse más y tener la capacidad de ver en los cambios grandes oportunidades para un crecimiento y desarrollo diferente al que conocían.

Renovados roles y mayores involucramientos se esperan. Todos debiéramos poder pensar en la posibilidad de un nuevo modelo “civilizatorio”, a decir de Morales, evitando el consumo extremo, las guerras y el mercantilismo, para construir y consolidar el “vivir bien”. La cumbre de París, cuyas negociaciones empezarán este mismo domingo, inaugurará un proceso dinámico y bastante más complejo que determinar quiénes han presentado metas de mitigación más o menos ambiciosas. Las conversaciones que se esperan para los próximos años suponen revisar unos modos de concebir y actuar en el mundo y detenernos punto por punto para analizar cómo lo hemos hecho y cuáles son las posibilidades de revertir un sistema de vida que no resulta sustentable. El gran rediseño nos espera. Es un desafío inmenso y perentorio pero también encierra, como señala el Papa Francisco, una belleza que debiéramos apreciar.


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