La soledad

¿Ustedes alguna vez han ido al cine solos? Yo sí. Orgullosamente lo digo, fui al cine sola a ver Casablanca. Me compré mis palomitas y mi coca, hice la fila sola, entré sola y me senté sola.Tenía muchas ganas de hacerlo desde hace rato y no me atrevía. Es como extraño ir al cine solo, es una actividad que uno suele hacerlo acompañado y estar sentada sola en la butaca, pues sí, efectivamente es un sentimiento extraño, pero para mí era victorioso. Estaba haciendo algo que tenía muchas ganas de hacer y no lo había hecho por cuestiones de miedo, prejuicios o por lo extraño que era. Sí les confieso que la parte de ir al baño y tener que agarrar las palomitas, la cartera y la coca fue un poco incómodo. Pero uno sobrevive. Y justamente ahí es donde voy.

Sobrevivir.

La idea de ir al cine sola era un asunto más grande que eso, es más que todo hacer cosas sola. Aprender a estar conmigo un ratito, y no en temas de manejar, caminar o ir al gimnasio. Sino en espacios donde uno se sale de la zona de comfort, donde es ciertamente incómodo, donde tengo que ver como hago para hablar con alguien -o no hablar- de tener algún tipo de reto y tener que arreglárselas sola. No se ustedes, pero yo no soy de esas. A mi me gusta andar acompañada, por más de que adoro la soledad, jamás me atrevo a ir a un concierto sola, o a una fiesta? Jamás! De ahí agregar hacer viajes, paseos, ¿qué tal irse de viernes a domingo a San Gerardo de Dota a una tipo encerrona de diseño sola? Irse manejando sola, dormir en un cuarto con dos desconocidas y llegar sola sin conocer a nadie! (Bueno, les admito que si conocía a alguien, pero era un expositor, tampoco contaba).

El finde pasado me di unas mini vacaciones (mini porque también trabajé) al Escape FID. El FID es el Festival Internacional de Diseño en Costa Rica que organizan desde hace 5 años, del cual sacaron una idea chivísima de sacarnos de la ciudad e irnos 30 personas a un escape de 3 días a San Gerardo de Dota en el Trogón Lodge a talleres de diseño con 2 expositores internacionales y uno nacional. ¿Suena increíble verdad?

Yo tenía muchas ganas de ir, pero sabía que encontrar a alguien que se uniera iba a ser difícil, por precio, tiempo, interés, lo que fuera. Así que media hora después de que sacaran la inscripción formal, pagué todo el asunto y lo hice. Me quedé con un huequito en la panza extraño de la incertidumbre mezclado con ansiedad con mucha emoción de cómo iba a estar todo el asunto de llegar a un espacio con desconocidos y sobrevivir sola.

Así fue como el viernes pasado me monté en el carro sola para manejar una hora y cuarenta y llegar al famoso Escape FID. No estaba la parte de ponerse de acuerdo si salíamos en caravana, si ya estaban listos para pasar a recoger a alguien, si había que pasar al super a comprar algo. Todas esas actividades normales y corrientes que uno hace cuando va de paseo. Nada. Yo pasé al super y me compré mis cosas.

Llegué a San Gerardo de Dota, después de bajar una cuesta de 25 minutos en calle de lastre. A esto le agrego que nunca jamás había manejado sola tanto tiempo y todavía menos en una calle así. Pero era parte de la aventura, todo fue parte de la aventura. De conocer gente, de buscar un campo en la mesa para el almuerzo. Típico escenario del comedor gringo donde “la nueva” entra y busca algún espacio vacío en una mesa, para acercarse y tener que preguntar “¿puedo comer aquí?”. Así justamente me sentía yo. Pero no tenía que hacerlo porque después de conocer a mis a mis compañeras de cuarto ya nos llevábamos bien y ya para el almuerzo del viernes ya me habían invitado a “compartir una mesa”.

Y para el el evento de cierre del sábado en la noche con birritas y una cena espectacular, me sentía como la novia en su boda donde cambia de mesa para saludar a todas las personas que pueda.Bueno, tampoco tan exagerado, pero sí les admito que hice ronda en lugares diferentes y terminé en la última mesa donde parecíamos amigos de toda la vida, aunque durante la conversada seguíamos presentándonos y repitiendo nombres. Claro, teníamos como 2 horas de saber que el otro existía.

El domingo en la mañana estaba completamente paniqueada de tener subir la famosa cuesta. Siete kilómetros para arriba en lastre para una novata es bastante complejo. Para mí todavía más, no estoy exagerando, de verdad estaba asustada. La noche anterior traté de subastear la manejada y que alguien más lo hiciera. Todos me dijeron que no. Pues a las 11 aprox. llegó un ex conocido nuevo (a este no lo había visto en todo el finde) y me dijo “usted no se preocupe, yo voy al frente suyo, vamos despacio, su carro aguanta y usted de fijo si la puede subir bien. Vamos tranquilos y cualquier vara, usted me pita y yo le ayudo”. Pues después de 25 minutos de subir la cuesta, llegamos arriba como unos rockstars y todo estaba bien. Me gané una galleta de premio. Así que le agrego un logro más al Escape (Reto Personal) FID.

Así fue todo mi finde, compartir con personas desconocidas un espacio, una mesa, un cuarto. Esperar a que la otra persona termine de comer para ir juntas por el plato fuerte, a caminar de puntillas para no despertar a mis compañeras de cuarto, a reírme con personas que tenía 10 minutos de conocer, a comer con desconocidos para que se convirtieran en conocidos.

¿Cuál es el obstáculo que tenemos muchos para hacer cosas solos? No estoy del todo segura sin es miedo, el prejuicio de “vino sola porque no tiene quien la acompañe”, la soledad, lo extraño que uno se pueda sentir o tal vez el encuentro con uno mismo. Pero les cuento que uno sobrevive después y son más las cosas positivas que las negativas (que son míninimas o ninguna). Les dejo como reto el que se pongan retos. Tal vez para muchos sea hacer cosas solos así como para otros puede ser hacer cosas acompañadas. Podría ser invitar a alguien a salir, puntos extra si es mujer. (No por machismo, sino porque va en contra de la costumbre). Pero sí, hacer cosas que nos dé miedo. Hablar en público, probar comida nueva, meterse en clases de tango sin pareja, aceptar que la música favorita es el rock pesado pero el cantante favorito es Luis Miguel (esto es una historia verídica de mi cena del viernes). 
Se los dejo en mente, en la lista de cosas que hacer, en el bucket list. Sea lo que sea, pongámonos pruebas que nos den miedo. Ofrezco mi cabeza si les miento, al final el sentimiento es realmente satisfactorio.
¡Qué les vaya muy muy bien en sus retos personas!