Probé la heroína y me encantó

  • El 90% de los indigentes han caído en las calles por adicción a las drogas. Muchas de estas comenzaron antes de su vida callejera y muchas comenzaron cuando llegaron a la calle.
  • Actualmente hay aproximadamente 3500 indigentes en San José y ha incrementado de manera preocupantes en los últimos antes.
  • El efecto de la piedra dura 15 minutos y puede costar entre 500 y 1000 colones dependiendo de la cantidad.
  • La heroína se considera una de las drogas más adictivas.
  • La cocaína, el opio, la heroína, y el alcohol promueven la liberación de dopamina, un neurotransmisor encargada de los sentimientos de placer, satisfacción y del enamoramiento. Cuando dos personas están en su etapa de enamoramiento se produce un aumento de actividad en las áreas del cerebro relacionadas con la energía y la euforia, justamente en lado derecho donde se concentran niveles más altos de dopamina.
  • Se ha demostrado que la esquizofrenia implica altas cantidades de dopamina en los lóbulos frontale.
  • La heroína pertenece a la familia de los opioides, medicamentos que alivian el dolor. Reduce la intensidad de las señales del dolor ademas de controlas las emociones.

La indigencia es un problema que nos debería afectar a todos pero lastimosamente muchos tienen el concepto de que todos los indigentes viven en la calle por elección. Además de vivir con el estereotipo que todos son violentos, agresivos, asesinos, violadores, cochinos, ladrones, etc. Y todas las personas que digan eso es porque no hay conocido a Tala o a doña Sonia, porque no han salido a la calle a conocer a los indigentes, a conversar con ellos y cambiar todo su concepto erróneo de esta población que vive una situación de abandono.

Yo era esa hace un tiempo, un poco. No tenía este concepto pero sí les soy sincera, no era mi población favorita para atender. Soy una persona muy nerviosa y tenía una percepción errónea de que no iban a ser tan buenas personas. Ocho meses después de que comenzamos con De la Mano con la Calle, me cuesta creer que en algún momento pensé así.

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La edición 3.0 fue distinta, no mejor ni peor, nada más distinta.

El jueves anterior al evento tuvimos la preselección de ropa, la capacitación y la fabricación de collares de fruit loops. Y llegó mucha gente! Sorprendentemente la mayoría eran nuevos, la mayoría iba a vivir por primera vez una relación directa con un indigente. Ya ahí todo estaba espectacular. Voluntarios activos, motivados, trabajadores. En la cocina se quedó el grupo de los viejos, 8 voluntarios calculo, que tuvimos que llegar a callar 3 veces por las carcajadas que tenían mientras nosotros dábamos la capacitación. Esas 8 personas se conocieron en De la Mano con la Calle y ahora son compas que se emocionan cuando se ven. Trabajaron de una manera espectacular todos! Salí de ahí con una satisfacción exagerada que todos sabían que hacer y los que no sabían encontraban cómo hacerlo. Pude sentarme en mi compu a trabajar porque nada más las cosas fluyeron como nosotros habíamos soñamos que fluyeran.

El sábado temprano llegué al Parque España a las 8am donde ya habían muchos voluntarios esperando, además de la móvil de DEMASA, empresa que se ofreció a patrocinar el evento y donar toda la comida! No sólo para los indigentes sino también para los voluntarios. Nos donaron 800 platos de comida! Esto gracias al trabajo de todos los voluntarios que hicieron las ediciones pasadas tan tan exitosas.

Salieron las 7 rutas a repartir comida y la ruta 1 se quedó con la móvil con una logística un poco distinta. El plan era hacer 4 paradas en puntos estratégicos y entregarles la comida directamente en estos lugares. Puntos donde nosotros pensábamos que iban a estar llenos de indigentes. Lastimosamente y por dicha, no logramos encontrar tantos como queríamos.

La edición fue distinta porque no fue tan fácil como las ediciones pasadas. Esta vez tuvimos que solucionar problemas, caminar por todo San José buscando indigentes bajo un sol picante durante casi por 4 horas. Tenemos la teoría de que no encontramos mucho por el sol que había, pero tal vez y nosotros teníamos un reto distinto. Tuvimos que aguantar, que esperar en un parque mientras Allan, un voluntario, se iba a caminar por todos lados para ver si encontraba habitantes de calle. Los voluntarios siguieron con nosotros a cada punto con toda la emoción de que íbamos a encontrar más y nunca encontramos.

Por otro lado, los líderes de las otras 7 rutas nos mandaban reportes en el grupo de whatsapp. Dónde estaban, qué tenían y que no tenían. Coordinaban entre ellos para toparse y unirse o entregarle al otro grupo lo que ellos tenían de sobra.

Tuvimos 27 peluqueros apuntados y llegaron 7. De asistencia médica se inscribieron 24 y llegaron 6. Con estos datos tuve una decepción que me duró muy poco de cómo tantas personas no llegaron. Después entendí y agradecí que teníamos 7 peluqueros y 6 estudiantes de medicina que iban a dar todo lo que podían y un poquito más.

Volviendo a la Ruta 1, en medio caos y estrés y el corazón un poco quebrado, Oscar y yo llegamos a la conclusión de que ya habíamos hecho todo lo posible, que realmente buscamos en todos los lugares y que nuestra aventura se había acabado. Aunque realmente sin darnos cuenta, nos quedaban todavía otras dos paradas igual de importantes.

La primera fue el Centro Dormitorio de San José donde duermen 102 indigentes todas las noches. Entran a las 4pm, 6pm o 7pm a bañarse, cenar, dormir en una calle, desayunar e irse. Lugar donde además les dan charlas de motivación, los llevan a jugar fut a La Sabana, les dan ropa, les proporcionan un tipo de convenio para los que logran encontrar trabajo. Un lugar donde ellos mismos dicen que se ha convertido en su familia. Y Ramón el director, considerado por ellos como el papá.

Pasamos a dejar algunas de las donaciones, sin embargo en esta semana se vuelve a hacer otra visita donde llevamos todos los desodorantes y pastas de dientes que llevaron en esta semana a lo centros de acopio y el sábado en el Parque Francia.

Aquí conocieron a Rubí, una trabajadora del centro hija de un indigente. Conocieron a JuanCa, un ex indigente que estuvo en la calle por 8 años y se logró recuperar gracias al Centro Dormitorio. Ramón habla siempre de Juanca como un ejemplo de superación, dichosamente estaba ahí para contarles la historia de su vida a los voluntarios que lo escucharon, le hicieron preguntas y lo felicitaron por haber salido adelante. Además tuvieron un tour donde conocieron la dinámica y el espacio donde duermen todas las noches.

Después de mucho cansancio, caminamos del Centro que queda por el Parque de la Merced hacia el Parque España de vuelta a toparnos algunos voluntarios que nos estaban esperando pero que también estaban conversando y compartiendo historias. Viendo fotos con una sonrisa agradecida y enamorada. Sin exagerar.

Nuestra segunda parada fue el post evento. Nosotros consideramos que el pre evento es igual de importante que el durante y que el post así que siempre nos vamos a almorzar juntos para cerrar la actividad y escuchar comentarios.

Nos fuimos aproximadamente 15 personas a pasar la tarde juntos y realmente me di cuenta de la comunidad que se ha hecho en De la Mano con la Calle. De como los voluntarios se convirtieron en amigos, inclusive salió hasta una historia de amor. De 4pm a 8pm sentí mi corazón abrumado de lo que estaba viviendo. Los voluntarios contando sus historias personales, secretos y debilidades. De porque están donde están o de porque no. Muchos contaron cosas y recibieron consejos, pero realmente cada uno compartió todo lo que pudo.

Era una zona de comodidad totalmente. Esa mesa ayer fue un espacio donde las 15 voluntarios pudimos quitarnos cualquier máscara social y realmente profundizar. Ayer me di una palmadita en la espalda y le di una Oscar porque esa mesa era una representación de que estamos cumpliendo uno de nuestro objetivos más importantes de crear comunidad.

Es decir, a pesar de haber atendido a aproximadamente 60 indigentes en nuestra ruta, ayer se desarrolló otro de nuestros objetivos sin darnos cuenta. Nuestros voluntarios ya son amigos. Nos reímos y lloramos de carcajadas. Pero también tuvimos piel de gallina con la historia de un amigo que falleció. Discutimos e hicimos la paz. Nos dieron las gracias y nosotros les agradecimos de vuelta. Comimos nachos con zanahoria rallada y nos cambiamos de lugar porque había un gato sentado a la par de nosotros. Conocimos a un novio, contamos historias de amor y de desamor. Hablamos de la tristeza, de la verdad, de la familia.

Ayer en mi cerebro se produjo la dopamina que yo necesito. Mi generador de dopamina son ellos. Los voluntarios y los indigentes. La gente. Dichosamente no necesito heroína para sentir satisfacción o placer porque escuchar la razón por la que Josué desarrolla tantos proyectos sociales ya para mí es suficiente. Darme cuenta que hemos realizado 3 ediciones de De la Mano con la Calle y que cada una tiene sus retos distintos, sus diferentes aprendizajes y que hemos sobrevivido todas, eso es suficiente. Para mí es suficiente. Esa es mi opioide.

Pero también entendí un poco más al indigente y agradecí muchísimo por la vida que tengo. Ayer justamente un voluntario dijo que la vida que nos tocó fue por suerte y no por elección.

Los indigentes son personas que viven en abandono, que muchos tienen enfermedades mentales, que a muchos les rompieron el corazón y los echaron de su casa. Son personas como ustedes y como yo que nos encanta compartir un momento con alguien y que son muy pocos los que realmente se toman el tiempo y les dedican un ratito.

Ayer me di cuenta porque hacemos De la Mano con la Calle, porque dedicamos tanto tiempo a desarrollar el proyecto, porque lo queremos tanto. Esos voluntarios que salen a caminar por todo San José, desde una parte emocional, salen a repartir amor, a abrazar gente, a regalarles su tiempo, pero desde la parte racional, ayer entendí que los voluntarios son productores de dopamina. Ellos son la droga que los indigentes necesitan justamente para salir de ahí. Los voluntarios representan la esperanza, el valor, la atención y la oportunidad que cualquier indigente y cualquier ser humano necesita durante toda su vida.

Personas jóvenes y no tan jóvenes, nuevos y viejos, emocionados y asustados. Todos con sentimientos encontrados, todos con el corazón alborotado salen con la satisfacción de que formaron parte de un proyecto de labor social, de que fueron importantes para alguien más. Al final de cuentas, producimos dopamina para los indigentes pero también para nosotros mismos.

De la Mano con la Calle ha sido el proyecto que me ha abierto más los ojos y les quiero dar las gracias profundamente a cada uno de los voluntarios que participan siempre. Los que llegan, los que donan, los que motivan, los que emocionan. Este proyecto sin ustedes jamás se podría hacer. Me gustaría poder darles un abrazo a cada uno y agradecerles a cada uno por separado por producir dopamina y repartirla a cada persona con la que interactúen. Gracias gracias y siempre gracias.