24 líneas.

Al principio, creo, debe ser, pero no recuerdo una oscuridad más impenetrable ni más voraz, era algo semejante al preludio del Big Bang, quizá. Luego un golpe súbito, partículas de luz artificial chocaban con mi llanto, esto que conocemos como vida parecía empezar… el tiempo, en cambio, ya venía de más atrás. Sí recuerdo las flores, mi familia, el mar, aprender a leer y no querer parar. Mi primer colegio, mi amigo Edgar y llevar el estandarte de padrino en la fiesta oficial, huir de las chicas, jugar con los tazos y no saber perder, por tanto llorar. Dragon Ball en una televisión y mi familia llamando a almorzar, ir en calzoncillos y poner los dos dedos en mi frente a ver si me conseguía teletransportar. Ver a mi hermana recién nacida y compararla con un animal, pero quererla hasta el punto de que dijera: “hermano, para ya”. Lluvia y mar; los cielos: un nuevo país, una nueva ciudad. Ya era un inmigrante cuando aún no sabía multiplicar, en esta sociedad, eso me enseñó a dividir. Esperé la carta de Hogwarts pero al no llegar nunca, me la inventé; después le dije al director que ya no lo llamaría más Don Rafael, sino Dumbledore. Un nuevo colegio, otra ciudad distinta, demasiados cambios y ya en adolescencia… necesité vinculos más potentes y encontré ahí amigos que no solo aún conservo, sino que me definen. Pero una vez más, nuevo cambio, más amigos y gamusinos. Delirio, inconsciencia, relaciones dañinas. El primer Camino, donde aprendí que hay buenas personas de corazón, donde me curaron. Universidad, viajes a Miami, mis tios y primos, quererme quedar. Repetir Contabilidad, encontrar a mi princesa: replantarme mi existencia, consagrarla a su felicidad. Empezar a trabajar, y hoy dudo y pienso ¿mis líneas se estancarán?

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