Apología de la salud mental (o por qué el Bikram Yoga no te salvará de tu mierda) Parte 1

Bikram Choudhury, creador del Bikram Yoga y promotor del movimiento #metoo

La obsesión por ser un miembro productivo de la sociedad y cuidar nuestro cuerpo ha dado lugar a una generación de jóvenes profesionales ultra hidratados, competentes en el ABC del mundo del yoga urbano, y generalmente con las piernas muy fuertes. Toda esta actividad parece ayudarles a producir la dopamina necesaria para afrontar su día a día, por lo que parecen no preocuparse por su estabilidad o progreso psicológico. ¿Estamos produciendo una generación de crazy hot people?

Nací y crecí en un barrio de Barcelona de clase media-media a finales de los ochenta, lo cual debería convertirme, sobre el papel, en un paradigma Millenial. Aún así, no me resulta una novedad el hecho de que estoy fallando como tal. Vale, uso tocadiscos, pero ni siquiera tengo una cuenta de Instagram donde subir las fotos. Es más, mi tocadiscos ni siquiera es vintage o mono. Fue una baratija de 120€ en el Corte Inglés y no suena excesivamente bien. Por lo general, escucho a Serrat, a The Beatles y a Pink Floyd. Y la mayor parte de mis discos fueron producto de un asalto a casa de mi abuela, quien, por una parte se mostraba contenta de que alguien les diera uso, y por otra parte molesta porque le estaba descolocando los muebles de la salita en mi búsqueda.

Es parecido a este, pero más feo y más barato

Hay momentos en los que resulta más evidente que otros el hecho de que no congenio con mis coetáneos. Imaginen la cantina de una oficina. Es una cantina puramente Millenial: mesas largas de madera clara, situadas en fila, y banquetas sin respaldo alineadas paralelamente. Comemos sándwiches, porque estamos en Holanda. Capto el final de una conversación:

-Since I started doing Yoga I feel much more aware of my body

La afirmación me deja ojiplático. Siempre había considerado que estaba concienciado de mi cuerpo (desafortunadamente) pero resulta que algunos ejercicios nos hacen estarlo todavía más. Como si fuera necesario.

Pero el caso es que, echándole atención, puedo ver que estos seres hacen esfuerzos constantes por cuidar la piel que habitan. Muchos de ellos cargan por la oficina unos termos que mantienen el agua fría y la van bebiendo a sorbitos, como detectando a tiempo real que algunas células de su bazo empiezan a deshidratarse. En la oficina hay algunos grifos con agua fresca y potable, y miles de vasos de cartón reciclables, ¿por qué adoptar costumbres de ciclista?

“Doble Pared de Vacío Futura”

Su agenda no termina con el fin de la día laboral (lo cual es muy loable), sino que, al menos 3 días a la semana lo combinan con alguna actividad extra, generalmente yoga. Lo oriental vende, y los Millenials compran. En específico, hay una modalidad que me produce especial fascinación: el Bikram yoga. Podría documentarme en Google sobre lo que es exactamente, pero no soy periodista y siento que hacer tal cosa sería transgredir los códigos del estilo cuñado al que pienso ser fiel. Long story short, se trata de hacer yoga en una habitación térmicamente acondicionada a la Murcia de finales de Julio.

Y uno, cuyo máximo placer en la vida es beber whisky con Cocacola mientras fuma Marlboro Gold, no puede dejar de sentir que su disonante estilo de vida le produce verguenza. O, más concretamente, una sensación de que voy a morir en un plazo máximo de tres meses. Mérito de varios factores.

La verdad sea dicha, si hay algo que tal diferencia no me causa, eso es envidia. Ya que estos hotvenes de pierna ronáldica y abdominal semiescultural, a falta de fealdad se les da por ser erráticos: relaciones disfuncionales, trantornos madurativos, disonancias cognitivas crónicas, visiones distorsionadas de la realidad. Y a eso, amigos, parecen no prestarle ninguna atención. Parecen no temerle a la factura de tan perdidos que andan en la propina.

Más detalles en el siguiente post. Stay tuned.

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Crónicas de un quinceañero de treinta y algo

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