Ruth y Naomi (parte II)

Esta mañana Ruth llega a la fábrica más temprano que de costumbre. Siempre ha sido puntual y extremadamente cautelosa con todas las normas. Pero hoy lo hace casi una hora antes de lo habitual. Apenas atisbó por la ventana que amanecía se levantó de la cama. Llevaba horas despierta en la cama, con Naomi que parecía descansar plácidamente. “Bendita muchacha, no se queja nunca. Con lo que tiene que dolerle la pierna y aún sin poder hablar del susto. Ojalá se recupere pronto y la admitan de nuevo en el trabajo. Tengo que hablar con Jeffrey a ver qué me dice”.

Naomi la escucha levantarse como ha escuchado toda la noche la respiración nerviosa de Ruth. Se imaginó abrazándola y dejándola llorar sobre su pecho. Consolarla por la muerte de su hijo, por su enfermedad, por todo lo que está soportando. Decirle que no está sola, que ella nunca se va a ir, que en breve se curará y volverá a trabajar. Y que lo van a conseguir entre las dos, que estarán tranquilas con su pena y sus ausencias, pero tranquilas. Llora en silencio, no sólo por no poder hablar sino porque aunque lo hiciera no sabría cómo decirlo y porque ni siquiera es verdad. Quizá pierda la pierna, quizá el habla no vuelva, quizá Ruth no consiga esconder su dolencia por más tiempo y la echen de la fábrica. Entonces, ¿qué harán?

El mismo insomnio y la misma incertidumbre habitan en las dos cabezas, una a cada lado de la cama, espalda con espalda. Ambas con el mismo temor final, preocupar aún más a la otra. Fingir que las cosas no están tan mal es lo que las mantiene en pie. Saben que si una se derrumbar la otra también caerá. Y ahí ya no habrá nada más, porque después de la desesperación ya no hay nada.

Ruth no ha sido la primera, parece que hay bastantes más que no aguantan en la cama. Antes de pasar la verja vio a unos cuantos de sus compañeros arremolinados en la entrada. Y ese chiquillo, Steven, subido en lo más alto de una gigantesca bobina de hilo eléctrico. ¿Qué está haciendo ahí? ¿Por qué grita? ¿Por qué demonios le escuchan con tanta atención?

Justo cuando cruzaba el alambre apareció Jeffrey a su lado, el capataz. Ruth le miró asustada mientras él le da los buenos días. Parece que no se ha percatado aún de lo que está pasando. Si llega a ver al muchacho ahí arriba, no sabe qué consecuencias habrá para él ni para los que están allí reunidos. Aunque no sabe de lo que hablan pero se imagina que sea lo que sea no agradará a jefes ni a dueños.

- Mr Jeffrey, buenos días. Disculpe que le moleste, verá yo quería hablar con usted. Llevo varios días pensándolo pero no sabía cómo hacerlo. Me ha parecido esta casualidad una oportunidad.

- Tú dirás, Ruth- dijo secamente y frunciendo el ceño. No tengo mucho tiempo, justamente he venido antes para hablar con el señor Wilkson esta mañana.

- Verá, señor, es sobre mi nuera. Naomi, ¿la conoce?

El semblante de Jeffrey cambió por completo, de pronto su gesto se relajó. Ya no parece tener tanta prisa y Ruth supo reconocer que en esa mirada interesada del capataz había una baza por jugar.

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