Versos irrefrenables

Lleva toda la vida componiendo versos en su cabeza. Sonetos en su mayoría, uno por día desde que tiene memoria.
- ¿Por qué no los escribes?- le decían una otra vez. 
Pero nunca le vio la necesidad. Se acordaba perfectamente de cada uno de ellos, y es capaz de recitar con soltura el poema correspondiente tan solo con mencionarle una fecha del pasado al azar. 
- Deberías escribirlos.
- ¿Para qué? Te recitaré cuantos desees, siempre que quieras oírlos. Solo has de pedirlo.
- ¿Y si algún día enmudeces? ¿O si no estás?
Aquello le dio que pensar. Despertó el temor en su cabeza. Podría suceder que quien más amaba necesitara escucharle y no pudiera hacerlo por enfermedad o ausencia. 
Esa misma noche comenzó a darles forma escrita sobre el papel, uno tras otro. Sin darse cuenta pasaron seis días y ya no había más hojas de libreta en la casa. Así que siguió sobre las servilletas, los rollos de papel higiénico, los que en un golpe de viento salieron por la ventana desenrollando versos por toda la ciudad. Tres meses más tarde había rellenado todas las paredes , continuó con tizas sobre el suelo. Abrió la puerta principal para aprovechar el espacio del rellano y encontró una nota sobre el felpudo. Resistiendo la inercia del siguiente endecasílabo, discernió una letra que no era suya y decía:
“ Me voy, ya nunca me recitas”

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