Paranoia sin desenlace

Crítica impresionista de “Un hombre en la escalera”, un cuento de Miranda July (2007).


No recuerdo un solo momento de silencio en mi vida. Aunque no haya ruido alguno en el exterior, mi cabeza nunca se detiene. Mis pensamientos siempre están haciendo sonidos, hablando, discutiendo, contradiciendo, cuestionando y lamentándose.

La noche es el peor momento. Me acuesto, me cobijo y tal vez dejé la cocina encendida. Me doy una vuelta, acomodo la almohada y el artículo de mañana aún no está listo. Lo intento una vez más, cierro fuerte los ojos, vuelvo a acomodar la almohada y mi novio me engañó.

Agreguémosle a semejante locura la posibilidad de que haya un extraño en las escaleras. El extraño se mueve muy lentamente, con un sonido apenas perceptible para una persona que todo lo percibe. Lo suficientemente despacio para dejar que una mente divague más allá de lo cotidiano.

En “Un hombre en la escalera” –parte del libro “Nadie es más de aquí que tú” (2007)- la autora Miranda July construye un relato paranoico a partir de esos dos elementos: una mente que no se detiene y la posible presencia de un extraño.

La protagonista –de quien no conocemos su nombre- es una mujer que duerme al lado de su novio y escucha un hombre subiendo lentamente por las escaleras de su casa. Conforme el desconocido se aproxima, la protagonista hace un recuento de sus defectos, sus principales experiencias y sus relaciones sociales.

Mientras leía el relato, pensaba en mis largas noches de pensamientos sin conexión aparente. La narración logró hacerme recordar esos pensamientos y desesperarme a través de oraciones cortas, experiencias inconexas y un ritmo vertiginoso.

Durante las primeras dos páginas del cuento, uno puede imaginarse la mente de la protagonista corriendo a cientos de kilómetros por hora. Puede ver como un pensamiento lleva al otro, atropellándose entre sí y alimentándose por el miedo y la paranoia que la presencia del extraño les provoca.

Ese es el punto alto de la narración de July pues logra condensar en tres páginas la personalidad, experiencias y sentimientos de una protagonista cualquiera, una protagonista sin nombre.

Una protagonista que fácilmente podría ser yo que, al igual que ella, también detesto devolver las llamadas telefónicas, vivo muy aprisa y me enamoro locamente de personas que termino odiando locamente.

Es un relato de paranoia y desesperación. Un relato sobre cómo se puede cuestionar la vida entera en cinco minutos a partir de un acechador invisible.

Pero también es un relato sin desenlace. La narración nunca llega a un verdadero clímax, pues es tanta la introspección que pareciera que July olvidó construir una trama alrededor.

La autora intenta unir dos momentos temporales: la paranoia en la cama, y la primera cita de la protagonista con su novio. Sin embargo, la conexión entre ambos tiempos es confusa y carece de sentido al final de la narración.

El momento en el que finalmente la protagonista enfrenta cara a cara al desconocido –que podría ser humano o simplemente la representación de sus miedos- la autora desaprovecha una oportunidad de realizar un cierre contundente.

Tenía muchas expectativas de llegar al final del relato, pero terminé con una gran decepción al encontrarme con un desenlace tan vago que, por intentar ser profundo, arruina el interesante ritmo que llevaba la narración.

Ésta no es una de esas historias que lo dejan a uno sintiendo un golpe contundente en la cabeza, sino una en la que se evade el impacto a tiempo y se termina sin cicatrices visibles.