Mi Lazo Rosa

Hace un año la vida puso en mi pecho un lazo rosa, pero uno de esos que te marca a fuego y que pone todo tu mundo bocabajo, que toca lo más profundo de tu feminidad y que te hace confirmar que un atributo más o menos no te hace más mujer.

Pero el lazo rosa no solo te ata fuerte a ti, ata a tu pareja, a tu hijo, a tus amigos, a tu familia… se convierte en un lazo que ata, pero ata para unir. Para abrirte los ojos y hacerte comprender que pese al miedo legítimo que vas a pasar y el dolor físico hay algo más fuerte que todo eso y es el agradecimiento que crece dentro de ti cada vez que tu pareja, con la que apenas llevas tiempo, te dice que no te preocupes que va a estar a tu lado y sujeta tú mano con fuerza, crece cada vez que tu hijo, que con tres años ya perdió a su padre, te acerca un vaso de Aquarius a los labios y te dice: ‘mami para que te cures’, crece cuando tus amigos dejan de quedar o salen antes de trabajar para cuidar de tu hijo y que tú puedas descansar de ese tratamiento que te envenena por dentro y limpia tu alma de cosas banales, crece cuando tus sobrinas y hermanos cogen días de su trabajo para acompañarte al médico y cuando tu padre de ochenta años, que bastante tiene con cuidar a tu madre que ya no recuerda ni quién es, te pregunta que necesitas….

Nunca hubiera elegido llevar ese lazo rosa y no querría volver a llevarlo pero ya que tuve que llevarlo intenté hacerlo con la cabeza alta, con lágrimas en los ojos pero con mi barra de labios y mis tacones y sonriendo a la vida por todo lo que tenía a mi alrededor y que como un andamiaje pegado a mi alma me sujetaba cada día para que no me derrumbase.

Por eso no necesito un día para pedir solidaridad, ya que la recibí cada segundo de mi agotador tratamiento, ni un día para que alguien se sienta un poco mejor cuando ni siquiera me mandó un mensaje cuando mi mundo temblaba, y mucho menos necesito un día que me recuerde que un día tuve cáncer, eso lo recuerdo cada vez que veo mis cicatrices de guerra pero no me apetece escuchar la radio, ver la televisión o comprar una botella rosa que me recuerde aquella vivencia tan desgarradora…. Necesito ejercer mi derecho a recordar cuando tenga fuerzas suficientes para hacerlo, o cada vez que vaya a una revisión, o cada vez que una amiga tenga el mismo diagnóstico que yo o simplemente el día que yo quiera rebobinar la película de mi vida pero no solo una vez al año cuando alguien me lo imponga porque sí… Necesito ver que ahora sí tengo las riendas de mi vida y que yo pongo los cuandos y los comos y que si algún día no puedo hacerlo volveré a agradecer al universo todos los apoyos incondicionales que he tenido incluso sin ser 19 de octubre.