En casa (casi) no se piratea

Parece una afirmación sencilla, pero si te paras a analizar la cantidad de material multimedia sujeto a derechos de autor que consumimos todos los días te das cuenta de que no es algo despreciable. Por desgracia es algo que nos ha resultado imposible de conseguir y aunque en nuestra casa estamos muy cerca, no hemos conseguido que sea legal por completo.

Que no estés de acuerdo con los precios o con las leyes que gestionan los derechos de autor no te legitima para que accedas a ellos de cualquier forma. Si quieres protestar, el boicot y las campañas de reivindicación son tus amigos, pero no los uses como excusa ni máscara para ocultar tu morro.


Música

Cientos y cientos de MP3. Horas y horas con un módem de 56k para descargarlas con programas a los que probablemente vendíamos nuestros riñones y nuestras almas con sólo instalarlos. No me extrañaría que el día menos pensado vengan a pedirme un riñón a mi casa porque acepté algo que no me leí hace años.

No fue repentino, pero la aparición de Spotify me hizo cada vez recurrir menos a mi vasta biblioteca de ficheros. Al final, y casi sin darme cuenta, sólo uso el servicio de streaming de música. El principal motivo es la comodidad: tengo todo el catálogo en cualquier equipo (sobremesa o móvil) y al instante con una sencilla búsqueda. Sólo por no tener que estar clasificando los archivos, etiquetando sus metadatos, asegurándome que está actualizada en todos los dispositivos y con el riesgo de un fallo de almacenamiento en cualquier momento, prefiero pagar sin problemas la cuota que cuesta el servicio. En su momento estuve usando la versión a cambio de publicidad y la verdad es que me acabó convenciendo.

Por supuesto que no es la panacea y hay algunos artistas, sobre todo si son rebuscados, que no están disponibles, pero en mi caso ha sido una minoría que he acabado despreciando. Aún rechino los dientes cuando un artista u obra tiene restricciones geográficas, pero trato de convencerme de que será temporal y algún día todo el catálogo será universal.

Videojuegos

Es cierto lo que dicen de que cuántos más juegos tienes menos juegas a ellos. He copiado juegos para PC, PS2, DS y Wii hasta el punto de que perdí la cuenta de los que tenía. Algún juego he comprado de cuándo en cuándo, pero eran una minoría. Algunos ni los llegué a probar y a la gran mayoría sólo les dediqué unas horas antes de probar el siguiente. Sólo unos pocos eran a los que dedicaba la mayor parte del tiempo.

Fue en ese momento cuando decidí que no sólo me los iba a comprar, si no que además lo iba a hacer con cabeza. Me compraría pocos, pero me iba a asegurar de exprimirlos y de que me iban a gustar de antemano.

Para PS3, PS4 y 3DS nunca me he planteado piratear ningún videojuego y para PC desde entonces tampoco lo he adquirido ilegalmente. Y lo he conseguido sin arruinarme simplemente renunciando a la inmediatez y al ansia. Cualquier videojuego baja de precio al pasar unos pocos años y es en ése momento en el que aprovecho para comprarlo. Las secciones de segunda mano de algunas tiendas o portales de intercambio son también una buena fuente de adquisición. Y si no tienes miedo a la compra online, la importación desde otros países europeos es otra opción.

Libros

Aquí somos completamente estrictos. Todos los libros, tanto físicos como digitales, son de origen legal. El mundo editorial es algo que he visto muy de cerca en su funcionamiento, con sus alegrías y sus penas. Y moralmente me es imposible recurrir a la piratería en este caso.

Los libros, al igual que con los videojuegos, también bajan de precio (aunque sea poco) con el paso del tiempo. Y su disponibilidad en bibliotecas aumenta también. La cultura es de libre acceso, y tanto si tienes dinero como si no, los tienes a tu disposición. Pero si lo que quieres es leer el último estreno a bajo precio o directamente gratis, es el equivalente en caradura a colarte en el cine o en un concierto.

Me hacen mucha gracia los packs con miles de libros que puedes adquirir en cualquier portal de descargas cuando yo no soy capaz de leerme más de quince en un año. Prefiero pagar por esos quince un precio adecuado y apoyar la industria que los crea a tener más morro que espalda y justificarme a mí mismo que con la piratería estoy realizando una protesta legitimada contra unos precios altos.

Libros de segunda mano, ediciones en papel o digitales en Amazon o Lektu (sin DRM), los préstamos de amigos, bibliotecas y hasta ofertas por el día del libro. Las formas son tantas, tan variadas y con distintos precios según tu poder adquisitivo, que recurrir a la piratería es un acto de mezquindad enorme.

Software

Éste tiene trampa y es que hace años que nos decantamos exclusivamente por Linux. Si usara Windows no tendría ningún problema en pagar su licencia, pero hemos decidido ahorrarnos ese coste y dedicar el PC a un uso más profesional y dejar los juegos para las consolas.

Sí que es cierto que con Steam cada vez más juegos son compatibles con esta plataforma, por lo que sus rebajas o portales como Humble Bundle han hecho que tengamos una nada desdeñable biblioteca de juegos indie.

En tema de programas, aunque la mayoría del software en Linux sigue su misma filosofía de licencias libres, alguno de uso profesional sí que he llegado a comprar de forma puntual.

Películas y series

Y llegamos a la parte más conflictiva para nosotros. Nos hicimos usuarios de Netflix hace algún tiempo cuando no había llegado oficialmente a nuestro país y accedíamos a través de una VPN que también pagábamos sin problemas. Luego se pusieron serios con las restricciones geográficas y nos hemos tenido que conformar exclusivamente con lo que se ofrece dentro de nuestras fronteras (virtuales). Netflix ha declarado más de una vez que ellos prefieren un catálogo universal, y con esa esperanza espero pacientemente mientras el catálogo patrio crece poco a poco.

Al igual que con los videojuegos, llegué a acumular tal cantidad de películas y capítulos que llegaron a suponer un problema de almacenamiento en cientos de discos. Y supongo que también por los mismos motivos, dejé de descargármelas. Desde que tenemos el videoclub online no he vuelto a tocar la videoteca que llegué a acumular. Y por desgracia, estoy seguro de que muchos de los discos han quedado inservibles con el paso del tiempo.

A lo largo del año iremos a unos seis o siete estrenos en el cine, y para el resto de películas que queremos ver esperamos simplemente a que estén disponibles online. No tenemos ninguna prisa ni ningún ansia por verlas cuanto antes.

El problema nos lo hemos encontrado con las series. Y es culpa tuya. Bueno, tuya, mía y de todos nosotros. Nos hemos creado nosotros solitos la necesidad de ver los capítulos de estreno cuanto antes a riesgo de que cualquiera nos lo destripe y nos arruine la sorpresa de experimentarlo de primera mano. Sólo seguimos un par de series al año de esta forma, y es el único motivo por el cual aún no he eliminado de favoritos la dirección de Pirate Bay.