Viajando el Sur

2. Probando Ruta

Les cuento que me di una vueltita por Mendoza. Por motivos de renovación del permiso de turista chileno tuve que salir y hacer frontera en Argentina así que aproveché para probar suerte en otros lados, poner en práctica mi idea de volverme mochilera y dejar fluir.

La frontera es maravillosa, conforme te vas adentrando en la cordillera de los Andes el ecosistema cambia, del lado de Chile los tonos se convierten en fríos, rocosos, picudos y con mucha nieve; en cambio, del lado de Argentina los tonos se tornan cálidos, el ecosistema es semiárido, hay mucha roca multicolor y una laguna espectacular.

Lado Chileno
Lado Argentino

Al llegar a Mendoza, intenté contactar al host de Couchsurfing que me recibiría en su casa pero no tuve éxito, fui a la casa y no había nadie así que esperé un rato afuera pero nadie salió ni entró, llame a su celular y nada. Entonces decidí explorar la zona y regresar después. Más tarde, un poco asustada porque seguía sin contestar mis llamadas, además que ya había oscurecido, regresé a la casa y para mi magnífica suerte estaban las luces prendidas entonces me sentí aliviada y toque a la puerta. Salió un chico alto llamado Juan se disculpó conmigo pues dijo haber estado en plena tocada cuando le llamé, es músico de tango.

La casa más allá de servir como vivienda es un espacio destinado para fomentar la expresión artística donde se llevan a cabo eventos de música, poesía, teatro, cine, danza, clown, etc. Entras por la biblioteca, tiene un primer salón grande que se utiliza para presentaciones, tokines, mingas y toda clase de expresión artística, incluso tienen luces que simulan un teatro; continúas y hay otro salón con pinturas en la pared, de lado derecho hay un baño que si eres hombre mientras orinas puedes apreciar una pequeña colección fotográfica; sigues y está el comedor quien está adornado con una flauta tallada a mano y un cuadro hecho con trozos de vidrio de colores, a la izquierda está la cocina que tiene una simpática ventana que lleva a un patio interior; atraviesas el comedor y hay un pasillo, de ambos lados hay cuartos y otro baño, continúas por el pasillo y sales a un patio perfecto para los asados que en la parte de hasta atrás tiene una pequeña huerta. ¡Me encanta, tiene una energía muy cálida!

Mi estancia ahí fue espectacular, conocí gente muy bella e interesante con la cual compartí charlas interesantes, hubo música, poesía, improvisación teatral con la que yo me atacaba de risa en todo momento por lo divertido de las situaciones a interpretar; los chicos de la casa son muy alivianados y las chicas que también llegaron a hacer couchsurfing fueron claves en mi decisión de aventarme a explorar el mundo.

Llegó el momento de regresar a Santiago.

Mi primer parada fue un pueblo que está a la orilla de los Andes llamado Potrerillos (fue la primera vez que hice dedo) ahí me recogió un camionero muy buena onda que iba contando sobre sus viajes, los paisajes que ha visto y su pasión por las carreteras, fue inevitable acordarme de mi hermano; cuando llegamos a la aduana camionera había filas y filas de camiones esperando hacer el papeleo de sus mercancías a lo que el Don me dijo que si bien nos iba saldríamos al día siguiente hacia Chile, le agradecí su ayuda pero le dije que haría dedo nuevamente pues aún había tiempo para continuar. Esta vez me recogió una pareja muy amable que me trató como a su propia hija dándome consejos de viaje, me dieron un sándwich, chocolates y galletitas todo iba tan bien que incluso cuando bajé a orinar me tocó ver un lindo y pequeño zorro, sin embargo unos cuantos kilómetros más adelante nos encontramos con un fila asquerosa para acceder a la aduana que nos retuvo por más de 4 horas. Al llegar a la aduana, para esto eran alrededor de las 9:30pm, con más filas y filas y filas de gente esperando turno, la señora me propuso ir a preguntar si alguien iba a Santiago pues ellos iban a Viña del Mar y por la hora no podrían hacer mucho por mí así que como toda una mamá me acompañó a preguntar; para mi excelente suerte el guardia al que preguntamos nos señaló una Van con turistas que iban para Santiago, el guardia habló con el conductor y estuvieron de acuerdo en llevarme.

Finalmente llegué a Santiago sana y salva con la energía renovada sin miedos ni ataduras mentales, lista para hacer la maleta y comenzar el viaje mochilero que tanto he querido.