¿Por qué el derrumbe de Chimalpopoca le incumbe a toda la industria textil?

En el año 2014, el primer trabajo que tuve después de salir de la universidad y presentar mi primera colección en Mercedes Benz Fashion Week fue en la calle Lucas Alamán, esquina con Bolívar, en la colonia Obrera en el centro de la ciudad de México.

Fue un empleo poco relevante, para una empresa china importadora de textiles. Querían abrir su marca, les conseguí la materia prima para armar un taller. Ese trabajo en realidad me incomodaba: eran unas oficinas dentro de una bodega, en la oficina sólo los de intendencia y la portera hablaban español. No tenía seguro ni prestaciones de ley. Me pidieron hacer una pruebas con una tela que no era de uso comercial para hacer ropa. No les gustó el resultado, me indemnizaron y yo sentí mucho alivio al no tener que volver.

Tres años después y una cuadra atrás, se derrumba un edificio que hacía precisamente función de maquila: en Bolívar 168 ¿La causa? Negligencia, corrupción, falta de ética laboral, retroceso y sobretodo: la industria de la moda “barata”.

Muchos hubieran dicho de primera instancia que la causa fue un terremoto de 7.1 que sacudió a toda la ciudad de México y que no sólo afectó a este inmueble al punto del derrumbe, hubieron alrededor de 29 edificios que colapsaron.

El caso de la maquila de cuatro pisos que albergaba también fábricas de herrajes, juguetes y otro tipo de materia prima es uno de los más oscuros que he visto de cerca.

En ese edificio había, en su mayoría mujeres. Hasta la fecha no se han contabilizado la cantidad exacta de personas que estaba ahí.

No es la primera vez que esto pasa en la ciudad de México.

En el terremoto de 1985 murieron muchas costureras en esta misma zona. En el 85 fue más trágico aún. No se rescató a nadie hasta que transcurrieron 15 días. Y eso por que las costureras sobrevivientes de estos talleres cerraron vialidades. Se encontraron sólo cadáveres en esta zona. ¿La razón? Maquinarias bóvedas y cajas fuertes. Las autoridades acordonaron la zona por órdenes de los dueños de los edificios y nadie podía entrar “para evitar la rapiña”. La rabia me consume al saber que 32 años después el mismo día siguen muriendo mujeres en esas condiciones.

Las personas cercanas a las trabajadoras estuvieron al pendiente de sacarlas con vida. La brigada feminista hizo aparición todos los días y noches quitando escombros, buscando personas, abogaban por el trato digno hacia el cuerpo de las mujeres, ya sea con vida o sin ella.

El feminicidio es un tema sensible en México por que trata de invisibilizarse diciendo “que los hombres tienen el mismo peligro de morir”, además de la ineptitud de las autoridades para tratar estos casos con seriedad. Haya opiniones encontradas o no en este tema, no es una coincidencia que las personas más afectadas del terremoto hayan sido mujeres y gente de nivel socioeconómico bajo, sectores altamente vulnerables al abuso.

Los días de labor de rescate había también hombres, marina, policías, albañiles, voluntarios, policías. Todos en Chimalpopoca trabajando hombro con hombro para sacar escombros. ¿O para limpiar la zona?

En la madrugada del día viernes 22 de septiembre decidí unirme a las brigadas de esta zona para poder ayudar. Sin evitar pensar “pude haber sido yo” cada que cargaba una piedra o me pasaban botes con escombros.

A las 8 AM se pide silencio total, se pasan perros en la zona buscando sobrevivientes. 
Conforme se van removiendo escombros y varillas, se van encontrando archivos que contenían solicitudes de empleo de gente indocumentada, bolsas de mano de mujer, credenciales de elector y cadáveres.

A las 11 AM la marina pide suspender actividades y pide que todos salgan.

A lado mío hay una señora que está convencida de haber visto un cuerpo con arañazos de maquinaria removedora de escombros y que por eso nos sacaron a todos. Y tan crudo como suena, había poca probabilidad de sobrevivientes. Ese mismo día en la tarde llegan granaderos a la zona. ¿Qué trataban de esconder o evitar con eso?

Esas mujeres no podrán volver ni siquiera físicamente con sus familiares. No podrán ser identificadas, nadie dará la cara por ellas.

Esto tiene todo que ver con la industria de la moda rápida. No es la primera vez que la gente muere en condiciones laborales inhumanas por producir ropa que compran en centavos de dólar por pieza y lo venden a 300 veces más.

Ahora más que nunca es importante dejar de consumir marcas que produzcan moda barata.

¿Tenía que pasarnos a nosotros, 32 años después, la misma tragedia para ponerlo en tela de juicio?

Hay muchas alternativas éticas a la hora de consumir moda. Consumir sólo diseño local no es la única ya que sabemos ahora más que nunca que comprar diseño exclusivo no sea factible para algunas personas que lo perdieron todo.

Los bazares de intercambio de ropa son una iniciativa que empezó a darse este año, que incluso, puede hacerse entre grupos pequeños. Pueden darse una vuelta en los mercados vintage. Con doscientos pesos mexicanos, pueden comprarse mínimo 10 cosas.

Pueden consumir marcas de fast fashion que tengan ética laboral, tengan línea sustentable o cualquier iniciativa altruista.

Nosotros como mercado amante de la moda y las tendencias debemos entender que el trabajo bien hecho debe ser bien remunerado, que la explotación laboral por mantener el ritmo de un mercado que se está comiendo a sí misma ya no debería existir en este siglo.

De una u otra forma, las macrotendencias que marca la sociedad apuntan a que una empresa puede perder su credibilidad de forma muy fácil y definitiva si no proceden de forma ética.

¿Vamos a hacerlo bien o no?

Recuerden que pudimos haber sido nosotros. Queremos condiciones dignas de trabajo para nosotros y nuestros colegas. Pero sobre todo queremos dejar de vivir en un México de alto riesgo. Por que a esta gente no la mató el temblor, la mató la corrupción y la falta de ética.

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