Jaime Saavedra y la falta de visión pedagógica
La buena gestión de Jaime Saavedra como Ministro de Educación ha sido reconocida de forma casi unánime. Saavedra asumió el liderazgo poco después de que se conozca la noticia del último puesto del Perú en las 3 categorías (matemática, comprensión lectora, y ciencias) del ranking PISA y, desde ese momento, ha podido reorganizar el sector. Entre los esfuerzos de su gestión destacan el aumento del porcentaje del PBI destinado a educación, la duplicación del sueldo a docentes, la modernización y ampliación de infraestructura (especialmente en zonas rurales), y la implementación de diversos proyectos que promueven la educación física, inicial, y bilingüe.
Sin embargo, ninguno de estos cambios (cuya importancia y urgencia no discuto) ataca el problema más grande de la educación, que es pedagógico. Creo que León Trahtemberg lo dijo muy bien en esta columna de marzo para El Comercio:
Sostengo que el reto del próximo quinquenio radica en pasar del contexto al texto. Es decir, pasar de las condiciones favorables que se implementan fuera del aula (infraestructura, presupuestos, mantenimiento, evaluaciones, reparto de materiales, aumentos salariales) al incentivo a la innovación dentro del salón, para que se produzcan mayores aprendizajes, cosa que a todas luces no ocurre.
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Hay que alentar la innovación pedagógica y abandonar la suposición de que el ministerio sabe mejor que los propios 100.000 colegios del Perú cómo lograr que los alumnos mejoren sus aprendizajes. En lugar de asfixiarlos con normas obstruccionistas, exigencias curriculares rígidas y obsoletas, capacitaciones insulsas y retrógradas, debe convertirse al Perú en un gran espacio de innovación educativa, usando como pivote y liderazgo a directores escolares bien seleccionados y formados, con crecientes niveles de autonomía para la gestión de sus escuelas.
De hecho, hace poco se dio a conocer el nuevo Currículo Nacional, que debería atender directamente este problema. Y aunque se puede identificar cierto progreso respecto a los cursos en los cuales se pone énfasis, esto no tiene mucho sentido pues no hay nada nuevo sobre la forma en la que se enseña, que es al fin y al cabo el factor decisivo que viene fallando hace décadas. Se sigue pensando desde el Estado en vez de desde el estudiante, y se olvida totalmente que la economía de la innovación ya reemplazó a la del conocimiento.
Pensar que Saavedra es el Ministro perfecto para Educación significaría asumir que colocar a un buen economista al mando de cada cartera es suficiente. Pero esa no es la solución. Para eso hay un ministro de Economía y Finanzas. Para eso hay un Primer Ministro. Para eso hay Viceministros. Yo creo que el ministro ideal de cada sector debe ser un especialista del tema. Un visionario, si se quiere. Como se ha demostrado, un buen economista suele tener un manejo estructural impecable, pero para definir detalles técnicos sobre las formas de enseñanza y aprendizaje, es mejor contar con un especialista.
Saavedra supo emplear sus dotes de economista para apagar el incendio que había en Educación. Él mismo ha manifestado que las reformas que se están llevando a cabo necesitan continuidad, por lo que ideal sería que se mantenga en el puesto por un tiempo más. Pero para emprender una verdadera revolución pedagógica (que es el meollo de la educación no solo en nuestro país sino que en todo el mundo) creo que se necesita una visión de profesor. Tal vez Saavedra la puede adquirir si se rodea de la gente adecuada (ejem, Trahtemberg, ejem).