Andrey Manoilo: Las inversiones rusas en Venezuela son tan importantes como las de Ucrania

Vicente Quintero
Aug 17 · 26 min read

El siguiente informe representa únicamente la perspectiva de Andrey Manoilo, profesor de la Universidad Estatal de Moscú y asesor del alto gobierno ruso; y Konstantin Strigunov, analista del think tank Эксперт. Traducción de Vicente Quintero Príncipe, conocido de Manoilo.

Andrey Manoilo, asesor del Kremlin Ruso y profesor de la universidad más prestigiosa de Rusia.

El objetivo de este informe es el estudio del estado actual de la crisis política en Venezuela y la capacidad del actual liderazgo del país para controlar la situación. Se nota que la situación en Venezuela. Los chavistas liderados por Nicolás Maduro y sus aliados políticos (Rusia y Cuba) están haciendo esfuerzos para frenar el proceso de injerencia estadounidense. Se presta especial atención en el artículo a las nuevas tecnologías para organizar “revoluciones de colores“ (que dieron origen al hoy llamado ” precedente venezolano“ en la academia rusa) y negociaciones en Oslo y Barbados (realizado entre representantes de Nicolás Maduro y H. Guaido sin participación de Rusia), cuyo supuesto propósito es una “rendición” gradual del Régimen bolivariano a cambio de garantías. Estas negociaciones presentan un alto riesgo de desmantelar al régimen chavista; se propone organizar anticipadamente elecciones presidenciales supervisadas por los Estados Unidos.

El papel del jefe de la Asamblea Nacional Constituyente, señor Diosdado Cabello, cuyos representantes no participan lamentablemente en las negociaciones, es considerado por separado. Se dan recomendaciones al gobierno ruso para coordinar acciones con el liderazgo cubano, que está extremadamente interesado en mantener en el poder a los chavistas. Con base en un análisis de la situación interna en Venezuela, se concluyó que Diosdado Cabello es el mejor candidato para construir relaciones entre Moscú y La Habana, en el marco de una división dentro de los chavistas. Además, la tecnología del “precedente venezolano” se puede trasladar y extrapolar a Rusia, con resultados catastróficos para el gobierno de Putin. Se muestra el mecanismo de la posible aplicación de esta tecnología en relación con Rusia y su liderazgo político. Se concluye que contrarrestar la operación contra los chavistas puede ser entendida como el desarrollo de contramedidas en caso de que las nuevas tecnologías políticas, como el efecto Guaidó, se utilicen en un futuro cercano contra Rusia. Al gobierno ruso le conviene estudiar de cerca esta situación para protegerse.

Introducción

En junio de 2019, se recibieron datos sobre la reunión del Secretario del Consejo de Seguridad de la Federación de Rusia, Nikolai Patrushev, con el Secretario General del Consejo de Defensa Nacional de Venezuela, Pasqualino Fernández. El Secretario del Consejo de Seguridad ruso confirmó la disposición de Moscú para proporcionar asistencia integral en la construcción de un diálogo entre el gobierno oficial de Caracas y la oposición con miras a alcanzar una solución y superar la crisis política interna en el país, en el marco de lo que es admisible bajo la legislación del derecho internacional; sin interferir en los asuntos internos de un estado soberano desde el exterior.

Si bien este informe apenas señala superficialmente algunos resultados de la reunión entre las partes, se pueden sacar ciertas conclusiones sobre la opinión que existe en el liderazgo político-militar ruso sobre la posibilidad de llegar a acuerdos entre los chavistas y la oposición, así como de la capacidad de Moscú para influenciar dicho proceso. Un análisis exhaustivo de la situación en Venezuela en contextos globales y regionales plantea dudas sobre la posibilidad de compromiso, más allá de las declaraciones.

1. El contexto global y regional de la crisis venezolana

El esperado fin del período de hegemonía estadounidense en el mundo, simultáneo al surgimiento y crecimiento del poder político, militar y económico de otros países emergentes (como China y Rusia) lleva a las élites estadounidenses a la necesidad de una intervención más fuerte en ciertas regiones del planeta, como es el caso de América Latina. China está interesada en promover su proyecto La Ruta de La Seda, que determina la dirección de su política exterior. La máxima diversificación de las fuentes de hidrocarburos, tan necesarias para su economía en rápido desarrollo, es prioridad para China. Rusia también invierte en importantes sectores de la economía de los países de esta región, principalmente en el ámbito petrolero; establece cooperación dentro de los BRICS; etcétera. En consecuencia, para Washington, la expulsión de América Latina de dos de sus más grandes opositores, en este caso China y Rusia, es extremadamente importante. Dado el interés especial de Donald Trump en mantener el estado de superpotencia de los Estados Unidos, su atención al “patio trasero” encuentra una explicación lógica y natural.

Sin embargo, otro aspecto es importante aquí para comprender la magnitud de la crisis venezolana, más allá de los detalles ya mencionados y señalados. El desarrollo de la industria fósil y energática, con las cuales Donald Trump y su séquito están estrechamente asociados, es una de las principales locomotoras para la nueva reindustrialización de la economía estadounidense. En consecuencia, tomar el control de las importantísimas y cuantiosas reservas de hidrocarburos de los países latinoamericanos es extremadamente importante a la luz de la confrontación entre los partidarios del sector real de la economía, cuyos intereses son expresados ​​por Donald Trump y sus oponentes. En este sentido, la importancia de Venezuela, el país con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, es especialmente enorme. El control de los hidrocarburos en Venezuela puede brindarle a Washington la oportunidad de influir en el mercado energético mundial, saturar su industria con petróleo barato y, por lo tanto, estimular su desarrollo.

De esta manera, Donald Trump fortalece la posición de las fuerzas que lo apoyaron en las elecciones de 2016 y que lo apoyarán nuevamente en 2020. En consecuencia, el problema con hacerse del control de Venezuela, y del resto de la región a través de este país, está determinado por razones fundamentalmente estratégicas. Si Washington logra sacar del poder a los chavistas, logrará un aislamiento casi total de Cuba, con un bloqueo de los suministros de petróleo, la expulsión de especialistas cubanos, etc. Tal giro de los acontecimientos es inaceptable para el Partido Comunista de Cuba, puesto que representa una amenaza de colapso interno. Dado lo anterior, es extremadamente importante que Donald Trump lleve al poder a una figura pro estadounidense en Venezuela.

2. Riesgos para la administración de Donald Trump

En el marco de generar las condiciones para un cambio de gobierno, Donald Trump en Venezuela se ha enfrentado acierto tipo de dificultad, cuya esencia es que, después de haber lanzado la tecnología política para desmantelar el liderazgo chavista, su administración aún no ha logrado alcanzar el objetivo. En consecuencia, la pregunta principal es cuánto tiempo pasará antes de que los mentores de Guaidó puedan lograr el objetivo principal: obligar a Nicolás Maduro a renunciar al poder o, más probablemente, a aceptar comicios presidenciales anticipados bajo tutela de los estadounidenses.

Como la campaña electoral ya está en marcha en los Estados Unidos, Donald Trump se encuentra en un estrecho y limitado corredor para tomar decisiones contra Venezuela. El corredor de decisiones, en sí mismo, está formado por los siguientes factores:

1. La proximidad de las elecciones impone una restricción a la invasión militar directa debido a los altos riesgos de vietnamización del conflicto venezolano. Dada la presencia de importantes estructuras bélicas en Venezuela, con un número total de hasta medio millón de personas, incluidas las fuerzas terrestres, aéreas, navales, la guardia nacional y la policía nacional; decenas de miles de milicias colectivistas; megabandas locales; expertos militares cubanos y oficiales de inteligencia extranjeros; y milicianos boliviarianos; incluso la misma liquidación de Nicolás Maduro durante una operación especial limitada y quirúrjica parece difícil e imposible de acometer. Existen serios riesgos, especialmente a la luz de las próximas elecciones estadounidenses. Además, la eliminación o asesinato de Nicolás Maduro no garantiza el derrocamiento de los chavistas; en cambio, la vicepresidente de Venezuela, Delcy Rodríguez, se convertirá en presidente interino, de forma legítima de acuerdo a la constitución venezolana. Además, el ataque puede usarse luego con fines de propaganda, para así mostrar ante el mundo la agresión de Estados Unidos contra Venezuela. Donald Trump ya ha hablado sobre la posibilidad de una solución militar contra Caracas. En consecuencia, la eliminación por parte de los estadounidenses de Nicolás Maduro no necesariamente sería una solución efectiva en el marco de un trabajo sistémico para desmantelar el sistema chavista. Esto puede terminar fortaleciendo al proceso de la revolución bolivariana.

2. La eliminación integral y sistématica de los chavistas solo es posible de dos maneras básicas (el resto son derivaciones de estas):

a) A través de una invasión directa de los propios estadounidenses (el curso de eventos menos probable) o mediante la participación de satélites latinoamericanos, principalmente Colombia y Brasil (un curso de eventos más probable). Sin embargo, los riesgos significativos prácticamente excluyen el escenario de invasión directa en el futuro previsible, por lo menos hasta 2021.

La eliminación de los chavistas por medios militares significa una invasión a gran escala con el potencial de una explosión política-militar en la región y un fuerte estallido migratorio, incluso hacia Estados Unidos, lo cual lógicamente no está en los intereses de Donald Trump, el cual no desea inmigrantes indeseados sudamericanos en su país. Los opositores a Donald Trump, en caso de una nueva crisis migratoria, sin duda usarían este factor en su contra, lo cual afectaría su imagen en la opinión pública estadounidense.

Además, Venezuela puede activar unidades paramilitares izquierdistas de tipo FARC en el territorio de Colombia, extendiendo el conflicto y abriendo la posibilidad para que se borren fronteras. Para Bogotá, esto puede significar un aumento a gran escala de las actividades subversivas, terroristas y de sabotaje en todo el país; la guerra apoyada por el gobierno colombiano de grupos de ultraderecha (“paramilitares”) con las FARC de izquierda revolucionaria y otros grupos, así como la activación de la confrontación de los carteles de la droga que operan en todo el continente americano, puede ser de dimensiones difícilmente imaginables. En el contexto de la escalada del conflicto político-militar, se llevaría a cabo la redistribución del control sobre los recursos, incluida la producción de drogas y el control de su transporte, razón por la cual es previsible un aumento espasmódico de la violencia en la región, cuyos índices de criminalidad son ya preocupantes. No menos riesgo tiene Brasil, donde el poder del presidente de derecha Jair Bolsonaro no es estable y la guerra con el vecino venezolano puede debilitar aún más la posición de las fuerzas de derecha del país más grande de América Latina.

b) El segundo escenario implica el derrocamiento de los chavistas a través del uso de tecnologías apropiadas, es decir, la forma sofisticada y modificada de la revolución del color. Primero, hay que analizar el fondo de la crisis venezolana.

En el contexto de las crecientes protestas y disturbios en Caracas y otras grandes ciudades de Venezuela, causadas por la aguda crisis económica (hiperinflación, colapso de la circulación del dinero, la falta de bienes básicos y la incapacidad de adquirirlos en moneda de circulación oficial venezolana), el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, Juan Guaidó, ex líder del movimiento estudiantil juvenil, miembro del partido Voluntad Popular y diputado del estado de Vargas, se juramentó como presidente interino con el apoyo de países de Norteamérica, Europa y Latinoamérica. Debido al fracaso de los chavistas en las elecciones parlamentarias de 2015, es que Juan Guaidó pudo tener tal oportunidad.

El 11 de enero de 2019, Guaidó declaró que la constitución venezolana le permitía ejercer los poderes del jefe de estado; en una manifestación el 23 de enero, se declaró presidente interino de Venezuela y prestó juramento. El mismo día, solo unas horas después de la declaración de Guaidó, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, lo reconoció oficialmente como el jefe de estado legal por su única decisión (y, de hecho, el mismo lo nombró para este puesto). Después de que Donald Trump manifestara formalmente su apoyo, Guaidó fue reconocido como el Presidente de Venezuela por más de cincuenta países del mundo, incluso en América Latina: Brasil, Argentina, Colombia y Paraguay. Guaidó inmediatamente realizó una gira por estos países, donde fue recibido y negoció con él como presidente legal de Venezuela. Quedó entonces visto que la primera combinación operativa se jugó frente a la comunidad mundial (proclamación de Guaidó como presidente de Venezuela — reconocimiento instantáneo de Guaidó por parte de los Estados Unidos — reconocimiento simultáneo de Guaidó por parte de los países de la OEA y los aliados de los Estados Unidos occidentales — ). Esto forma parte de un nuevo esquema tecnológico para organizar golpes de estado, cercano a las tecnologías de revoluciones de color, pero sin copiar sus métodos y técnicas.

El siguiente paso fue la transformación de Guaidó: de líder poco importante de apenas una facción de la oposición venezolana, en líder político con poder real. Inicialmente, esta tarea parecía difícil y muy incómoda: Guaidó, el joven dirigente de la oposición venezolana, no disfrutaba de una autoridad especial en las filas de la oposición. Este joven, graduado de la Universidad George Washington, era percibido como una no auto-suficiente; un simple proyecto de tecnología política, lo mismo que era el ex presidente estadounidense Barack Obama en las manos de la influyente familia Clinton.

Los organizadores del golpe de estado en Venezuela aplicaron una técnica apropiada y efectiva: promover la autoproclamación de Juan Guaidó como presidente interino y darle acceso a los activos del país en el extranjero. Guaidó, necesitado desesperadamente de dinero para nutrir y patrocinar a sus seguidores, obtuvo lo que necesitaba. Y le dieron este dinero, luego de que los Estados Unidos congelaran todas las cuentas y activos extranjeros de Venezuela (así como los activos personales de individuos y entidades asociados al chavismo); todo fue transferido al “nuevo presidente” interino Juan Guaidó, quien se convirtió de la noche a la mañana en multimillonario, con recursos a su disposición para comprar a quien quiera a su antojo, a ver si así puede derrocar a Maduro, especialmente al entorno militar del gobierno venezolano. Los aliados occidentales de los Estados Unidos se apresuraron a hacer lo mismo y le transfirieron el dinero del Estado Venezolano a sus cuentas.

El poder político real siempre se basa en los recursos. El recurso más importante del poder es el dinero; sin dinero no hay poder para darle respuesta a los problemas. Juan Guaidó ha dejado de ser ese líder poco importante y significativo gracias al dinero venezolano que Estado Unidos le permitió obtener, al convertirse este en el principal administrador de todos los activos y cuentas extranjeros de Venezuela; Guaidó desde entonces adquirió inmediatamente en un valor significativo y ahora es un líder que, por el solo hecho de poseer mucho dinero, está listo para comprar lealtades y consciencias.

Este dinero del Estado Venezolano en manos de Guaidó ha ido a parar, inmediatamente, a financiar el proyecto de intentar sobornar a los militares, ese mismo ejército y guardia nacional, de los cuales casi todo depende en Venezuela, al igual que en los países latinoamericanos. No es coincidencia que, precisamente después de que Guaidó declaró haber obtenido acceso a las cuentas de Venezuela en el extranjero, militares de alto rango comenzaron a manifestar públicamente su apoyo al autoproclamado presidente Guaidó, principalmente generales de la Fuerza Aérea, una rama de élite del ejército en la que sirven familias tradicionales familias venezolanas, con honor y prestigio.

En este sentido, uno debe rendir homenaje a la destreza de los Estados Unidos. Este país ha logrado crear un plan para financiar el golpe de estado en Venezuela, no a expensas del dinero del Departamento de Estado (como se hizo en cualquier revolución de colores clásica), sino a expensas del pueblo de Venezuela: esta vez el golpe de estado en Venezuela no le costó a los Estados un centavo. Esta es la segunda característica distintiva de las tecnologías para organizar una nueva generación de golpes de Estado (los golpes deben financiarse estrictamente a expensas del país de la víctima del golpe), la cual distingue estas tecnologías de toda la paleta clásica de revoluciones de colores que conocíamos hasta ahora.

El tercer enfoque político-tecnológico es la preparación de la intervención militar de los vecinos de Venezuela (principalmente Brasil y Colombia, como se mencionó anteriormente), preocupados por el enorme flujo de ciudadanos venezolanos que huyen del país, debido a la crisis. El principal país de tránsito para cientos de miles de refugiados (alrededor de 4 millones de personas han huído de Venezuela) es Colombia, que es incapaz de contener a tantos migrantes incluso en campamentos temporales. Brasil casi está en la misma situación: muchos refugiados la consideran el punto final de su ruta migratoria, puesto que el Brasil es un país bastante desarrollado económicamente.

Para detener el flujo de refugiados, Brasil y Colombia están listos para una intervención militar abierta en los asuntos internos de Venezuela, con el propósito de eliminar a Nicolás Maduro, cuya incapacidad de resolver el problema de la migración molesta a ambas administraciones. Los colombianos y brasileños desean que Maduro salga del poder y sea reemplazado por cualquier político que sí pueda resolver este problema. En el caso de un desarrollo acelerado de los acontecimientos, los Estados Unidos pueden eliminar a Nicolás Maduro y su régimen del poder, sin involucrar a un solo soldado estadounidense, e incluso presentar el resultado de esta operación como resultado de desensamblajes regionales latinoamericanos genuinamente internos, sin influencia estadounidense. Una movida brillante, que no le habría costado a los Estados Unidos ni un solo centavo. Sin embargo, teniendo en cuenta los riesgos asociados con las elecciones presidenciales de Estados Unidos, Donald Trump no dará ese paso, como se mencionó anteriormente.

La cuarta técnica tecnológica es una operación militar especial fronteriza, cuya legitimidad sería la necesidad de darle asistencia humanitaria de emergencia al “pueblo hambriento de Venezuela”. La crisis de escasez de alimentos en Caracas y otras grandes ciudades de Venezuela ha provocado disturbios por hambre, que a veces se convirtieron en disturbios. En este contexto, Estados Unidos convence a sus aliados latinoamericanos (Colombia y Brasil) de que no existe una mejor leyenda de cobertura para la intervención armada directa que enviar convoyes humanitarios con alimentos al territorio de Venezuela, los cuales serían protegidos por las Fuerzas armadas brasileñas y colombianas, que al mismo tiempo controlarían la distribución de productos a la población.

Para las fuerzas armadas de Brasil y Colombia, esta es una razón legítima para infiltrarse en el territorio del país: después de todo, están vigilando convoyes humanitarios sin perseguir presuntamente objetivos militares agresivos. El ejército venezolano, que debe resguardar la frontera con Colombia, destruirá estos convoyes con el fin de proteger la soberanía nacional. Occidente puede presentar ante la opinión pública que no fueron extranjeros los que atacaron a los venezolanos, sino que fueron estos los primeros en abrir fuego contra la protección pacífica de los convoyes, tarea a cargo de los militares colombianos y brasileños que ingresarían a territorio venezolano, que por razones humanitarias ingresaron a territorio venezolano. Lo grave es que luego esto se puede convertir en un precedente que justificará cualquier acción posterior en relación con el régimen de Nicolás Maduro, incluida la intervención militar extranjera.

Estados Unidos ahora dispone de una amplia gama de instrumentos de impacto directo para intervenir en los asuntos internos de Venezuela; los estadounidenses pueden usar cualquiera de estas herramientas en cualquier momento. Sin embargo, prefieren esperar, con la esperanza de que Nicolás Maduro será derrocado por su propia gente, en una situación desesperada, o bien que el ejército venezolano se pasará al “lado de la democracia”, o alguien del círculo interno de Nicolás Maduro lo tumbará y les hará el trabajo más fácil. Luego, Estados Unidos triunfará sobre la batalla y dirá que tal destino es el que le aguarda a todos los que cuestionen el liderazgo y supremacía estadounidense: serán destruidos por sus propios aliados.

En principio, esto es lo que ya está sucediendo: como resultado de las sanciones de los Estados Unidos y otros países que reconocieron a Juan Guaidó, Nicolás Maduro ha perdido ingresos financieros para el presupuesto nacional. ¿Cómo sacar al país de la crisis y alimentar al hambriento en tales condiciones? No está claro. Si en un futuro muy cercano, Nicolás Maduro no encuentra una vía para darle oxígeno a las finanzas venezolanas, el final de su gobierno llegará. Para los aliados de Venezuela, incluyendo a Rusia, aún si Maduro encuentra una forma de sostenerse en el poder, no deja de ser posible que los países vecinos decidan atacar militarmente a Venezuela. Pero sin el consentimiento de Washington y el suministro alguna ayuda (material, inteligencia, información política, etc.) por parte de los estadounidenses, no habrá intervención por parte de Colombia y Brasil. El período de intervención militar directa más probable es 2021, es decir, después de las elecciones presidenciales de Estados Unidos, si para entonces aún siguen en el poder los chavistas.

Bajo ciertas condiciones, Rusia puede convertirse en una proyección de Venezuela, ya que no solo las compañías y bancos rusos más grandes mantienen sus activos y cuentas en el extranjero, sino que la mayoría de la élite política posee su capital personal en el extranjero, razón por la cual resulta fundamental el estudio del precedente que se está gestando con el caso venezolano. Y, a juzgar por el Informe Kremlin de Stephen Mnuchin, los Estados Unidos conocen la ubicación exacta de estos activos y cuentas desde hace muchos años; pueden ser congeladas en el momento menos pensado. El comienzo de la división en la élite política de Rusia puede ser solo otra operación de guerra informativa, al estilo de Panama Papers. Las consecuencias de que Estados Unidos escoja un Guaidó en Rusia, siguiendo el libreto venezolano, pueden ser catastróficas. Donald Trump puede reconocer a cualquier ruso como presidente y transferirle todo el dinero de los rusos en el extranjero a este sujeto, debido a que es el “legítimo presidente interino del país”. El precedente que se está fijando es sumamente peligroso, en el marco del derecho internacional.

3. La división dentro del chavismo

Lo cierto es que Washington ha logrado algunos de sus objetivos, a pesar de que Guaidó aún no ha logrado derrocar a Maduro, dado el bajo nivel de organización de la oposición venezolana y el fracaso de sus intentos de inspirar una rebelión militar en el seno del ejército venezolano. En el transcurso de seis meses, Nicolás Maduro y los chavistas han demostrado estabilidad, lealtad y coordinación a pesar de los problemas, pero conversaciones de Oslo han dado razones para creer que ha surgido una división en la élite chavista, lo cual es precisamente lo que buscan los autores intelectuales del proceso de derrocamiento del sistema político actual en Venezuela, en función del nuevo esquema de revoluciones de color. En nuestra opinión, personalmente Nicolás Maduro y su séquito, a través de sus mediadores en las negociaciones ante Washington, exigen garantías de seguridad física, evacuación de Venezuela y preservación de sus activos dentro y fuera de venezuela.

Creemos que no todos los chavistas estarán de acuerdo con Washington. En primer lugar, un acuerdo con este país resulta extremadamente arriesgado si se toma en cuenta el antecedente de Muammar Gaddafi, y en segundo lugar, corren el riesgo de perder su poder y privilegios, a cambio de recibir algunas migajas. Estados Unidos, a lo largo de la historia, ha demostrado no ser confiable a la hora de cumplir las garantías prometidas en los procesos de negociación.

Por lo tanto, con un alto grado de certeza, podemos decir que no hay representantes del segundo chavista más influyente en Venezuela, el señor Diosdado Cabello, actual jefe de la Asamblea Nacional Constitucional, en las conversaciones en Oslo y Barbados. Su inesperada visita a Cuba el día 7 de junio de 2019, donde fue recibido con todos los honores el primer secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, Raúl Castro, y el presidente del Consejo de Estado, Miguel Díaz-Canel ha dado mucho de que hablar. Aunque oficialmente se presentó que el objetivo oficial de dicha visita fue la discusión del 25º Foro de Sao Paulo en Caracas, celebrado durante los días 25 al 28 de julio, lo cierto es que dado el contexto de los acontecimientos, es muy dudoso que este objetivo fuera el principal. Como se mencionó anteriormente, los cubanos tienen una fuerte influencia en los chavistas y, por lo tanto, es muy probable que conozcan los objetivos reales de las negociaciones.

De acuerdo con el nuevo esquema de revoluciones de colores, el principal objetivo es lograr una división dentro del liderazgo del país objetivo (Venezuela) del país agresor (Estados Unidos). Esta conclusión nos hace llegar a que hoy en día existe falta de unidad en el campo chavista, y dadas las contradicciones entre Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, él da todas las razones para creer que no hay representantes de su entorno en las conversaciones en Oslo y Barbados. Es de destacar, además, que esta conclusión es consistente con las conclusiones de algunos analistas venezolanos, quienes señalan que Cabello ha sido excluido en esta ronda de negociaciones. En este caso, es lógico que los cubanos apuesten por alguien que no esté representado en las negociaciones con la oposición, razón por la cual la candidatura de Diosdado Cabello se ve óptima, como sucesor de Maduro y nuevo representante de los intereses de Rusia y Cuba. Para Occidente, no es posible recibir a Cabello con un diplomático apretón de manos, porque este personifica el sistema chavista, y además, se sospecha que tiene conexiones con el cartel de la droga llamado Cartel de los Soles.

El agravamiento de las contradicciones dentro del liderazgo chavista le da a Trump la oportunidad de lograr el resultado esperado dentro de un marco de tiempo aceptable (lógicamente, antes de las elecciones en noviembre de 2020; sin intervención militar). Si los estadounidenses pueden obligar a Nicolás Maduro a aceptar y cooperar con la transición democrática estadounidense, entonces podrán lograr el resultado más aceptable, con riesgos y costos mínimos. Nicolás Maduro se verá privado de maniobras, ya que su negativa a negociar puede ser utilizada en su contra, y nuevas concesiones a los estadounidenses inevitablemente lo llevarán a las soluciones que Washington necesita para cercarlo. Tal resultado significa la eliminación estructural y sistemática de los chavistas, pero de la forma más sutil, que es el objetivo de Donald Trump. Por lo tanto, el presidente estadounidense actuará con cuidado y suma cautela, aunque la retórica bélica continuará en la opinión pública.

La presión sobre los chavistas durante la aplicación de la tecnología de desquebramiento del chavismo aumentará hasta que Venezuela quede bajo el control de Estados Unidos. Para los estadounidenses, es posible aumentar la presión hasta el nivel del escenario sirio, con el uso de grupos armados transnacionales como la herramienta principal para lograr el objetivo principal: eliminar el régimen no deseado del poder y tomar el control sobre el país objetivo. Sin embargo, los riesgos enumerados en el capítulo anterior hacen que tal escenario sea poco probable en el futuro previsible, pero esto no será una razón para que Washington rechace una mayor presión todavía mayor sobre Venezuela. Por el contrario, se han invertido demasiadas fuerzas y recursos en la causa de eliminación del chavismo, principalmente a nivel de formación de políticos y construcción de reputaciones, así que a estas alturas es difícil que se haga vuelta atrás. A nivel reputacional, a Estados Unidos no le conviene fracasar; si Trump retrocede y se niega a eliminar a los chavistas bajo pretextos poco convincentes, esto no pasará desapercibido para el resto mundo: la reputación de Estados Unidos como hegemón y líder moral mundial se verá socavada. Sus aliados satélites más cercanos pueden dudar de la capacidad de los Estados Unidos para asumir el papel emblemático que desde hace un tiempo le ha correspondido.

4. Desarrollos adicionales

Con base en lo anterior, se puede hacer un pronóstico: ayudar a los líderes rusos a fortalecer los acercamientos entre el chavismo y la oposición no solo es un compromiso inútil, sino hasta contraproducente si los líderes rusos tienen como objetivo preservar los recursos invertidos en Venezuela, así como el mantenimiento de sus políticas diplomáticas y militares en la región latinoamericana. La oposición dirigida por Guaidó está completamente controlada por Washington; forma parte de la política exterior estadounidense. Por lo tanto, la tarea de los opositores no es la de involucrarse con los chavistas, sino transmitirle el ultimátum de los estadounidenses.

La proximidad de las elecciones estadounidenses y la división emergente entre los chavistas sugieren que Washington se ha acercado a su objetivo de eliminar el sistema bolivariano sin intervención militar directa y la transición a la opción “siria”, ya que ambos enfoques contienen riesgos políticos inaceptables. Este es el peligro de tomar pronto el control de Venezuela por parte de Washington y lograr el resultado deseado en ausencia de costos serios. Sin embargo, los factores enumerados anteriormente revelan toda la vulnerabilidad de la posición del liderazgo estadounidense y los riesgos que se presentan.

Si los estadounidenses aún se encuentran en el proceso de crear las condiciones idóneas para que los chavistas sean removidos del poder, entonces la tarea del liderazgo ruso es estrictamente lo contrario: evitar que estas condiciones se formen. Dado que existe una alta probabilidad de una división entre los chavistas, es importante a este respecto evitar las acciones de Nicolás Maduro, cuyo resultado final implica la transferencia del poder a los representantes pro-estadounidenses, a través delanuncio de elecciones anticipadas, posiblemente con una declaración de Maduro acerca de renunciar a sus poderes, bajo cualquier protexto. En este sentido, es importante para los rusos no solo evitar las elecciones bajo el control de observadores internacionales, es decir, Washington, pero también evitar que Maduro se rinda. Maduro tiene que seguir de pie: no adelantar las elecciones presidenciales.

5. El algoritmo de Occidente

Tras recibir el apoyo de los países occidentales, el actual presidente de Venezuela, Nicolás Maduro refiriéndose a la difícil situación que se vive en el país, puede pedir a la comunidad mundial que ayude a garantizar el orden público en el marco de la preparación de futuras elecciones presidenciales. Las fuerzas armadas de la República Bolivariana, lideradas por los militares del escalón más alto del entorno del propio Nicolás Maduro, serán reforzados por unidades de Colombia y Brasil (de acuerdo con el esquema de precedente venezolano descrito). El control general se llevará a cabo desde los Estados Unidos, que tiene toda la infraestructura necesaria para este proceso. En particular, según la declaración del vicealmirante Igor Kostyukov, jefe del Estado Mayor del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas de la Federación de Rusia, Washington mantiene una importante presencia militar en la región, alrededor de 20 mil soldados en la zona de América Central y del Sur. Durante el período de amenaza, se planea aumentar este número a 40 mil, desplegados de forma penamente en América Latina. Washington tiene todo lo necesario para coordinar las actividades de las fuerzas de la coalición para garantizar los resultados electorales necesarios en Venezuela.

Como resultado, el poder y relevancia del grupo de Nicolás Maduro aumentará bruscamente, a medida que tendrá a su disposición no solo en las unidades militares bajo su control, sino también en la asistencia militar extranjera, así como los medios de comunicación y grupos políticos internacionales. Parte de los fondos de Nicolás Maduro en el extranjero se podrían desbloquear si se accede a esta opción. A su vez, esto enviará una señal a los oponentes de Maduro: si se pasan a su lado, también recibirán parte de este botín. Este incentivo es muy fuerte y puede funcionar por dos razones. La primera es la capacidad de recuperar divisas, porque los fondos acumulados en bolívares no cuestan nada debido a la hiperinflación, y el desbloqueo de cuentas les permitirá obtener dólares. El segundo es que formalmente los militares no serán atraídos por fuerzas externas, sino por uno de los grupos chavistas, lo que significa que será más fácil para los militares a nivel psicológico: no se sentirán traidores y desertores. Tal enfoque demostrará ser mucho más efectivo que los intentos de atraer al ejército venezolano, emprendidos en los últimos meses por H. Guaido y sus seguidores, quienes los atrajeron a Colombia.

Cualquier acción contra Nicolás Maduro será presentada como un intento, por parte de los grupos mafiosos más radicales, de retener el poder a toda costa. Es de destacar que, en este caso, la situación funciona para el agresor externo: cualquier insatisfacción con una situación de crisis creada artificialmente conduce a una división aún mayor dentro del liderazgo chavista, evitando así cualquier posibilidad de revertir el proceso de cambio político. Incluso si las unidades individuales y los militares se amotinan en protesta por la traición de Nicolás Maduro y su grupo, serán conducidos a esta situación. Sin duda, para los estadounidenses, un escenario similar conlleva un riesgo, porque existe la posibilidad de una guerra civil, pero en ella, un régimen no deseado comenzará de todas formas a destruirse a sí mismo. Si Washington obliga a Nicolás Maduro a cooperar con el proceso de trandición, en general se proporcionará el resultado deseado, aunque no exento de costos.

Todo lo anterior indica la necesidad, para los rusos, no solo de evitar las elecciones controladas por los Estados Unidos, sino también su anuncio oficial por parte de Nicolás Maduro, que puede traicionar el chavismo y a los intereses de China, Rusia y Cuba. Hasta que no se concreten los acuerdos y neogciaciones, los estadounidenses no harán filtraciones, como bien lo señaló Elliot Abrams, quien declaró que la única opción posible para que las negociaciones funcionen es la confidencialidad, cuando se le preguntó sobre la cuestión. Además, en cualquier momento podrá presentarlo como si no hubiera acuerdos, y los rumores sobre este tema pueden ser usados por el enemigo. Entonces, Nicolás Maduro, y solo él, puede anunciar una elección anticipada o hacer otra declaración, pero con el mismo efecto y resultado deseado por los estadounidenses. El que tiene la tarea de llamar a elecciones es Nicolás Maduro y Rusia, a toda costa, debe evitarlo.

Conclusiones

Prácticamente no hay duda de que hay una división en el liderazgo chavista, que en sí mismo requiere no solo una respuesta y orientación adecuada, sino también medidas preventivas si la tarea es mantener la influencia rusa en Venezuela y los recursos invertidos en el país. En este caso, la analogía con la situación en Ucrania en 2014 es bastante clara. Después del derrocamiento de Viktor Yanukovich durante el golpe, el nuevo gobierno no devolvió a Moscú sus préstamos con Yanukovich por un monto de 3 mil millones de doláres. Lo mismo puede suceder en Venezuela y los rusos tienen que estar alerta y prevenir el proceso de transición tutelada por Estados Unidos que actualmente está en marcha.

Dado que Occidente tomó completamente el control de su nuevo satélite, es decir, Ucrania, a esta no le interesa devolver ni un solo centavo a Rusia. En este contexto, debe tenerse en cuenta que Rusia, según diversas estimaciones, invirtió hasta 25 mil millones de dólares en Venezuela, más que los préstamos asignados a Kiev durante Yanukovich; un rango que coloca a las inversiones de Rusia en Venezuela casi a la par de las que tenemos en Ucrania. La llegada al poder de líderes pro-estadounidenses en Venezuela significaría la imposibilidad para los rusos de materializar proyectos estratégicos a largo plazo en Venezuela y obtener ganancias potenciales, así como la pérdida de influencia estratégica significativa en este país. En el caso de Venezuela, la situación será mucho peor que en Ucrania: si la influencia rusa apenas se mantiene en Kiev debido a razones de índole geográfica, económica, cultural, histórica y político-militar, el impacto del derrocamiento de Maduro, cuyo país está ubicado a una distancia de casi 9000 kilométros de Rusia, será mucho más fuerte. En Venezuela no habrán palancas de propaganda militar-política, económica o informativa para mitigar el efecto del nuevo régimen; todas estas áreas estarán bajo el control de los opositores geopolíticos de Rusia: Estados Unidos y aliados.

Además, una división entre el liderazgo bolivariano significa que hay una búsqueda activa de la forma más rentable de salir de esta situación, tanto por los clanes existentes dentro de los chavistas como por las élites venezolanas. Esto significa que el sistema de poder en Venezuela se encuentra en un estado de equilibrio inestable y cualquier decisión en el contexto de lo anterior puede desencadenar en una reacción en cadena de eventos. Para Rusia será extremadamente difícil o imposible influir con base en sus propios intereses, al menos óptimamente. Si los líderes rusos se proponen la tarea de preservar sus inversiones e influencia en la República Bolivariana de Venezuela, entonces se requiere evaluar estos factores y prevenir las elecciones anticipadas.

Finalmente, es importante tener en cuenta que el esquema híbrido para organizar un golpe de estado, implementado hoy por los Estados Unidos en Venezuela, puede proyectarse directamente a Rusia en un futuro próximo: es eficiente, universal y prácticamente no tiene grandes costos para el país agresor, ya que todos los costos de organizar un golpe de estado corren a cargo de las personas del país agredido. En Venezuela, estas son las cuentas en el extranjero del Estado Venezolano; sus empresas estatales; las cuentas y activos personales de los chavistas transferidos en Washington, hoy en manos de Guaidó.

Las cuentas extranjeras de bancos rusos y corporaciones estatales, sus activos, como Nord Stream-2, así como las cuentas personales de oligarcas y funcionarios de alto rango del gobierno ruso, pueden correr el mismo destino de Venezuela. El papel de Guaidó lo puede desempeñar, en principio, cualquier ruso. En este sentido, es importante que los rusos no permitan el desmantelamiento del liderazgo chavista en Venezuela, ya que esta tecnología puede ser usada luego para elaborar medidas que sirvan para contrarrestar las tecnologías que Occidente usará en contra de Rusia en muy poco tiempo para derrocar a Putin, sobre todo a partir de 2024. Con un gran grado de probabilidad, se espera que en Rusia se aplique esta estrategia. Se hace énfasis en lo siguiente: la pérdida de tiempo para responder a la situación en Venezuela reduce drásticamente las posibilidades de un resultado positivo. Los rusos deben reducir las posibilidades de éxito de la estrategia de los estadounidenses y mantener a Maduro en el poder. El contexto sugiere que es, Diosdado Cabello, el mejor candidato actualmente para los acercamientos entre Caracas, Moscú y La Habana.

Autor: Andrey Manoilo, Dr. en Ciencias Políticas de la Universidad Estatal de Moscú

Manoilo es experto en politología, seguridad nacional, revoluciones de colores, gestión de conflictos, guerras psicológicas, política moderna de Rusia, manejo de medios de comunicación, tecnología en guerra mediática, etcétera. Es autor de más de 170 publicaciones sobre relaciones internacionales en revistas arbitradas. Sus obras han sido traducidas en más de 12 idiomas, entre los cuales destacan: árabe, español, chino mandarín, lituano y francés. En Lituania, los trabajos de Manoilo son fundamentales en todas las academias militares.

Sus artículos son, con frecuencia, publicados en todos los portales más prestigiosos de Eurasia y el resto del mundo, incluyendo a Bloomberg, Pravda, Sputnik, News Front, RIA, InterAffairs, Life, Vesti, War Files, Meduza, Modern Diplomacy, Kommersant, Regnum, Riafan y otros.

Su página web es www.andreymanoylo.com

Traducción de Autor Vicente Quintero Príncipe

Vicente Quintero es analista cultural y político. Licenciado en Estudios Liberales de la Universidad Metropolitana de Caracas, con énfasis en la politología. Cursa actualmente un postgrado en Gobierno y Políticas Públicas. También estudió, durante 1 año, Lengua y Cultura Rusa en el Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad Politécnica Estatal de San Petersburgo (Rusia). Quintero ha sido intérprete-traductor y asesor político de periodistas y empresarios extranjeros en Venezuela. Quintero es analista del Centro Internacional Anti-Crisis de San Petersburgo, el cual publica en inglés, ruso y francés. Quintero es columnista de El Nacional Web (Venezuela), Ideas en Libertad, Cultura Colectiva (México), The Global World (España), WTC Radio (Venezuela), ProEconomia, Alternos (Venezuela), American Herald Tribune (Estados Unidos) y La Trenza (México).

Sus artículos también han sido publicados por Entorno Inteligente (Venezuela), Maduradas (Venezuela), Enlace Judío y Иносми — Россия Сегодня (Rusia). En el año 2018, ha tenido la oportunidad de presentar sus obras de arte en el Museo Alejandro Otero (Fundación de los Museos Nacionales de Venezuela). A través del arte, Quintero expresa la realidad política y económica del mundo. Quintero habla cuatro idiomas: español, inglés, ruso y alemán. Quintero ha dado entrevistas para la BBC, Россия 24, Izvestia, WTC Venezuela y otros medios nacionales e internacionales. Quintero además ha aprobado la mitad de los créditos de la Licenciatura en Psicología de la Universidad Metropolitana de Caracas, lo que le ha permitido desarrollar inteligencia emocional.

Vicente Quintero

Written by

Analista cultural-político. Filosofía de las relaciones internacionales.

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