El Huésped de Guadalupe Nettel

Guadalupe Nettel describe un mundo en el cual la cosa se apodera de Ana, en las primeras hojas podría decirse que la cosa es un estado de amargura y fastidio a la vida alegre de un infante, digamos la transición entre la infancia y la adolescencia, pero después de la muerte de diego esto cambia, la cosa es violenta y de manera oportuna se apodera de Ana. También por momentos plantea la posibilidad de que ese huésped que describe Nettel, sea las reacciones e impulsos natos de nuestro ser, aquellos que están fuera de cualquier pensamiento racional.

Poco a poco va tomando forma esta sombra que habita dentro de Ana, y cuando me atrevía a darle un adjetivo o nombre se esfumaba toda posibilidad de nombrarla.

No es hasta el final que Ana queda siga o de una forma poco clara, ella muere, el huésped queda como un espectro que pertenece a ella, y que no es un huésped sino una parte de ella. Es decir un carácter fugaz.

Mi Sinopsis del Libro.

Acabo de leer “ El Huésped” de la escritora mexicana Guadalupe Nettel, el cual narra la historia de Ana, una niña que siente como se apodera la Cosa de ella. Todo inicia cuando su hermano muere, pero no de la forma terrenal sino espiritual, en la cual “la cosa” se apodera de él, semanas antes de la muerte terrenal de Diego, ella nota una marca extraña en el brazo de su hermano menor, la cual captura para la recuerdoteca, un espacio dedicado a momentos que no son simbólicos sino emiten una importancia poco clara para su vida. Después de esto ella siente un miedo entrañable por lo ciegos, puesto que ellos perciben el mundo de otra manera con forme pasa el tiempo y a medida de que ella crece, siente interés por ellos, y sin ninguna acción certera entra a trabajar en un instituto para ciegos por una movimiento natural.

La cosa ha quedado en estado pasivo. Y la acción se desarrolla en base a Cacho un maestro astuto a los tejes y manejes de la vida subterránea. De forma muy distante entre cruza palabras con Ana, la cual se encuentra en vigilia a conocer el mundo de los ciegos, en su afán por entenderlos estudia braille, y descubre que la cicatriz de Diego aquella que almacena en la recuerdoteca componen su nombre, pero al revés. El nombre de la Cosa es Ana y sabe que sigue asilada en alguna parte de su ser.

Cacho logra que se filtre de forma paulatina a Ana al mundo subterráneo, un lugar en los recovecos del metro del Distrito Federal que le permite sumergirse en la posibilidad de encontrar respuestas a su doble personalidad.

Ahí conoce a Marisol una persona cercana a Cacho, pero no tan cercana como para nombrarla, su compañera o mucho menos su novia. En el trascurso conoce a Madero, un viejo mañoso e inteligente que vive de las limosnas y que conoce las calles mejor que los videntes.

Madero le tiene cierta confianza a Ana, a pesar de no pertenecer al mudo de los ciegos ni los limosneros. Así, de una manera organiza ella logra ganarse la confianza de Cacho la cual la invita a ser cómplice de una broma.

La lleva hasta las cloacas del metro en donde están varias personas y una gran montaña de mierda, ellos hacen bolas de mierda y las introducen en sobres, que serán repartidos en los paquetes electorales de las elecciones del siguiente día.

Todo con ayuda de Marisol y muchas manos sucias. La aventura de Ana se convierte en el paso que ara emerger a la cosa, cuando atrapan a Marisol un par de judiciales; Ana debe de abandonarla para poder salvarse, siente como la culpa la carcome. La inhumanidad del vacío en las calles del Distrito Federal la sitúan en un limbo, en el cual puede observar la indiferencia y el laberinto auto diseñado por cada persona para encontrar y esquivar los problemas o circunstancias. Nada de esto le atañe a ser parte de un movimiento de pertenencia. Esto es ocupar un espacio dentro de las calles, no se puede puesto que están diseñadas para hacer mover a las personas que deambulan de forma afantasmada.

Cacho busca a Ana, ella no quiere ni se siente obligada a dar ninguna explicación a Cacho, pero la culpa la hace hablar. En una serie de oraciones poco sintácticas le explica que ella no es ella y que el huésped esta ocupando más espacio del que debería en su cuerpo.

El Cacho ríe y le insinúa que esta loca le indica que valla a una dirección en un lugar y día específicos. Durante esos días Ana deambula por el sub suelo, su visión paulatinamente se va perdiendo y su sentido para leer braille se agudiza, llega el viernes, un día nublado. Ana llega a la casa de Cacho un lugar pequeño pero limpio, acogedor ella queda sorprendida al ver que su vida no es la de un limosnero.

Cacho presume y le indica que valla a la cocina. Al mirar ella queda absorta y con coraje le pregunta que quien ha pintado la cocina. Cacho no responde y se limita a pedirle que prepara té. Ella nuevamente pregunta, pero en el fondo sabe quien las pinto. ¿ha sido Marisol quien pinto la cocina? Cacho asienta con un movimiento, Ana entiende cuanto quería a Cacho al darle un trato preferencial y ofrecerle un espacio limpio y particular a un indigente, cuando todos los demás dormían en los andenes de metro. La lluvia comienza a llenar los charcos, ella deja de reflexionar y mira al Cacho. El le dice que han encontrado a Marisol sin un hueso unido a otro hueso, que incluso le fue difícil reconocerla por la cantidad de moretones, Ana nuevamente mira los girasoles pintados en la estantería de los platos. Y por primera vez extiende un llanto, un llanto ajeno a ella, a cacho y a la cosa. En su frenesí queda tendida en el suelo, cacho la resguarda, y al despertar se percata del cuidado que le ha dado el indigente que le incomodaba en el instituto. Es tiempo de marcharse, pero ella siente la necesidad de abrir el nudo de su pantalón y sentir la cicatriz de su pierda fantasma. Después de ello Cacho toma Ana. Por la mañana Ana sigue en la casa de él, pero sin sabor sin felicidad ni culpa, sin dolor, ni angustia, camina sale de aquel lugar limpio y bien iluminado. Entre en la boca de metro y siente una tranquilidad indescriptible la cual la hace entender que debe de marcharse.