Economía colaborativa: El siguiente paso para el desarrollo de las sociedades

Hace algunos meses terminé la lectura de un libro muy interesante escrito por Lisa Gansky, “La malla” o en inglés “The Mesh”, el cual habla de la nueva economía del compartir o de consumo colaborativo.

Creo que contiene muy buena información y ejemplos acerca de lo que está sucediendo con esta nueva ola de prácticas empresariales que han llevado a empresas como Uber o Airbnb a generar disrupciones, crecer exponencialmente y consolidarse en muchos países.

La economía colaborativa es aquella en donde el beneficio para sus usuarios radica en no poseer, sino en hacer uso de los bienes que otros consumidores tienen y acceden a compartir obteniendo algún ingreso por ello.

Este tipo de consumo se ve potenciado por el crecimiento de los sistemas de comunicación, mensajería y redes sociales a través de los cuales los contactos se hacen de una forma más rápida, permitiendo ofrecer bienes y servicios a los usuarios en el mismo momento en que los necesitan.

Hay algunos ejemplos interesantes y no precisamente de empresas. Uno de estos es una persona que compra un taladro y, si no es una persona que se dedique a la construcción o a la carpintería, es posible que use ese taladro alrededor de 10 veces en toda su vida. Quizás más, quizás menos, pero no es un artículo que tenga una amplia demanda en un hogar común y corriente.

Entonces ¿qué pasa con ese taladro? Que se queda en la bodega o dentro de algún clóset o colgado en la pared de un garage por años. Quizá 20 o 30 años sin ser utilizado y posiblemente heredado a las siguientes generaciones quienes también lo utilizarán unas cuantas veces, para volver a guardarlo por otros tantos años más.

¿Pero qué pasa en la economía colaborativa? ¿Qué pasa si esta persona que compró el taladro y casi no lo usa, lo empieza a prestar o a rentar a otros usuarios que en lugar de comprar un taladro para ellos, solo utilizan la herramienta pagando solo el tiempo que lo requieren? ¿Qué pasa si el dueño del taladro pone un letrero en su casa que dice: “Se renta taladro por 50 pesos la hora — sujeto a disponibilidad y con previo aviso — , envíe su solicitud vía Whatsapp”? Seguramente habrá gente en el vecindario que le escriba en el momento en que deban colgar un par de cuadros y en lugar de ir al Home Depot más cercano a comprar un taladro de entre 500 y 2,000 pesos, prefieren gastar 50 o 100 pesos por solo hacer unos cuantos arreglos o reparaciones a la casa. Es probable que hasta las personas que no habían pensado en usar un taladro, al ver el letrero, empiecen a identificar qué necesidades tienen dentro de sus propios hogares puedan quedar resueltas por menos de 100 pesos.

Sin duda, el dueño del taladro recuperaría su inversión en poco tiempo y estaría en condiciones de seguir rentando la herramienta. E incluso, pensando qué otras cosas no utiliza y pueda rentar, como el auto que tiene estacionado todo el día en el garage, o el microondas que solo utiliza para calentar agua para café, o la lavadora que usa solo dos veces por semana, o el espacio vacío en el refrigerador, o las cuentas adicionales que tiene gratis en Netflix, o las líneas adicionales que puede conectar a su módem de WiFi, o las raquetas de tenis que hace tiempo no utiliza, o los libros que ya leyó, o los DVDs de películas que ya vio, o los CDs de música que ya escuchó…

…pero…

…un momento…

¿Dije DVDs y CDs? ¿Video y audio?

¿No es algo que está penalizado como piratería?

Este es un punto que viene a mi mente en este momento. La propiedad intelectual. Si está penalizado el hecho de compartir música o películas — y hay una delgada línea al hacerlo vía redes P2P (Peer-to-Peer)— porque en teoría son activos digitales que están protegidos por las leyes autorales, entonces… ¿por qué sí podemos compartir un taladro? El taladro también es un invento de alguien, en este caso, se le atribuye al australiano Arthur James Arnot, quien lo patentó en 1889. Y si tiene la patente y hay empresas como Black & Decker que también — por las mismas innovaciones y mejoras — tienen patentes (por cierto, Black & Decker en 1916 presentó su primera patente para un ½" taladro eléctrico sin cable con empuñadura de pistola y gatillo. Esta innovación transformó una herramienta antes fija en una portátil y fue el primer paso para la industria de la herramienta eléctrica actual), ¿no estamos infringiendo la ley al hacer uso de una herramienta que alguien más compró, pero que no es dueño de las patentes y al mismo tiempo lucra?

Tal vez suena raro, pero considero que la economía colaborativa abre nuevas oportunidades para nuevos negocios. Estoy totalmente a favor de la apertura. Estoy totalmente a favor de compartir. Creo en el software abierto. Creo en que al compartir estamos obteniendo beneficios como individuos y como sociedad. La apertura y el acto de compartir son los pilares de Wikipedia, de GNU/Linux, del mismo Uber y de Airbnb.

Al hacer que las innovaciones estén cada vez en manos de más personas tenemos mejores oportunidades de desarrollo como sociedad, haciendo por una parte que el consumo sea más responsable, eficiente y sostenible.

Al compartir hacemos que todo sea más sencillo. Es la base de Internet: colaborar, compartir y comunicar. Elementos que nos hacen más democráticos y creativos como sociedad. Don Tapscott lo define como “Apertura Radical”, que promete la más importante transformación de la sociedad hasta el momento en la historia de la humanidad.

Al colaborar nos damos cuenta de que podemos crear en conjunto. Esto es el principio de las grandes civilizaciones. El trabajo en conjunto buscando un mismo objetivo. Al compartir logramos transmitir lo mejor de nosotros, ser solidarios y aprender de los que más conocen y enseñar a los que saben menos que nosotros. Al comunicar ejercitamos la función básica que nos separa de otras especies y nos permite difundir y cotejar nuestros pensamientos y reflexiones.

La economía colaborativa avanza. Cada vez está más presente en más sectores. Nuestra tarea es encontrar la forma de integrarla a nuestras actividades de una forma efectiva y pensar en todos los activos que tenemos y que podemos compartir con otros, a cambio de dinero o de información. Está en nuestras manos desarrollar nuevos y disruptivos modelos de negocio. Tenemos que hacerlo hoy… mañana podría ser demasiado tarde. La competencia es salvaje y feroz. Y todos los días despiertan buscando lo mismo que nosotros.

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Víctor Ruiz es editor y periodista, fundador del sistema de inteligencia de negocios conocido como Silikn.