La velocidad

Las nuevas generaciones, como han crecido en un entorno digital, esperan velocidad. Ellos están acostumbrados a respuestas instantáneas, 24 horas, los 7 días de la semana. Las respuestas de Google a sus preguntas las obtienen en nanosegundos, por lo tanto, ellos asumen que todos en el mundo responderán con la misma rapidez. Cada mensaje instantáneo debe recibir una respuesta igualmente rápida. También esperan recibir el producto que han comprado en cuestión de días. Las empresas que les solucionan con rapidez sus dudas son recomendadas y consideradas como confiables.

La velocidad nos invade. Desde el “fast food” hasta los medios digitales. Pero ¿la velocidad hace que no tengamos tiempo para nada? ¿Nos estamos volviendo adictos a la velocidad? ¿La obsesión por la velocidad viene del dicho “tiempo es dinero”?

Hoy, incluso, es una forma de competencia. Competencia entre personas, empresas, naciones, todo esto está cambiando nuestra vida. Ahora parece ser que lo importante no es hacer las cosas bien, sino rápido e ir corrigiendo en el camino. Y esto puede representar una ventaja competitiva, aunque hay que saber que vivir rápido también tiene un costo.

Si la productividad en las empresas depende del factor tiempo ¿habría que acelerar nuestras vidas? ¿Se puede obtener más del estándar de 24 horas que tenemos? Hay estudio que mencionan que es posible “extender” el tiempo si hacemos varias cosas a la vez, es decir, si podemos acostumbrarnos a ser multi-tareas. El hecho de ser multi-tareas es fácil en algunas actividades, digamos, podemos correr y escuchar música al mismo tiempo, sin problema alguno; hay personas que pueden desayunar mientras conducen hacia sus trabajos; también hay personas que pueden ver un programa de TV, mientras lo van “twitteando” en tiempo real.

Pero ¿podemos utilizar esta capacidad multi-tareas para ser más productivos? ¿Es posible que podamos hacer dos o más cosas relacionadas con nuestro trabajo y que queden exactamente como esperamos? A veces tenemos prisa, pero no sabemos de qué estamos corriendo.

No obstante, la velocidad también nos ha ayudado a resolver situaciones derivadas de la globalización. Ahora podemos responder mensajes instantáneamente, si tenemos a la mano nuestros teléfonos inteligentes. Podemos ayudar a otros en tiempo real. Las empresas pueden aprovechar la velocidad para ser más dinámicas, más ágiles. La velocidad ayuda a las organizaciones — y a las personas — a adaptarse a los cambios en poco tiempo.

Porque constantemente perseguimos nuevas formas de producir, de comunicarnos y transportarnos. Cada vez a una mayor velocidad. Cada vez más eficientemente. Porque no podemos hacer que todo vaya más lento. Estamos atrapados en el vértigo de un mundo en constante cambio. Lo que sí podemos hacer, es utilizar esa velocidad a nuestro favor y hacer que cada día sea aprovechado. Al hacer uso de la velocidad como herramienta, podemos diseñar formas nuevas de trabajar y apoyarnos en la colaboración masiva, la comunicación y encontrar nuevas formas de compartir. La productividad no había tenido mejor aliado. Pero si no logramos entender la velocidad, entonces corremos el riesgo de ser arrastrados por lo que comúnmente se le conoce como progreso. Está en nuestras manos. No por mucho tiempo, pero ahora está en nuestras manos.