Llegar sin un “Hola”. Alejarse sin un “Adiós”

Nacer y aprender, dos simples pasos que me dió mi madre desde el dia que vi la luz, nacer incluso después de estar vivo, porque el saber nos regala aquella vivencia que tenemos de aprender, de nuestros aciertos y errores, de victorias y derrotas.

Uno de mis nacimientos fue el día que la ví. Días en los que creía no vería más luces despues de tantos túneles dejados atrás. Pero con la sola presencia de su mirada era suficiente para despertarme cada mañana y, desde el silencio del espectador en una obra la observaba cual pelicula a la que asistes sin expectativas y te encuentras con la favorita a ganar todos los premios, incluso aquellas categorías que ella misma se creó para sí, ví el nacimiento una vez más, uno el cual nunca habia tenido hasta entonces, el nacimiento de amar.

Empecé a aprender de ella, como era, creyendo que iba a ser otra de simples dramatizaciones e ilusiones fugaces que se escapan al pasar un año, y que de aquellos dias quedarían meros recuerdos vagabundos, pero no tarde en darme ceunta que llegaba para quedarse, entrando a mi vida como si fuera su casa.

Llegó, sin decir «hola», por simple aleatoridad del destino, y mi sistema detuvo todo su funcionamiento para enfocarse en aquél dia hasta el presente. Quizás para ella el recuerdo no exista, pero yo lo poseo impregnado en mi cabeza. Así descubrí sentimientos que tenía ocultos, fantasmas sin rumbo que descubrían un mapa para encontrar vida. Sin embargo aquél mapa presentaba imperfecciones, fruto de la inexperiencia en amar, y pronto descubrí el miedo, miedo a no encontra la «X» que me hiciera llegar hasta ella. El miedo me consumía como a los fantasmas, y tarde en descubrir que quién les había facilitado el mapa era ella, desde una manera sutil, casi imperceptible, y asi entre en un limbo de si lo correcto era seguir mi intuición y ser valiente siguiendo las instrucciones que ella me iba dejando o dejar que el miedo me consumiera al no saber, de igual manera, si llegaría al tesoro.

El paso del tiempo se hacia notar, el mapa empezaba a mostrar signos de vejez, y vi como me empezaba a alejar de ella, sin siquiera pensarlo. Mis acciones estaban llenas de dudas, cada paso era tortura, y mi búsqueda del tesoro me la habia complicado yo solo. Y las indicaciones del mapa desaparecian. Aquellas toma de decisiones erradas las llevo conmigo en cada sueño de cada noche, donde trato de mejorar mis acciones, de elegir otros caminos, de responder de otras maneras, teniendo ahora el conocimiento de lo que en aquel momento no conocía como el nombre de amor, para sonreír, sólo en mi habitación, sabiendo que cada dia está un poco más lejos, sabiendo que el fuego el cual pudimos tener alguna vez no encenderá.

Y asi se alejó sin decir «Adiós». Mintiéndonos a ambos en cada mensaje espontáneo o encuentro afortunado, recordando lo que alguna vez fue, y dejando que aquel sentimiento mantenga vivo pero en estado crítico lo que somos ahora. Engañandonos como los adultos al creer que sus hijos no observan los problemas, nos reimos sabiendo el pasado, sabiendo que la culpa de estar como estamos sea solo mía.

Aquí pongo de manifiesto mis equivocaciones, pero sobretodo le doy a ella las gracias. Porque me devolvió la vida con su llegada, me hizo reir como nunca reí, me hizo ver el mundo con una paleta de colores distinta a la que estaba acostumbrado, me hizo oír sonidos extraños a mi naturaleza, y me hizo sentir alguien especial en el mundo.

Para ella le deseo suerte, la cual no necesita, porque está llena de vida, vida la cual comparte con su presencia, incluso desde la lejanía.

A ella le digo: No pierdas tu fuego, y que siempre la tendré presente como el primer día, el dia que me hizo nacer.