Regalos que conservamos

Y no, no hablo de esos los cuales recibimos, de aquellos quienes muestran su afecto hacia nosotros, los cuales mantemos por tiempos indefinidos, en algún estante, en alguna mesita de luz, en las llaves las cuales pesan en nuestros bolsillos por el peso agregado de llaveros, en esas repetidas veces que sacamos dinero de aquella billetera o cartera que alguna vez nos faltó, en nosotros mismos, con alguna cadena o reloj, o con una carta escrita por el mejor autor.

No, hablo de esos regalos los cuales nunca llegan, los que no enviamos.

En esos momentos, donde se presentan circunstancias fortuitas, que nos atacan de improviso, nos modifican, nos alteran el día a día, modifican nuestros planes, nuestra actividad, nuestra conducta, nuestras relaciones, esos momentos transforman a un regalo, el cual contenía en el objeto material un mensaje que va más allá (porque con un obsequio tenemos infinidad de mensajes «te extrañé, durante el viaje te recordé, lo siento, felicidades, te quiero» son algunos de ellos, lo que importa no es lo que regalamos, lo material, sino el mensaje, el significado, los sentimientos que transmitimos através de ellos), en algo que nos enfrascamos en ocultar, en esconder a nuestros ojos y recuerdos.

Y ese mensaje, ese mensaje materializado en un presente, es el que guardamos para nosotros.

Y aquel presente se convierte en pasado, nos recuerda de lo que no entregamos, del trabajo a medio hacer, nos recuerda de los tiempos que fueron, de el porqué está con nosotros y no con su receptor. Y por eso tendemos a desecharlo, a alguien más, solo para librarnos de él, o quizas pensemos que nadie más lo merece, o nadie descifraría el mensaje que contiene, y lo desechamos finalmente a la basura, a un lugar donde no pertenece.

Porque, ese pasado, nos recuerda también lo importante que era el destinatario, la razón de porqué ibamos a entregarlo, los buenos momentos de lo que alguna vez fue presente. Aquél mensaje, el motivo, permanece ahi, con vida, y resulta ilógico desechar algo lo cual contiene nuestro sello y el sello de quien iba a recibirlo.

Las situaciones son cambiantes, nunca dejan de serlo, pero dar demuestra que estamos presentes, y nuestra presencia estará en aquello que damos, y nos recordarán por lo que dimos, y esto no es mas que la totalidad de la relación, simbolizada en un regalo. Por más que las situaciones estén como un camino sinuoso, y pensemos que no es el momento oportuno, no retrocedamos, podemos cambiar todo entregando un mensaje puro en algo que parece simple pero es más que eso, quien hace un regalo lo sabe.

No mantengamos un regalo el cual una vez ya sabemos quién lo recibirá, no nos pertenece, hagamos que llegue a destino, que el mensaje aterrice, y recibamos la respuesta que todos hacen, pero que nos agrada y nos hace felices, porque al fin y al cabo, nunca es mentira: «no debiste, gracias».