Equipo Kilo: diario de a bordo número 6.

En estos días he visto muchas cosas que seguramente no voy a olvidar. Sobre todo muchos locos, pero de los buenos.

He visto una familia de sirios que hicieron de su haima un mini-hogar en el que somos bienvenidos todas las noches a cenar alguna receta especial o tomar té. He visto una niña de 3 años jugar a patinar sobre unas piedras y después decirme como cualquier otra cosa: look my friend! here is my mum, no baba (papa) bum bum Siria. Y seguir patinando como si nada.

He visto a gente que ha intentado cruzar a Macedonia andando durante 5 días hasta unas 15 veces. He estado en un campo en el que había 25 personas porque ayer se fueron todos a la frontera, y otro en el que habia más de mil.

También cientos de afganos durmiendo en edificios abandonados en mitad de la ciudad. Un hombre que podría ser mi padre me ha pedido por favor un par de calcetines, los perdió en el último intento. Una madre preocupada me ha suplicado un termómetro.

Estuvimos en un hotel lleno de refugiados en el que pasan los días después de ser operados.

Nadie me ha mirado mal, nadie me pidió dinero o me dijo que le llevase a cualquier parte. No.

Pero también he podido ver cómo un riojano se ha cruzado media Europa en dos días para traer un coche lleno de medicamentos, y como otros voluntarios llevan aquí meses dejando a un lado todo lo demás. Vi como una valenciana se volvía loca para que 12 niños pudieran ir a la escuela griega, una mamá local la ayudó a costa de que otros padres de niños griegos le dejaran de hablar por hacerlo. He visto a un argentino que se dedica a comprar todos los días verdura fresca de mercado y llevarla a los campos. También un furgón de correos alemán transformado en una especie de farmacia-ambulancia que reparte todo lo que se les pida.

El mundo puede parecer una mierda, pero mientras este lleno de locos buenos, todavia no estamos perdidos.

Berta

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