El punto de conflicto en una historia

Foto de @vicovin

El conflicto no siempre te toma por sorpresa. A todos nos ha pasado alguna vez tener que irnos dejando algo sin resolver. Muchas veces el quilombo lo tenés delante tuyo desde la primera escena. Toma uno, acción. En tu puta cara.

Sin embargo esperas que la historia tome otro camino. Porque vaya, tal vez no te han contado todo. Oye, que puede suceder. Entonces sigues ahí en la primera escena, pero algo te hace entrecerrar los ojos porque no funciona. Y sabés que no es falta de confianza, todo lo contrario. Es tener la intuición calibrada incluso con el ritmo de las pestañas. En esa escena el personaje principal te cuenta cómo ve el mundo, algún deseo o una herida antigua mientras, por ejemplo, camina por la calle Covarrubias con su mejor amiga.

Cuando tenía 14 años mis amigas y yo nos pasábamos las tardes aprendiendo las letras de los lentos de Guns N’ Roses y Metallica. Las letras nos hablaban, nos identificábamos con el momento en que habían sido escritas. Nos sentíamos especiales porque nosotras sí imaginábamos la historia completa. ¡Había alguien por ahí a quien le habían escrito esos versos! Soñábamos con que algún día, quien sabe cuándo, nos dedicaran una canción entera.

Nunca he sido de aquellas que esperan a que las cosas sucedan, así que elegí un cuaderno y empecé a escribir. No sé para qué escribía, solo sé que quería dedicarle algo. Finalmente, como nada me gustaba, agarré y le compré un disco. Quedamos los dos un día para encontrarnos en una plaza a las 4 de la tarde. Y tengo el recuerdo de verle llegar con un papel en la mano.

Podría escribir que no me lo dio y la historia va por un camino, podría hacer hincapié en que escribir me salvó o contar que mis amigas estaban espiando detrás de un árbol. O que todo junto es cierto. El punto es que a todos nos ha pasado alguna vez tener que irnos dejando algo sin resolver.

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