Elige bien lo que cuentas. También cuando diseñas

Christianshavns Kanal, Copenhagen 2016. Foto @vicovin

Apoyó de forma tan brusca el paquete sobre la mesa que se abrió solo. Quedó en evidencia el brazo entero que venía envuelto en papel de diario. Con la palma de la mano hacia arriba, colgando un poco del borde del escritorio, vimos por primera vez ese color inhumano gris violáceo.

La clase de biología ese día fue interrumpida cuando un señor entró a dejar un paquete: “Para la doctora” -balbuceó.

— “Déjelo aquí mismo, por favor, lo llevaré más tarde al laboratorio” -respondió la profe delante de todos.

Especializada en biología genética, no dejaba nada librado al azar ni siquiera su pelo llegaba distraído por la mañana. Sus clases además de exigentes, y llenas de sorpresas de este calibre, tenían un grado de realidad contundente. Resulta evidente porque aprender anatomía humana con un brazo no es igual a hacerlo a través de un dibujo. Ese día la acribillamos a preguntas.

No faltó el día que entró a clase diciendo: “Saquen una hoja. Hoy prueba escrita.” La consigna fue: “Soy una gota de agua que entro en tu cuerpo ¿Qué me sucede?”. Imposible copiarse porque la historia de la gota empieza ya con una bifurcación: eliges el camino del hidrógeno o del oxígeno. De ahí cientos de túneles por donde ir, transformaciones, combinaciones con otros elementos que habías ingerido en el desayuno. Podías marcarte un Julio Verne si se te daba bien. Hubo quienes se fueron por el sistema respiratorio, por el digestivo, el circulatorio y los que se quedaron con la boca abierta repitiendo “Saquen una… ¿qué?”.

Para ella el imperio de cosas imposibles no existía. Dudo sobre si alguna vez se habrá quedado sin palabras.

— “Para todo hay una explicación, tenés que saber hacer la pregunta.” -nos repitió hasta el cansancio (nuestro).

Durante mi proceso creativo siempre vienen a visitarme algunos profesores. Por algún motivo, también pasan cadáveres, está claro. Hoy charlando con la profe de biología, deja caer la frase “No llenes la hoja, la curiosidad se posa justo en eso que no muestras”.

Y a las pruebas me remito, porque aquel día de clase ella vio una mera extremidad, mientras que mis compañeros y yo, todos vimos una persona muerta a la que le faltaba un brazo.