¿De dónde salen las ideas?

Victoria Santiso
Sep 7, 2018 · 3 min read

Cuando tenía 12 años escribí mi primer cuento. Lo escribí en una libretita muy pequeña y lo recuerdo vagamente pero sé que se trataba de un pájaro al que dejaban libre. Tampoco sé por qué escribí ese cuento pero escribirlo me hizo sentir algo nuevo. Y me pregunté ¿cómo había podido hacerlo? Si nadie me había enseñado. Ok, me basé en todo lo que había leído hasta ese momento, pero el proceso que hizo mi cerebro al crear esa historia era un misterio.

Cuando comencé mi carrera en Publicidad como redactora, volvió a pasar, imágenes, palabras que pasaban volando, personas hablando, eso es más o menos lo que siento que pasa allá arriba cada vez que estoy pensando una idea. Algo parecido a soñar pero con los ojos abiertos (mirada fija en algún punto, sin estar mirándolo en realidad). Y pasa a toda velocidad, pero de alguna manera puedo interpretarlo, tomar lo bueno y descartar lo que no sirve. En Publicidad pude domesticar levemente este proceso de generación de ideas. Mi mentor en aquella época me explicó que primero había que pensar un concepto que se podía definir en una frase, y que de ese concepto iban a salir las ideas. Ahora esa locura empezaba a tener algo de disciplina. También descubrí que el cerebro funciona mejor si se lo alimenta de experiencias. Así que empecé a ver películas, un amigo cinéfilo me hizo una lista con 37 películas que tenía que ver sí o sí, muchas de las cuales se habían estrenado antes de mi fecha de nacimiento. Y así fue como mi cerebro comenzó a comer más sano. La naranja mecánica. El ciudadano Kane, El Padrino, las de Woody Allen (obvio)y todas las películas independientes que se iban estrenando en el cine. Me propuse evitar las películas pochocleras, era parte de la nueva dieta. En la tele aplicaba la misma regla, contenido de calidad o un libro o a dormir. La nueva dieta estaba dando resultado, me sentía inspirada. Era un esfuerzo, era mucho más cómodo mirar algo totalmente digerido, el cerebro es vago, la neurociencia no se cansa de repetirlo.

Así, el proceso de pensar ideas, esa demencia que pasa en el cerebro y que está pasando justo ahora mientras escribo, tenía nuevo material para inspirarse y se lo notaba feliz, más canchero. También descubrí en esa época que estar al tanto de las ideas que ya existían, era muy importante para evitar (sin querer) repetirlas. Puede pasar que en la otra punta del planeta a alguien se le ocurra lo mismo que a vos. Por eso las primeras ideas solían ser descartadas. Lo ideal (descubrí) era adentrarme, sumergirme en lo más profundo de mi cerebro y descubrir esas ideas que estaban escondidas. A veces el esfuerzo suele generarme dolor de cabeza, pero siempre vale la pena. Uno nunca se arrepiente de pensar ideas.

Hoy uso el mismo proceso, y estoy más adiestrada. Aún en los bloqueos, suelo salir ilesa. Si una idea no está saliendo entablo una breve conversación con mi cerebro, lo calmo, le doy ánimo y arranco de nuevo. Porque yo sé, que puede hacerlo, bueno, puedo hacerlo. Sé que las ideas están ahí esperándome y que el camino para encontrarlas es duro, duele, cansa pero cuando aparece una de ellas ¡wow! todo ese esfuerzo empieza a valer la pena.

Entonces ¿de dónde salen las ideas? Dicen que del hemisferio derecho, pero, yo te lo quería contar de otra manera.

Victoria Santiso

Written by

Copywriter/Storyteller Buenos Aires, Argentina