Adiós 2016, el año en el que seguimos aquí

3 Reflexiones sobre un año intenso

Se va, se fue el 2016, y si estás leyendo esto es porque eres uno de los sobrevivientes, no queda más que dar gracias, ¿cierto? Así que si bien puede ser de lamentarse mucho de lo que pasó en este 2016, ha sido un año que nos deja grandes lecciones para ver hacia adentro y salir fortalecidos, más responsables y listos para enfrentar lo que se ve que viene en el 2017.

Reflexión 1: 2016, (“Worst Year. Ever?)

Año de sorpresas intensas, como los increíbles e inesperados Brexit y el triunfo de Trump, como tanta violencia que pareciera distante en Aleppo, Orlando, Niza, Israel y Bruselas, por mencionar solo algunas de las más, digamos, llamativas, y por supuesto un año que se llevó a David Bowie, a Juan Gabriel, a Prince, a Leonard Cohen, y para acabarla de joder, en la última semana del año a Carrie Fisher y a George Michael, entre tantos otros famosos y no tan famosos cuyas respectivas partidas algunos hasta lloramos. Se fueron también Shimon Peres y Fidel Castro, ambos sumamente influyentes en la configuración de la historia reciente. También sobrevivimos a gobernadores y políticos corruptos que drenaron estados enteros y vamos a recibir el 2017 con un gasolinazo y aquí estamos, enteritos aunque pareciera que, al menos aquí en México nos agachamos por el jabón adelante del negro de whatsapp que no perdió oportunidad de dejar corto, en toda la extensión de la palabra, al violador de Papantla. Sobrevivimos y no hay duda de que nos sobrepondremos a lo que viene.

Ha habido años peores en la historia, aunque claro no nos tocó vivirlos, y hoy que se acaba este año bien vale preguntarnos ¿Es el año o somos nosotros? Después de todo ¿de quién es la experiencia que no sucede sino sólo para nosotros, testigos y actores? y para muestra simplemente Facebook que ha visto cómo nos hemos sorprendido, enojado y llorado con todos los acontecimientos que nos sacudieron en este 2016. ¿sí o no? Suena obvio y hasta pareciera estúpido, pero entonces si somos actores por qué refugiarnos en el papel de víctimas, bueno quizá tú no pero en general. El 2016 tan sólo nos mostró con fuerza un imperativo llamado a elevar la conciencia. Pasaron demasiadas cosas que nos sacudieron. Por ahí los cabalistas dicen que hay dos caminos para elevar la conciencia, uno es proactivamente buscar transformar el ego, el otro es inevitablemente el sufrimiento.

Reflexión 2: El Mensaje de los que se Fueron, Famosos o No

¿Por qué nos pegaron tanto esas muertes de los famosos? Un artículo de opinión de The Guardian anota que nos pegaron tanto porque nos dan un pretexto para sentir pena y dolor. Lo que veo es que sin duda nos confrontan con la más dura e inescapable de las realidades: La inminencia y la negación de la muerte.

Por un lado creo que nos ayudaron a reflexionar sobre ello mucho más de lo que lo hicieron Siria y otros conflictos para los que tenemos la suerte de no estar ahí.

Este 2016, y pareciera que para prestarle atención tuvo que llevarse a tantos famosos en el mismo año, pues pareciera que no era suficiente que en solo 3 meses de bombardeos de Rusia en Aleppo, Siria, se registraron más de 4 mil 700 civiles muertos. La cosa está que arde en Siria, literalmente, aunque la mayoría no lo sentimos tan cerca como sí sentimos a Juan Gabriel o a George Michael, Prince, Bowie, Cohen o a cualquiera de los que se fueron, ya que independientemente de los gustos de cada quien, son personas que nos llegaron al corazón y al alma. Así que quién puede culparnos por llorar más a Juanga que a los bombardeos de un lugar al que la mayoría no hemos nisiquiera visitado.

Me parece que un llamado obligado es a intentar sentir el dolor del mundo, y no estoy invitando al sadomasoquismo mediático, pero sí a la aceptación de un hecho que no desaparece con tan sólo negarlo, y que necesita ser reconocido para ser erradicado: El caos en el mundo existe y sí podemos hacer algo al respecto: Elevar nuestra conciencia y realmente trabajar en esa máxima de amar al prójimo como a uno mismo que es sin duda una salida real a toda la maraña que en este 2016 que se va estuvo sacudiendo al mundo de formas insospechadas.

Mientras no tomemos responsabilidad real por elevar nuestra conciencia y esforzarnos por amar realmente al prójimo como a uno mismo, atreviéndonos a descubrir y entender lo que eso implica, la muerte seguirá siendo una realidad, aunque otra realidad es posible. Sí, la inmortalidad es posible, acabar con el dolor, el caos y el sufrimiento está en nuestras manos y también es posible. Hace unos años parecería impensable, ahora por ahí ya algunos científicos ven a la inmortalidad como una realidad y por ahí uno de los teóricos de la singularidad habla de que esa realidad puede ser patente en 20 años, o bien desde una perspectiva más científica el inmunólogo Carlos Martínez Alonso contó en en entrevista a El País, en mayo de 2016, cómo si bien no morir jamás es aún un sueño, la ciencia ya no lo ve como una quimera.

Hay un trabajo espiritual que tenemos qué hacer todos y eso no tiene qué ver con ninguna religión, secta, ni nada parecido, tiene qué ver con lo humano, tiene qué ver con despertar la conciencia de amarnos los unos a los otros, no es fácil pero tampoco es imposible y esto implica tomar responsabilidad de todo lo que pasa en el mundo, y si hubiera una masa crítica haciendo eso en el mundo, Aleppo, ISIS, la pobreza extrema, la inseguridad y demás males que aquejan a la humanidad no existirían, aunque suene absurdo y se vea todavía como un sueño.

Reflexión 3: Brexit, Trump, la post verdad y las esperanzas falsas

Las encuestas y expectativas se desplomaron. Entramos en la era de la post verdad, o aquella era en la que “los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública, que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal.” Resulta que lo importante no es lo que la gente dice que va a hacer -o lo que los expertos piensan que va a hacer-, sino lo que de hecho hará, y no sólo él sino sus amigos a quienes logre convencer. Así vimos fenómenos como Brexit, pacificación y perdón en Colombia, y bueno, Trump, en los que el miedo, el rencor y el egoísmo se impusieron y sorprendieron al resto del mundo que no hizo nada para hacer la diferencia, pues simplemente pensó que no podía hacer la diferencia.

Todos podemos hacer la diferencia aunque no hayamos estado registrados para votar en ninguno de esos dos países. Es cierto, los progresistas pudieron haber hecho mejor su trabajo, salir a votar y incluso el equipo de campaña de Hilary, por ejemplo, pudo haber hecho algo mejor, pero eso no es el punto, lo importante es lo que tú, yo y cada uno pudimos hacer diferente ante cada una de esas circunstancias que afectan al mundo entero. No es que yo no vivo nisiquiera en Estados Unidos ni en el Reino Unido, cierto, pero si a toda acción corresponde una reacción de igual o mayor intensidad, así que se trata de lo que hicimos o no hicimos para sumar a la autoestima colectiva de México, que sin duda hubiera dado otro balance energético a la campaña de la opositora progresista del derechista xenófobo y retrógrada de Trump. Aunque no lo creas es cierto. El cambio no tiene qué ver con el afuera, sino con lo que cada uno logramos cambiar dentro.

Por otro lado qué hicimos para abonar a la unidad y a la solidaridad y a la fraternidad , ya no digamos internaciones, sino con nuestros vecinos, en nuestra colonia, que de alguna manera son los valores que están detrás de la Unión Europea y que pudieron haber dado fuerza y voluntad a las personas que no salieron a votar por el Brexit, dejando el camino libre a los egoístas que votaron por el no, sin importarles las consecuencias. Lo que hacemos unos nos afecta a todos en todos los rincones del planeta, pues somos una sola conciencia, aunque suene difícil de creer.

Y no se trata de ir allá, aquí en esta latitud, qué hicimos realmente para mejorar las condiciones que nos separan, como la lacerante y cada vez más pronunciada desigualdad entre los que tienen menos y los que tienen más, para crear empleos, para tú proporcionarlos, para unir a los políticos, para alzar no sólo la voz sino también para realizar las acciones para lograr algo en contra de un marco institucional podrido que promueve, solapa y oculta la corrupción. Volvemos a lo mismo, la negación del problema es la que hace que se perpetúe.

Ya se ha anotado a propósito de estos temas aquella frase de Einstein “El mundo es un lugar peligroso. No por causa de los que hacen el mal, sino por aquellos que no hacen nada por evitarlo.” Para muestra, sobran casos en la historia, pero este 2016 vaya que nos dejó boquiabiertos con lo que vimos. Bienvenidos a la post verdad, damas y caballeros. Todos queremos cambios ante las realidades que nos presenta, pero el antídoto para hacer de este 2017 un año mejor será sin duda que estemos dispuestos a cambiar cada uno, y con eso, tengamos la certeza, cambiaremos al mundo.

¡Feliz, próspero y pacífico 2017!