Dejar de Sobornarnos
El Ser o No Ser del Ciudadano Latinoamericano

Los ciudadanos de los países latinoamericanos nos hemos venido sobornando a nosotros mismos por siglos. En vez de buscar nuestro verdadero potencial, nuestra autenticidad y nuestra realización nos hemos sometido a líderes malos y peores, pensando ilusamente que son entes externos quienes nos librarían de la miseria, o que nos ayudarían a conquistar nuestros sueños o, en algunos casos, a mantener los privilegios.
El Soborno que pagamos a nuestro ego
El monólogo de Shakespeare en Hamlet, “ser o no ser” muestra -podemos interpretar- el dilema de la duda ante sí mismo. Ser auténticos o ser farsantes, he ahí el dilema, y ese ha sido un dilema presente en los países latinoamericanos. Crear con autenticidad endémica o importar modelos y paquetes de Europa y Estados Unidos.
Entonces la pregunta es simple ¿Ser imitador, importador de “verdades”? O ser auténtico y fiel a uno mismo? Auténtico a la voz interna. Nah, nos hemos sobornado pensando que afuera están los remedios a nuestros males y que en otros están las culpas de nuestras carencias. Hemos construido esa realidad y así la hemos perpetuado por tantos años que pareciera que ya nos la creímos.
Un soborno es “cualquier cosa que mueve o incita a complacer a otro”, si estamos hablando del engaño a nosotros mismos, entonces el soborno lo pagamos a nuestro propio ego, conformándonos con menos. y no es casualidad que una sociedad con tantos auto engañados sea también una sociedad con altos índices de corrupción. Damos regalos al ego y lo hacemos de diversas maneras.
El principal soborno a nuestro ego tiene qué ver con no ser auténticos. Con pretender imitar o traer de afuera a algo o alguien en quien, nos engañamos, sí podríamos confiar. Alguien que nos ayude, en vez de ayudarnos a nosotros mismos siendo auténticos.
Nos sobornamos también cumpliendo la forma y desatendiendo al fondo. Pensando que importa más lo que parece que lo que es. Importan más los indicadores impecables, aunque la realidad esté mostrando dolor humano en sus calles y en sus periódicos y noticieros.
Nos sobornamos aparentando que todo está bien para “quedar bien”. Gastando lo que no se tiene y endeudándonos en tarjetas de crédito para poder ostentar un modo de vida superior a las posibilidades reales.
Nos sobornamos haciendo algo que no nos gusta pero que paga las cuentas. Trabajando en donde podemos que nos pagan, haciendo lo que no necesariamente nos apasiona pero que nos saca del paso.
Pero una de las peores formas en las que nos sobornamos es echando la culpa a otros de nuestros males, en vez de tomar responsabilidad por el caos que vemos, no solo en la vida propia, sino en todo el país, y más aún en el mundo entero.
Somos expertos en echarle la culpa a los gobiernos, a Estados Unidos, a la colonia, a los conquistadores, al crimen, a los políticos corruptos, a los vecinos y a quien podamos.
Esto suena absurdo pero lo hacemos con frecuencia. Y este simple hecho hace que no podamos resolver los problemas. Es como cuando rompes la dieta o no haces lo que habías dicho que ibas a hacer y le echas la culpa al pastel y al cocinero.
Ser auténticos implica tomar responsabilidad del caos que vemos en Latinoamérica y el mundo, significa confiar en nuestro potencial y buscar hacer lo que nos hace felices sin echar culpas a nada ni a nadie externos. Ser auténticos significa dejar de imitar, dejar de mentirnos, dejar de tratar de ser un granito de Europa o un anhelo de closet de ser como Estados Unidos.
“Andamos como andamos porque somos como somos”, anota el misterioso filósofo de Güémez. El problema es que nos engañamos pensando que si la culpa es de otros, entonces son los otros los que tendrían que cambiar y no uno, y si más de 629 millones de personas que habitamos el continente piensan lo mismo, pues el panorama no se ve muy bonito, ¿o tú qué opinas?
