Victor Villarreal Cabello
Nov 2 · 3 min read

No hay que dejar, nunca más, que un café se enfríe

Mi paraguas estorbaba y mojaba todo a su paso dejando gotas como un camino de hormigas. El charco se volvió hormiguero cuando me senté y lo puse alado de mi silla.

La mesera te mira feo, aunque llevabas un traje café puesto. Quizá tu olor a cigarrillo ha molestado a los comensales. Tu cabello mojado con una mezcla de sudor escurre por tu cara y te secas con un pañuelo rojo. La mesera se acerca a ti.

El hombre le entrega una carta mientras le pide un café (americano, aclara de forma fuerte y tenaz) aún con el bochorno que generan las primeras gotas de una tormenta no se quita el saco café.

La carta más o menos dice así:

“Querida desconocida concurrida, mi intención no es quejarme por el café amargo, sin consistencia y con alta acidez que me has servido la ves pasada, mucho menos para reclamarte los gramos de menos que me diste de café en grano, y no se diga de quejarme del traje que me arruinaste la vez pasada. Me entusiasma saber que ahora estas con Perfume de Aleli, ella es realmente especial y siempre quiso hacer esto de estar con una niña igual que ella (bonita, poéticamente correcta, política y económica -mente estables), ahora que te tiene seguro no sabe qué hacer contigo.

Tu cafetería es una proeza de la maestría y aun así te gusta hacerme el feo cuando vengo por café a este lugar, no tendría que venir si tu café no fuera tan bueno, y menos si tuviera un fiel café veracruzano cerca. Pero hablemos de ella, seguro te mira bonito, la vuelven loca tus tatuajes, el sonido de las canciones de The weekend la excitan y sus prendas han de ser cada vez más oscuras o color vino; hace años que no la veo y estoy seguro que aún me la sé de memoria, no como tú ahora que te la sabes de ocasión, sólo quiero darte unos consejos. Cuando probé mi café el otro día había una burbuja inusual flotando, uno aprende a leer tazas de café cuando se bebe más de diez mil en la vida, seguro fue un gargajo que se te ocurrió aventarle a mi café; también quisiera recordarte aquella vez que me diste una tasa con tu labial en los bordes, mire tus labios y tu maquillaje anaranjado y coincidían con los de la tacita manchada.

Le gusta sentirse protegida en las calles, caminar segura con alguien más alto la empodera y la hace ver más burguesa de lo que ya es, aunque su familia cuenta con grandes capitales monetarios, en términos marxistas, ella cuenta con un gran capital espiritual, intelectual y estético, por favor no lo desperdicies en sexo, pero tampoco dejes que se enfríe. El café sabe tan bueno aquí, que sería una lástima dejar de concurrirlo por mal entendidos y comenzar a migrar a otras cafeterías, tampoco te caería mal ser un poco más amable, suelo darte el 16% de lo que consumo, no es mucho ni es poco, para un universitario/estudihambre es suficiente. Hay una sola cosa que quisiera pedirte, no la lastimes, ella es bastante inteligente, pero a veces explota, tiene más metas que amigos y más ganas de vivir desde que tiene 8 años, le gusta que le lleven flores, que la tomen de la mano en Coyoacán, que le reciten poemas al oído (aunque sea los nerudianos), ya no le regales Azucenas o las vulgarmente conocidas como “lilis”, regale rosas rojas, tulipanes u otras flores menos melancólicas. Me gustaría no volver a esta cafetería, y probablemente no lo vuelva a hacer, mandaré a amigos por café sin que sepas que soy yo, porque el café es excelente, pero tus modos no son azúcar ni endulzante natural, ahora quiero pedirte otra sóla cosa: no hay que dejar, nunca más, que un café se enfríe.”

    Victor Villarreal Cabello

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    Joven estudiante de Relaciones Internacionales en la UNAM