A más peligro, más placer

La hipoxia cerebral es lo que ocurre cuando el oxígeno no llega correctamente al cerebro. Lo mismo sucede cuando el cerebro se ve privado de flujo sanguíneo. Esto, debido a las endorfinas que se liberan, induce a un estado semi-alucinógeno.

Pregunta: ¿Qué pasa si cobinamos la hipoxia con un orgasmo?

Antes de continuar, una aclaración. Los juegos sexuales de este tipo son peligrosos. Creo que no son para todo el mundo. La mayoría no debería practicarlos. Quienes quieran hacerlo, que no se sientan instigados por este blog. Y a hacerlo con mucho cuidado.

Ahora sigamos…

Si se combina la falta de oxigenación al cerebro con un orgasmo la sensación que se obtiene es insuperable. Muchos creen que es un rush superior al que te causa la cocaina.

Este tipo de juego sexual se puede practicar tanto solo como acompañado.

De la asfixia autoerótica se ha escrito mucho, dado los casos de algunos famosos que han muerto mientras la practicaban. Quizás el más conocido es el caso de David Carradine, el tipo que hacía de Kung Fu. Normalmente, se la practica con cinturones o bufandas. Algunos se cuelgan es sitaciones que son muy parecidas a una ejecución por ahorcamiento. Más sofisticadamente, hay máscaras BDSM que permiten un corte controlado del flujo de aire.

Pero mucho más divertido es hacerlo de a dos. Y no sé qué es mejor, si hacerlo o que te lo hagan. Porque el placer sexual que otorga tener a tu hembra agarrada del cuello, cada vez más fuerte, mientras la vas llevando al orgasmo, es indescriptible. Es la sensación de poder absoluto, de estar con alguien que se ha entregado por completo a su amante y al goce.

Las mujeres que lo practican justamente gustan de eso: de la sensación de entrega psicológica, sexual y física; del control ejercido sobre ellas, y de lo que el mismo produce en sus cuerpos y en sus mentes.

Sin embargo, también que te lo hagan es soberbio.

Las mujeres normalmente son de manos pequeñas por lo que conviene que usen un cinto o una bufanda. Aunque lo mejor es una bolsa o un máscara que restrinja por completo el acceso de aire.

El problema con todos estos métodos es que mediatizan el acto de asfixiar al otro y lo vuelven un poco más peligroso. Por otro lado, el hecho de aplicar una fuerza directa sobre el cuello de tu amante puede producirle severos daños, y hasta la muerte.

Prefiero la privación de oxígeno a través del uso de una bolsa o máscara. Pero de nuevo hay que decir que todos son métodos peligrosos.

Los franceses llaman al orgasmo “la petite mort” (la pequeña muerte). Y sin dudas hay mucho de verdad en ese mote. Eros y Tánatos, las pulsiones de amor y de muerte, no se oponen sino que se acompañan. No hay una sin la otra. El orgasmo combinado con los juegos de asfixia es la mejor muestra de ello.

¿Acaso hay una mejor muerte que en los brazos de tu amante?

Indudablemente, la asfixiofilia es una práctica fascinante y se vincula a lo más hondo de la psiquis humana. Se trata de Eros y Tánatos en acción conjunta, elevando el placer sexual a un punto tal que nos lleva a estar dispuestos a pagar el último precio por perseguirlo. La búsqueda de más, de transgredir los límites, de trascender todas las barreras, de sentir el poder sobre tu amante, de ir juntos en busca del máximo placer.

A su vez, el sexo tiene mucho de poder. Para un hombre, es verdaderamente excitante alcanzar sobre una mujer semejante nivel de dominación. Hay toda una serie de prácticas, que algunos equivocadamente llaman fetichistas, que en realidad se vinculan al ejercicio de poder entre macho y hembra.

Los juegos de asfixia combinan las pulsiones y fuerzas más profundas de nuestra condición humana. Son una manera de navegar mucho más allá de pobre horizonte de la sexualidad convencional y alcanzar los extremos… con todo el peligro que ello implica.

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