Macho es el que probó y…

Sabrina y Agustín eran muy amigos. Compartían secretos, confesiones, deseos… Se conocían hacía ya mucho tiempo. La confianza entre ellos era muy grande. Podrían haber sido una muy linda pareja si no fuera por un detalle: Agustín era gay. Y yo era el novio de Sabrina.

Sabri y Agustín pasaban mucho tiempo juntos. A veces, mi novia pasaba más tiempo con él que conmigo. Sin embargo, los tres no solíamos estar mucho juntos. Sólo en contadas oportunidades.

Sabrina era muy buena en la cama. Una verdadera diosa. Y una degenerada total. Siempre con una fantasía nueva que estaba gustosa de cumplir.

Varias veces deslizó la idea de que siempre fantaseó con ver dos tipos cogiendo. Más aún, que le gustaría que su pareja se coja a un tipo con ella mirando. La verdad que la idea nunca me pareció demasiado atractiva y la evité de la manera más elegante que pude las veces que apareció.

Sin embargo, la presión no sólo fue aumentando sino que ya había un “candidato”. Según Sabrina, Agustín estaba muy caliente conmigo y se lo había confesado. La confesión no hizo más que aumentar las ganas de ella por concretar su fantasía, ahora con más motivos. Su novio con su amigo gay. En su mente perversa no se podía pedir más.

Como decía, las sugerencias en favor de la idea aumentaban cada vez más. Argumentos en favor de la misma, promesas de placer futuro a cambio de acceder y hasta amenazas de no aceptar.

Si algo saben las mujeres es como ser persuasivas. De un no rotundo pasé a quizás, y eso fue lo que ella necesitó.

Una noche me llevó a su casa cuando salí del trabajo. De a poco me hizo beber y fumar por demás. Utilizó todos los trucos que le conocía, y algunos que no conocía, para calentarme más que una pava. Por supuesto, lo logró. Era una loba.

En un momento me sentó en el sofá y me besó todo el cuerpo. Me sacó la camisa y me bajó los pantalones. Y de una manera casi imperceptible me vendó los ojos. Todo continuó como venía, sólo que yo ya no veía.

En un momento empiezo a sentir como me la chupan. Es una sensación muy placentera. Es casi como tener una aspiradora allá abajo. Todo va bien hasta que en mi intoxicación de placer sexual y sustancias ingeridas previamente detecto que mi novia me habla mientras que al mismo tiempo ¿ella? me chupa la pija. Entonces empiezo a escuchar lo que ella me dice: “dejate llevar, la vamos a pasar bien los tres”.

En ese momento todo se me clarificó. Podría haberme levantado de golpe y terminar todo. Fue lo primero que me vino a la mente, por supuesto. Pero la verdad que la estaba pasando bien. Estaba totalmente al palo, mi novia me acariciaba y me estaban haciendo el pete del siglo.

Finalmente me saqué la venda que cubría mis ojos y pude ver la escena que me rodeaba. Mi novia, al lado mío, completamente desnuda acariciándome y mordiéndome las tetillas. Abajo, arrodillado, Agustín sobándome con ganas.

Admito que fue un poco chocante verlo ahí. Aunque también tengo que admitir que le daba con ganas y lo hacía bien. Combinaba muy bien lo que hacía con la boca y los movimientos de su mano al pajearme.

Tras unos instantes, me decidí y tomé su cabeza con una de mis manos. Él detuvo su movimiento casi imperceptiblemente y alzó la mirada. Nuestros ojos se contactaron por menos de un segundo. Esa mirada dijo mucho.

A todo esto, Sabrina se levantó y salió de escena brevemente para volver con su vibrador en una mano y lubricante íntimo en la otra. Lo miró a Agustín y le dijo: “putito mío, ahora te van a romper el orto”. El pibe se puso de pie y tomó el lubricante. Su figura era esbelta. Estaba completamente depilado. Más adelante comprobaría que la depilación era efectivamente de todo el cuerpo. Su pija estaba parada y chorreando. Tenía un miembro de un buen tamaño. Probablemente ese era el aspecto más masculino de su figura y de su personalidad. Su cuerpo era en extremo flaco, casi frágil. Su modo de ser era increíblemente amanerado y su voz muy femenina (seguro que un poco impostada).

Mi novia me ayudó a incorporarme a mí y cuando acabé de hacerlo me besó con pasión mientras su mano se fue directo a mi pija. Me empezó a pajear despacio mientras me decía lo caliente que estaba. Me agradeció lo que estaba haciendo y me pidió que le rompa el culo sin piedad.

Cuando mi vista se fue hacia Agustín, él ya estaba en el sofá. Sus rodillas sobre el asiento mientras que sus manos estaban apoyadas en el respaldar. Tomó el lubricante y comenzó a pasárselo. Cuando terminó lo dejó al lado suyo y quedó en una posición inclinado a la espera de pija. Mi novia ya había sacado un forro de su cartera y me lo ponía con cuidado. Al terminar, tomó el lubricante y lo pasó por mi pija ya cubierta con el preservativo.

Muchas dudas asaltaron mi cabeza… La situación del todo no me cerraba en ese momento y empecé a sentir que podría empezar a perder la erección. Mi cara debe haber sido bastante expresiva porque mi novia se me acercó, comenzó a pellizcar mis tetillas con una mano y a apretar mis huevos con la otra. Me dijo: “quiero que hagas esto por mí. Es una de mis mayores fantasías. Vas a acabar bien, te lo aseguro”.

La erección volvió a su plenitud y era hora de hacer lo que me pedían. Agustín hasta el momento no había emitido casi palabra alguna. Me puse detrás de él con Sabrina al lado mío en un estado de éxtasis. Tomé mi pija por la base y comencé a introducir la cabeza en el culo de él. Pequeños movimientos suyos iban ayudando en el proceso. Intenté hacerlo lo más despacio posible, para que su cola se vaya acostumbrando a la penetración. Sabrina ahora estaba detrás mío, me tenía tomadas las dos tetillas mientras miraba por sobre mi hombro cómo iba el proceso. En mi oreja decía que quería que se la meta hasta el fondo. Finalmente ese momento llegó. Yo ya tenía a Agustín tomado por la cintura y mi movimiento de penetración llegó hasta el punto de que mis huevos ya llegaban a su cuerpo.

En ese preciso instante, Sabri se sentó cerca nuestro en el sofá con su consolador en mano y empezó a pasarlo sobre su clítoris mientras contemplaba la escena. Verla así me calentó muchísimo y también tengo que admitir que el culo del pibe me apretaba la pija y se sentía bien. Observaba también ese cuerpo depilado y delgado y no era algo que, en ese momento, me produjera rechazo. Sus gemidos tampoco me desagradaban. Lentamente empecé el movimiento y sus gemidos aumentaron y palabras empezaron a salir de su boca. “Sí”, “dale”, “así”, “me gusta”, “ay” se escuchaban más y más. Sabrina también decía lo suyo: “me encanta verlos”, “rompele el orto”.

Me dio mucho morbo verme desde afuera, por así decirlo. Mi novia, casi a mis pies, masturbándose como una perra en celo. Penetrado por mí, un tipo debilucho, totalmente a mi merced pidiendo más. En tal situación tenía a mi novia completamente perdida en la situación y a un igual sometido a los requerimientos de mi miembro. Era un momento de mucho poder sobre ambos y me encantaba que fuera así.

La situación me empezó a gustar aún más cuando los primeros cosquilleos se empezaron a notar en la cabeza de mi pija. Aceleré los movimientos y la respuesta fue la lógica: la sensación de que el orgasmo se aproximaba. Mirando a la nuca del pendejo dije anuncié que estaba por acabar. Agustín contestó: “acabame todo” mientras que Sabri intensificaba su masturbación son el vibrador, que la llevaría al orgasmo en pocos segundos.

La eyaculación tardó más de lo que creía. Diría que los últimos minuto y medio o dos minutos le dí al pibe sin asco. Muy duro y hasta el fondo. Quería alcanzar el orgasmo que sentía tan cerca y quería darle duro. En un momento sentí la explosión mientras decía fuerte “acabo”. Fue un buen orgasmo. Sabrina miraba mis últimos movimientos entrando y saliendo con cara de total satisfacción. A la fantasía cumplida se sumaba en su caso el haber tenido ella un poderoso orgasmo un par de minutos antes mientras nos miraba usando su consolador.

Lo más raro vino después. Apenas me había sacado el forro le dije a Agustín: “vení que ahora vas a acabar vos”. No me pregunten de dónde vino ese impulso. No lo supe en ese momento ni lo sé ahora. Lo hice sentar en el sofá y se la agarré con mi mano derecha. Tener la pija de otro hombre en la mano es una experiencia muy extraña. Es todo más o menos como la tuya pero se siente de una manera completamente distinta. Su pija estaba mojada pero igualmente le pedí a Sabrina que le pase un poco de lubricante. Juro que ella, por un segundo, no supo como reaccionar y la invadió el asombro. Pero luego se prendió en el juego y tiró lubricante en la cabeza de la pija de Agustín mientras miraba con ojos encendidos.

Le hice la paja con ganas. Sabrina comenzó a usar nuevamente el consolador mientras contemplaba la escena con calentura. Agustín parecía encantado. Su pija estaba completamente al palo y eventualmente empecé a sentir la tensión en el cuerpo que antecede al orgasmo. Me miró y me dijo con voz muy baja: “voy a acabar”. Obviamente la estimulación que yo la había hecho para que su próstata influyó en que su orgasmo fuera cuantioso. Sus ojos se pusieron casi blancos mientras lanzaba su leche. Mucha de la misma terminó en mi mano. No me importó. Lo terminé de pajear hasta que salió la última gota y lo solté.

Me incorporé y me fui a lavar. Regresé al sofá para buscar mi ropa, me vestí y me fui sin decir nada. Casi no hablamos del tema con Sabrina. Las pocas menciones tuvieron que ver con las promesas que ella me había hecho si accedía. Nuestra vida siguió y mis contactos con Agustín que ya eran mínimos se redujeron aún más hasta la nada misma.

Lo que hice lo gocé. Aunque no sé si lo volvería a hacer, no me arrepiento.

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